sábado, octubre 31, 2009

Amor Humano, Amor Divino...

En un conocido relato del Evangelio de Lucas (Lucas 7:35-50), una mujer anónima considerada como “pecadora” llega sin invitación a una reunión en honor de Jesús y procede, envuelta en lágrimas, a untar con un precioso aceite los pies del maestro. Este relato da lugar a la confusión que siempre ha existido entre María Magdalena y María de Betania. En su libro La Mujer del Vaso de Alabastro, Margaret Starbird propone sobre María Magdalena que Magdala no es realmente un lugar sino un apelativo aplicado a María que significa en hebreo “torre” o “elevada, grande, magnífica”. Sería entonces una manera de llamarla “María La Grande”, término de gran respeto que le sería meritorio por ser de hecho reconocida en el círculo interno de los discípulos de Jesús como su amada inmortal.

Definitivamente que el acto descrito por Lucas no puede verse solamente como el de una mujer penitente, sino que debe observarse en él la riqueza simbólica y ritual entre dos almas que se aman y que están prontas a ser separadas por la muerte. Esta María es más que una devota piadosa, se trata de la amada del Maestro, quizás su esposa.

Las reflexiones sobre este relato son interesantes y nos confrontan con algunas de las actitudes y estructuras condicionadas que generalmente son las que se ocultan detrás de la forma en que entendemos la teología y sobre todo, el amor. ¿Cómo nos sentiríamos ante la posibilidad de que Jesús hubiera tenido un amor humano? ¿Nos haría esto sentir incómodos? ¿Por qué?

Las respuestas son muy reveladoras: “Si Jesús hubiera tenido relaciones con una mujer entonces no hubiera podido ser un hombre libre de pecado.” “Si Jesús hubiera amado a alguien en particular, no hubiera podido amarnos a todos imparcialmente.” “¿Cómo podría ser el Hijo de Dios si no se hubiera entregado por completo a Dios?” En consenso, si Jesús hubiera conocido el amor erótico, esto lo hubiera descalificado de ser el redentor al no poder ser el vehículo del amor eterno.

Lógicamente se entiende que lo que tenemos son suposiciones que han sido establecidas después de casi dos milenios, que nada tienen que ver con la fe ni con la verdad, ni mucho menos con afirmaciones que se puedan atribuir al mismo Jesús. Es complicada la historia de la imposición del celibato pero ahora más que nunca se tiene una noción más seria de ello gracias a los estudios históricos. Se sabe que hasta el siglo IV existía una pronunciada tendencia en la iglesia de considerar a Cristo y sus apóstoles a través del prototipo del celibato sacerdotal, posición que contrastaba enormemente con las circunstancias matrimoniales que rodeaban al judaísmo de los primeros siglos. Entre los factores que intervienen en esta concepción tenemos primero la influencia del ascetismo sirio del segundo siglo que interpretaba la denominación de Jesús de “Ihidaya”, “El Singular”, como refiriéndose a un estado de celibato en lugar de interpretarse como un estado de unificación del Ser, una Individuación. En segundo lugar, el creciente descontento con la intimidad conyugal que empieza a desarrollarse con San Pablo y crece con la influencia de pensadores como Marción, Tatian, Orígenes, Jerónimo y Agustín. Ya para el siglo cuarto encontramos edictos que prohíben a los sacerdotes casados tener relaciones con sus esposas. Poco después el celibato se convierte en un requerimiento para ser admitidos en la ya poderosa estructura de la iglesia católica romana. Aunque en la iglesia ortodoxa se continúan aceptando sacerdotes casados, los obispos, figuras principales en el círculo de poder, son elegidos solamente entre aquellos que han ofrecido sus votos al celibato.

Durante 1600 años, hasta la aparición del protestantismo, la teología mística y espiritual cristiana fue escrita, formulada, replanteada y explicada exclusivamente por célibes, emergiendo entonces esa imagen de Cristo que esta tradición inculcaría: aquella del célibe cuya pureza “sin pecado” requería una estricta abstinencia sexual.

Considerado el acto sexual como pecado de la carne, aún el acto entre marido y mujer, este acertijo retrasa el reconocimiento oficial de la iglesia del matrimonio como un sacramento hasta el año 1150. Fue necesario un considerable manipuleo teológico para resolver este asunto de cómo un acto sacramental podía también envolver el pecado de la carne.

La experiencia de estas reflexiones sobre todo en congregaciones episcopales es interesante pues arroja una serie de propuestas –mitos o creencias- que se encuentran muy firmemente arraigadas y que en su conjunto constituyen el principal obstáculo a nuestra posibilidad de ver el amor erótico como una auténtico camino a la transformación espiritual.

1. El celibato es el principal significado de entregarse completamente a Dios.

Es una propuesta que domina la retórica del sacerdocio y que nace, como la mayoría de la enseñanza sexual en la iglesia, de la conocida advertencia de San Pablo, “El soltero tiene cuidado de las cosas que son del Señor, su finalidad es agradar al Señor. Pero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, su fin es agradar a su esposa, y tiene una mente dividida” (1 Cor. 7:32-33). Quizás desde el punto de vista logístico Pablo tiene razón en el sentido de que la compañía hace del discipulado una labor más complicada. Pero desde la perspectiva teológica sorprende el atrevimiento pues sugiere en primer lugar que el amor de corazón a Dios no puede coincidir con el amor de corazón a otro ser humano, siendo que según la proposición mientras el amor por otro ser humano aumenta, el amor por Dios entonces disminuye proporcionalmente. No solo es esto teológicamente equivocado sino que va en total contradicción con el mandamiento de Jesús que dice: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat 22:37-39). Más allá de estos comentarios quizás la explicación es de orden estrictamente esotérico. Pablo sabe que solamente el “unificado”, llamado soltero, puede agradar al Señor. No así aquel que está separado, el que vive en la dualidad, y que por consiguiente solamente agrada al mundo.

Quizás la solución a este aparente koan radica en la comprensión de que no es posible amar a Dios como a un objeto. Dios es siempre el ser del amor, la fuente de donde emerge. Así, el “amor de Dios” no es exactamente una amor entre otros amores, no es el amor por “Uno” a quien el decir “si” requiere decir “no” a otros. Por el contrario Dios es el Ser Omnipresente que desata y sostiene mi posibilidad de darme por completo a esta experiencia de la vida en todas sus infinitas particularidades incluyendo la del amor humano.

Dios, el Ser, es la divina dádiva, que fluye a través de nuestras expresiones humanas para manifestar el amor en toda su totalidad. Así, en la medida en que nos damos de lleno a El, nos daremos de lleno a nosotros mismos.

2. El amor divide el corazón.

La noción de que el amor erótico divide el corazón está tan fuertemente enraizada en la formación espiritual monástica que la renunciación se convierte no solo en la acción imperativa sino que se adopta como una oportunidad espiritual, esto es, la ruta directa a la totalidad espiritual.

La teología de la auto-unificación a través de la renunciación es tanto la piedra angular de la práctica espiritual monástica que nadie se atrevería a hablar en contra de ella. Aún así la duda permanece: ¿divide el amor al corazón? Si Dios es considerado como el objeto del amor de alguien que compite contra otros por ese amor entonces la premisa es correcta, efectivamente el amor divide el corazón. Pero si Dios es el ser mismo del amor, de ahí de donde el amor emerge entonces se podría afirmar, como lo han hecho los místicos, los amantes y los poetas, que el amor no divide el corazón, por el contrario es la única fuerza capaz de unificarlo. Lo que divide el corazón no es el amor de la relación sino las pasiones: el lado sombrío que siempre está presente en la relación. Sin embargo, esto no debería ser motivo para la renunciación, sino para la purificación.

Sobre todo en la práctica monástica es imprescindible entender la necesidad de la unidad, expresada en el término mismo del monje, el monachós, aquel que se ha convertido en Uno, que ha alcanzado la Unidad y por consiguiente es un Solitario.

3. Eros y Agape son dos tipos diferentes de amor.

La tradición de clasificar el amor en tipos diferentes se remonta hasta Platón. El misticismo monástico se basó siempre en la estrategia de transformar a eros en agape. Uno de los principales argumentos para esta proposición proviene de la teología protestante en donde se estructura toda una diferenciación entre la impureza del amor erótico en contraste con el amor divino, negándole al primero cualquier valor en el camino espiritual. De esta manera es difícil escapar a las implicaciones de que si alguien sigue el camino del amor por su pareja seguirá siempre un sendero inferior en el desarrollo espiritual.

Pero el gran secreto del amor erótico es que agape es en esencia deseo transfigurado. No existen dos tipos de amor, uno basado en agape y otro basado en eros. Más bien tenemos que existe un momento en el natural desdoblamiento de eros en que la gran intensidad del deseo por fundirse con el amado se vuelve hacia fuera liberando la presión de la única manera posible: a través de la entrega absoluta y de la necesidad de vaciarse a sí mismo. Esta es la purificación que los verdaderos amantes experimentan y que transforma el plomo del deseo en el oro de la compasión. Por la misteriosa alquimia de eros en sí mismo, el “recibir” se transforma de una manera inconsútil en el “dar”.

En este camino entonces, en contraste con los modelos monásticos de transformación, no hay necesidad de renunciar al amor humano y de redirigir a eros hacia Dios, sino más bien permitir que el amor continúe su curso. Agape, o el amor consciente, no es el amor neutralizado por el deseo, sino deseo completamente transformado y purificado a través de la práctica conciente de buscar en todas las cosas el sacrificio de la vida personal en beneficio del otro.

4. El celibato es un estado de gran pureza.

Generalmente se interpretan las tradiciones orientales, donde la práctica del celibato se origina y donde se practica como un poderoso medio para la transformación espiritual, como una manera de conservar y concentrar el prana, la energía vital que permite esa transformación. En palabras de un sabio hindú “Prana es la preciosa reserva del buscador. Cualquier actividad sensual o experiencia sensual consume una gran cantidad de prana… La más grande meta en la vida humana, el logro espiritual, requiere el máximo de energía pránica en todos los niveles.”

Desde este punto de vista, el celibato podría entenderse como una manera de conservar las energías naturales. “Un río quizás no tenga mucho poder en sí mismo. Pero si se le concentra y se conservan sus aguas posee entonces la fuerza, apropiadamente canalizado, para mover grandes turbinas”.

En el más antiguo y poderoso entendimiento de la práctica, el celibato pertenece a aquellas prácticas espirituales que se clasificarían como enstáticas –aquellas que tienen que ver con la colección, conservación y concentración. El lado más positivo de ellas es una claridad significativamente mayor –una relativa liberación del agitado y pasional consumo de energía- que produce una mayor capacidad de estar presente a una más elevada comunicación espiritual.

Por la misma razón de ser este un proceso de acumulación solamente, es su lado negativo la avaricia, la sutil tendencia a mantenerse o preservarse a sí mismo, que podría producir una tendencia a la auto importancia y una sutil adquisición de lo espiritual, cuya verdadera intención se revela a través de la frase “logro espiritual”. ¿Cuál “yo”, alguien podría preguntarse, es este “yo” que obtiene los logros?

En contraste, el camino que el Cristo parece indicarnos a través del modelo de su vida, y particularmente de su muerte, no es exactamente de una acumulación sino de un completo darse, vaciarse, sacrificarse. Su energía pránica se ofrece en el altar del sacrificio, en la sagrada cruz. Este sagrado momento que simboliza lo más importante de la fe cristiana, es el momento seminal de donde todo emerge, se convierte en un amor extático, más que enstático –un amor de completa entrega. En contraste con la claridad, se convierte esta experiencia en la arquetípica imagen de la pureza, la más completa entrega del corazón.

El Camino del Cristo

El problema más serio del celibato como modelo de transformación espiritual es el hecho de que estos modelos se hallan fuera de sitio con respecto al camino de transformación que el Cristo enseñara. Estos parecen adulterar la esencia misma de la energía que el Cristo parece indicarnos, concentrándose en las prácticas ascéticas y de abstinencia de Juan el Bautista más que el radical abandono y la transmutación de las pasiones en una completa entrega de sí que enseñaba Jesús.

En este sentido el sendero del amor erótico parece ser más congruente con la verdadera disposición interna que Jesús enseñó y, por consiguiente, un camino más auténtico y fuerte para realizar sus enseñanzas. Es más probable que alguien pueda atravesar por esa transformación espiritual del corazón con su amado o amada hasta el fin, que a través de la renunciación y de la auto protección aún cuando sea por la más noble de las causas.

Lamentablemente en el cristianismo contemporáneo no se permite reconocer esta realidad. La hegemonía del celibato espiritual, mientras se trata de inculcar la necesidad de los valores del matrimonio, se ha manejado en base a una serie de suposiciones que en realidad tratan de limitar esos valores y negar la posibilidad de entender nuestra propia vida amorosa como un auténtico camino de transformación espiritual. Todo esto basado en la suposición de que Jesús mismo era célibe y que manifestaba este estilo de vida como el más importante en el discipulado.

Las recientes informaciones que ponen en duda estas suposiciones aparecen como noticias liberadoras para el mundo cristiano y para los buscadores del camino espiritual y permiten restaurar la historia del cristianismo en términos de un amor humano. Quizás estas importantes reflexiones nos permitan acercarnos al misterio de la cruz a la luz del amor humano, y más importante aún, empezar a acercarnos al amor humano a la luz de los misterios de la santa cruz.

lunes, julio 20, 2009

La Gnosis del Mito

"La Gnosis del Mito" es un libro que recientemente hemos publicado y distribuido en España y en América y que presentamos en Asís, Italia el pasado mes de abril. El libro está disponible solamente bajo pedido. Para más información podéis escribir un comentario a esta misma entrada.

También se puede bajar en formato pdf desde este enlace a la página de la Sociedad Gnóstica.

Publicamos aquí el prólogo del libro, escrito por Rafael Vargas, además de una sinópsis de los temas que trata. También la entrevista que nos hiciera Radio Koradi en mayo pasado.



LA RESURRECCIÓN DEL MITO

Con los estudios gnósticos y a través del Pistis Sophia develado por el V.M. Samael Aun Weor, hoy podemos comenzar de nuevo a regresar al Mito Universal tal como lo concebían las primeras razas raíces de nuestro planeta, es decir como la inter-relación del Ser íntimo y sus diversas partes con el Logos Divino responsable de nuestro universo solar. Para aquellas culturas el Mito aún permanecía vivo. Eran los tiempos felices en los que el Mito era mucho más que una leyenda o tradición. Era el Mito la suma inteligente y armoniosa de los distintos arquetipos universales, y con tal sabiduría hombres y dioses podían no sólo fraternizar sino también renovarse incesantemente ante el Logos Solar.

“Toda la enseñanza religiosa de la América primitiva, todos los sagrados cultos de incas, aztecas, mayas, egipcios, fueron las primitivas religiones de los atlantes. Los Dioses y Diosas de los antiguos griegos, fenicios, escandinavos, indostanas, etc.., los Dioses y Diosas citados por Homero en “La Ilíada” y “La Odisea”, fueron héroes, reyes y reinas de la Atlántida.”

Samael Aun Weor,
Sincretismo Gnóstico de la Piedra del Sol

Pero cuando la vida exterior, por cuestiones de leyes cósmicas, comenzó a predominar sobre la propia vida interior entonces llegó el final, el ocaso para los dioses y sus arquetipos, comenzando así la era de una humanidad individualista y separatista que ahora ignora casi todo, que no sabiendo cómo relacionarse consigo misma, tampoco sabe como relacionarse con una naturaleza y un universo en continua transformación. No está de más recordar que fue el filósofo Aristóteles quien propuso la idea de separar mito de filosofía, naciendo así este terrible individualismo egoísta que hoy tanto caracteriza nuestra personalidad moderna, y que nos ha hecho creer que no necesitamos de nadie, que nacimos para ser autosuficientes. Sin embargo los hechos demuestran lo contrario, pues el ser humano aislado de la naturaleza y del cosmos es un peligro para sí mismo y para sus semejantes. Esto ya lo dice cualquier Mito universal: que todos los elementos o arquetipos que componen al hombre se necesitan entre sí, que ningún arquetipo puede sobrevivir sólo. Y que es por esta armonía del conjunto de los arquetipos que la vida es posible. Y un ejemplo de ello es el mismo Mito Gnóstico de Pistis Sophia en el que Jesús, para poder salvar a Sophia, la Sabiduría, recurre incesantemente a sus apóstoles y discípulas como medio para poder indicar a ésta dónde está la causa de su error, de qué debe arrepentirse y por qué.

Hoy los recuerdos de aquellos días maravillosos de la humanidad en comunión con el Ser y con sus diversas partes se cuentan de mil modos en los Mitos de todas las culturas; pero no existiendo una conexión con el propio interior, muy pocos son los que pueden interpretar correctamente sus mensajes. Y entre los muy pocos que nos pueden iluminar sobre ello afortunadamente tenemos al V.M. Samael Aun Weor, quien, como un Platón moderno, usa el Mito Universal para guiarnos en el difícil camino de la unión con el Ser y sus partes. Testimonio de esta afirmación es la develación que ha hecho del libro por excelencia de los gnósticos primitivos, el Pistis Sophia, con el que ahora no sólo podemos interpretar mejor el nuevo y el antiguo testamento, sino también cualquier otro libro sagrado. Pero en verdad lo más sorprendente del libro “Pistis Sophia Develado” es descubrir en él que es mediante la doctrina del Cristo Íntimo y sus Partes cómo de nuevo puede resucitar en cada uno de nosotros aquel Mito Universal. Sirva entonces este prólogo dedicado al libro escrito por Fabio Guevara como una introducción a un asunto tan importante.

Rafael Vargas,
Roma, 25 de marzo de 2009



ÍNDICE TEMÁTICO

I La Naturaleza del Conocimiento Gnóstico
Exégesis del Capítulo X de La Doctrina Secreta
de Anáhuac del V.M. Samael Aun Weor

II Por las Vías del Mito
Revelación Gnóstica y Experiencia Mitopoyética
El Tiempo Cíclico y las Revelaciones de los Mitos/Mitologías del Origen y de la Caída en el Tiempo. La Toma de Mujer/El Olvido y la Memoria/Anámnesis: El Sueño como Muerte y el Despertar como Salvación

III La Mitología Gnóstica
Esencia Psicológica y Metafísica
De la Unidad a la Polaridad/La Sombra/Lux in Tenebris Lucet: La Luz Brilla en las Tinieblas/La Creación Espiritual y Material/Ain: Silencio y Reposo/Ain Soph: La Tétrada/Ain Soph Aur: La Ogdóada/La Búsqueda del Conocimiento del Padre y la Caída de Sophia/El Demiurgo Arquitecto y el Pneuma en el Mundo: La Hebdómada/La Creación Material: Sophia y las Tres Naturalezas el Alma/La Creación de los Seres Humanos y la Encarnación de la Chispa Divina/La Triple Naturaleza Sóphica en el Ser Humano y su Redención

IV Sophia Mythos
La Transformación Espiritual del Alma
Metanoia y Disolución de la Mezcla/Arquetipos e Instintos/Los Arquetipos Superiores y las Partes del Ser/La Historia de Pistis Sophia/Obstinado y el Poder Rostro de León/Los Arrepentimientos de Sophia

V El Cristo: Fruto del Árbol del Conocimiento
La Llama de Tres Pabilos/El Martyrium Gnóstico: El Cristo en Malkuth y Jesod/La Soteriología Gnóstica: El Cristo en Tiphereth/La Filiedad Gnóstica: El Cristo en Chokmah

VI Felipe y Tomas: Los Evangelios del Cristo Íntimo
El Salvador Gnóstico. El Salvador Salvandus/El Mesías: Su Tradición y Su Revelación/El Evangelio de Felipe/El Apóstol Felipe: Testigo de las cosas del Reino/El Camino Iniciático a través de los Sacramentos/El Evangelio de Tomás/El Conocimiento de Sí Mismo como Conocimiento de Dios/El Cristo como Soter

VII El Evangelio de Judas
Comentarios a las Enseñanzas del M. Samael
Judas exaltado y Judas traidor/Judas como germen creador/El descenso de Judas y su ministerio/Las tres purificaciones la Iniciación de Judas/Introducción al Códice Tchacos/El Evangelio de Judas como un Psicodrama/El Evangelio de Judas comentado

Anexo
Diagramas: Otz’Kim/El Árbol de la Vida

miércoles, julio 08, 2009

La Personalidad Humana: por qué y para qué...

Desde la perspectiva del árbol cabalístico, la personalidad humana queda ubicada en el mundo de las Formaciones y el de la Concreciones.

La psique humana así integrada queda conformada por un estrato “consciente” (concreciones) y otro inconsciente (formaciones), en proporciones respectivas de un 10 por ciento y de un 90 por ciento. Los teósofos y gnósticos llaman a este complejo el “alma inferior”.

De acuerdo con la psicología junguiana de las profundidades, tal representación también puede homologarse con la ya conocida del “iceberg” o témpano de hielo, que flota en las aguas abiertas de los mares fríos. El consciente es lo que emerge sobre la superficie, mientras que las abrumadoras cuatro quintas partes de su volumen permanecen sumergidas.

El témpano está formado por agua dulce, que se ha condensado y hecho hielo en áreas continentales, a lo largo de décadas y siglos. Esa agua dulce de ríos, nevadas y lluvias se originó entonces como agua salada de mar. Primero fue el mar y luego el témpano dulce: primero fue el inconsciente y luego el consciente. El témpano separado del continente acabará retornando a su matriz marina, derritiéndose: el consciente morirá (la persona) y sus contenidos inconscientes no integrados se disgregarán en el inconsciente colectivo planetario…

Todo en la naturaleza parece cíclico, recurrente una y otra vez, quizás porque ese es su único modo de renovarse y sustentarse. La psique de los seres humanos también está inscrita en esquemas análogos: formación/disolución, nacimiento/muerte, juventud/vejez. Nos movemos entre un tiempo para reír y otro para llorar, uno para sembrar y otro para cosechar, día y noche. No hay nada nuevo bajo el sol, como dice el proverbio bíblico. La escuela mística medio oriental del “Cuarto Camino” declara incluso esta periodicidad como una ley: la del trogoautoegocrático cósmico común: comer para ser comidos.

La personalidad humana, al igual que el témpano de las latitudes frías, es entonces otro accidente perecedero de ese interminable fluir repetitivo de eventos –en un tiempo que, engañosamente, siempre parece avanzar linealmente y hacia adelante, ilusionándonos con “lo nuevo”.

Eros y Tánatos, el incesante retorno de las aguas –dulces o degradadas- al lecho del gran océano, la aglutinación momentánea de valores inconscientes (pulsiones, sensaciones y compulsiones de índole pre-temporal) bajo una personalidad consciente (formada por las memorias de turno) y su posterior ruptura y disociación. Todo ello sucediendo ante los ojos ciegos e ignorantes de la mayoría de los humanos, más atraídos por los atractivos de su efímera existencia exterior. En medio de semejante y cansona repetición, ¿no habrá en verdad algo realmente nuevo y original? Porque, de ser así, vivimos a perpetuidad en una cárcel de demoledora y pesadillenta rutina. ¿Cómo poder liberarnos de tan invisibles rejas, si es que existen?

Si no somos libres ni autónomos en nuestros sentimientos, pensamientos y decisiones –como el “hámster” que corre en la rueda de su jaula sin ir a ninguna parte- ¿podremos en algún momento descubrir los condicionamientos que nos impiden serlo?

Las antiguas escuelas filosóficas griegas ya señalaban a este respecto un camino: “conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los dioses”. Había que buscar dentro de la misma psique humana las pepitas de oro de la libertad.

De acuerdo con referencias religiosas aún existentes en nuestra sociedad materialista –parábolas, enseñanzas y ejemplos de la vida dados por el gran maestro unificado Jesús, hace 21 siglos- algunos entienden, vía la creencia dogmática, que “dentro del corazón humano” hay demasiada fragmentación: actitudes opuestas y en contienda, blancos y negros, instintos ocultos, egoísmos, desequilibrios y separativismos que llaman pecados, etc. También por esa vía saben y aceptan que al no ser integrales y auténticos, desconocen “la verdad” o “el amor” verdaderos que les otorgarían la “vida eterna”.

“Buscad la verdad(1) -les exhorta- y ella os hará libres”. También les dice: “Haceos tesoros en el reino de los cielos, porque allí donde están vuestros tesoros también está vuestro corazón”. Y otra: “No es lo que entra por la boca del hombre lo que lo contamina, sino lo que sale de su corazón”. Por su parte el Evangelio Apócrifo de Tomás afirma en labios de Jesús: “si no sacas lo que está dentro de ti, eso que no saques te destruirá. Si sacas lo que hay dentro de ti, eso que saques te salvará”.

Tanto las escuelas psicológicas como las religiones cristianas –o lo que quedó de ellas tras 2,000 años de interpretaciones dogmáticas y reinterpretaciones conceptuales- reconocen muchas de tales disonancias de la conducta humana, y ofrecen dos posibles soluciones para superarlas: la aceptación de lo que hay o, por el contrario, su negación sistemática mediante la auto imposición de reglas de moral. La primera no se preocupa por cuestionar –pues no cree en ello- la existencia de tendencias o pulsiones en la psique, cuyos orígenes o causas se hunden en lo profundo del inconsciente, incluso más allá del tiempo de la personalidad en que tales pulsiones se manifiestan. La segunda prefiere la opción de tapadera, no queriendo observar por debajo de lo que muchos de sus curtidos dogmas le permiten ver. Bajo el signo del miedo compulsivo y la sombra de una condenación eterna, esta otra visión opta por imponer su visión sin opciones, fortaleciendo represiones morales que aumentan aún más tales dicotomías psíquicas –o, lo que es lo mismo, incrementando la brecha entre consciente e inconsciente.

La personalidad humana es entonces una suma de valores conscientes como inconscientes, proyectos temporales y evanescentes constantemente amasados y “triturados” por los molinos de la naturaleza, para garantizarse su propia dinámica y permanencia. Para los propios humanos que noven, sin embargo, seríamos la criatura más elaborada y libre formada por la naturaleza, capaz incluso de manipular a ésta con el propósito de alcanzar nuestra propia felicidad y plenitud. Todo desde fuera.

¿Qué hay oculto de nosotros mismos bajo ese casi 90 por ciento de psique desconocida? ¿Qué poderosas influencias, desconocidas por nosotros, ejercen tan desproporcionada carga psíquica sobre nuestro ínfimo y endeble 10 por ciento conocido –el único sobre el cual decimos ejercer pleno control? ¿Y qué sucedería si, hurgando y conociendo tal potencial, no lo segregáramos o desestimaríamos sino que lo integráramos con éste último? ¿Lo habrán intentado ya otros en la antigüedad? ¿En qué devendría entonces el ser humano?

Se ha explicado que la personalidad se forma entre los dos y los cinco años de edad(2), y se corresponde con un proceso progresivo de aprendizaje, memorias y su almacenamiento se inicia con el afecto de los padres, su alimentación y protección. Prosigue con la adquisición de las habilidades motoras y el habla, crece con la educación (en el hogar e instituciones de enseñanza) y la socialización (familiar y con el entorno de amigos) y se consolida con las demás experiencias e iniciativas (enamoramientos, trabajo, gratificaciones, frustraciones, adaptaciones), etc. Conformándose de tal suerte lo que denominan individualidad o “personalidad única irrepetible”.

Según lo alientan las campañas mediáticas contemporáneas, una personalidad con buen éxito es aquella bien ajustada a su medio. Destaca por su suficiencia tanto económica como laboral, con amplio poder adquisitivo de bienes y servicios. Inteligente y altamente competitiva, de grandes iniciativas para encumbrarse en la escalada de los ascensos sociales. Que ha cubierto a satisfacción sus expectativas de seguridad, placer, poder y autoestima. Admirada, deseada y emulada. En total control de sí misma y de su entorno. Capaz de hallar solución a los problemas. Dueña de su propio destino. Libre, emancipada y autorealizada, además de bien perfumada.

Evidentemente tal visión es utópica. El mundo “real” en que nos ha tocado nacer, crecer y desarrollarnos abunda en distorsiones, dolor, imprevistos, injusticia e inequidad. Hay pobreza y miseria, hay mala voluntad, traición y envidia, odios y amarguras, soledades, depresiones y frustraciones. Quien se ancla exclusivamente en el logro material se torna infeliz, desarrolla el miedo, acumula apariencias, mentiras y represiones.

Nuestro mundo huye o evade por cualesquiera medios su peor sombra: el dolor. Padecer se considera anacrónico, o sólo típico de personas “que no saben jugar bien”: los fracasados. Por ello se vive en función del placer o las gratificaciones venidas “de fuera”(3). Son la droga que permite evadir o soslayar la dramática realidad real de este mundo.

Unos pocos, sin embargo, son de la contracorriente. No han negado el sufrimiento en sus vidas sino que lo han sobrellevado o sobrellevan con proverbial paciencia. Han aprendido a vivir en medio del dolor y las limitaciones, y hasta han superado pruebas ante las cuales muchos se hubieran retirado como perdedores. Conocen mucho de los sacrificios y el autosacrificio, y llegan incluso a practicar importantes niveles de desprendimiento con los demás.

Todo ello nos habla de capacidades y potencialidades muy particulares existentes al fondo de la psique. Recursos que reportan un crecimiento y maduración cualitativos antes que cuantitativos de la persona humana. Fracasos transformados en victorias. Superfluidad mediática/cultural devenida en profundidad y madurez humana. También la llaman espiritualidad o crecimiento interior. Un mundo o dimensión psíquica, distinto y hasta autónomo del materialista que la cultura promociona. Y con sus propios tesoros: gozo y paz interior, ocurrencia de eventos “milagrosos” que alientan el regocijo, devociones y hasta “revelaciones espirituales”. El mundo de la fe: la certeza de las cosas que no se ven, hacia afuera…

Podemos entonces perfilar dos tipos de personalidad humana. Una –la más común- sensiblemente enfocada a los objetos de los sentidos y cuya “mente exterior” construye en concordancia sus conceptos, objetivos y metas de vida. Y otra –introspectiva- no tan identificada con “el afuera” para autodefinirse y buscar sus niveles de conocimiento. Con su mente no reactiva o receptiva encuentra, en sí misma, recursos para crecer o encontrar equilibrio que son desestimados por la cultura materialista: intuiciones o “corazonadas”, sueños premonitorios, “visiones espirituales” y éxtasis místicos, etc. Una personalidad –este último tipo- que adquiere madurez o sabiduría por estar más avocada al contacto con los contenidos de su propio inconsciente.

Esta segunda personalidad es la más afín con las doctrinas religiosas y filosofías místicas que han crecido intermitentes con la humanidad, a lo largo de más de seis mil años de historia conocida.

Sus maestros fundadores e inspiradores han recalcado el hecho de que el ser humano es fundamentalmente un alma con pre-orígenes divinos, es decir, con un origen anterior a su actual manifestación material. Estas almas habrían “partido” de su original morada espiritual, paraíso o plenitud eternas –debido a una aludida “caída” y expulsión, “defecto de cálculo” o imprevisión, y hasta por la necesidad imperiosa de “ir a conocer”- para revestirse con envolturas o cuerpos más densos y así convertirse en moradoras temporales de este mundo material en que estamos ahora. La idea subyacente sería experimentar el dolor, la soledad, la infelicidad y “la lejanía”, para generar la añoranza, el propósito y los “actos conscientes” que les permita regresar y restaurarse en su estado primigenio –el regreso del hijo pródigo, según la metáfora bíblica.

Las doctrinas religiosas judeo-cristianas hablan acerca del estado de “pecado” en que suelen vivir los seres humanos. El término proviene del griego “hamarthia”, que implica el no acertar el blanco correcto el soldado, durante sus prácticas de tiro con arco y flecha. Una condición pasajera y corregible, gracias a las mejorías aportadas por el entrenamiento. La destreza buscada se equipara aquí con equilibrio.

Para estas religiones, no obstante, el término tiene una denotación más rígida y estigmatizante. Se asegura que, tras el pecado de desobediencia de los primeros padres, toda la humanidad expulsada del paraíso –que somos nosotros- sigue en pecado. La solución que se da es, en primer lugar, bautizarse y convertirse a la doctrina cristiana. En segundo lugar, aceptar a Jesucristo como único salvador. Y, en tercer término, hacer las obras del amor (cumplir con los mandamientos de la ley de Dios). Así, al terminar esta vida material, el alma retornará a su morada eterna original. De no hacer lo anterior, el alma del muerto quedará atrapada en el castigo de un infierno eterno.

Para el cristiano común tal propuesta queda usualmente reducida a alimentar una personalidad “buena”, que sigue las normas de la moral existentes en su sociedad –o que no las sigue pero lo aparenta, con lo cual gana en aceptación de su grupo social. Lo que no puede superar de sí moralmente, lo oculta o reprime, o lo confiesa y obtiene el perdón o absolución, por parte de la autoridad eclesiástica correspondiente (que se dice representa a Dios). Este ciclo de pecado-confesión-absolutoria puede hacerse repetitivo, e incluir las mismas faltas una y otra vez. La “personalidad religiosa” así diseñada confía entonces en el rito, el rezo de fórmulas y la autoridad delegada en su superior religioso para que, al término de sus días, “la providencia” lo trate con benignidad, le perdone todas sus faltas y entre “puro” al reino de los cielos por toda la eternidad.

Por su parte, el budismo –una de las doctrinas religiosas más importantes nacidas en el Asia- tiene un enfoque distinto sobre la problemática espiritual del ser humano.

Nacida en el siglo V antes de Cristo en la India como reforma al prevaleciente hinduismo, esta religión acepta que los humanos poseen un principio anímico divinal, y que él se haya atrapado en este mundo de los cinco sentidos, de las apariencias o de la “ilusión” –que llama “maya”.

El alma humana –enseña el Buda- está atrapada en el mundo debido al deseo –las apetencias de todo tipo asociadas con la búsqueda de la felicidad. Como la felicidad así conseguida es espasmódica, pasajera e impermanente –como lo es todo en nuestro mundo físico denso- entonces el deseo genera dolor. La solución de este ciclo de cosas consistiría entonces en erradicar de sí el deseo “y hasta su sombra”. Complementariamente, el iniciado respetaría ocho normas que constituyen el camino del corazón recto –el llamado “óctuple sendero” o sendero real, o “Dharma”- y “despertaría” internamente para conseguir el estado de la plenitud espiritual o “Nirvana”. Así, ese alma no tendrá que retornar más al mundo: romperá para siempre con la fatal rueda giratoria del destino o “Samsara”, cuyo movimiento se origina por la interacción de los actos humanos conscientes como inconscientes y sus consecuencias –la llamada “Ley del Karma”.

La renuncia al deseo contempla no sólo una abstención de las cosas o estados externos que pretendan satisfacerlo. También contempla una confrontación progresiva y cada vez más interna –por parte del renunciante- con las profundas raíces instintivas de su alma que lo alientan. Es cuando el Buda Sakyamuni se enfrenta con el demonio “Mara”, previamente a su iluminación bajo la sombra del árbol “Bodhi”.

Es claro que la doctrina budista, planteada como acciones concretas a hacer y “monstruos mitológicos” a enfrentar, nos enseña a su manera lo que la psicología de las profundidades nos dice de la personalidad humana: una personalidad escindida en un epidérmico consciente y un profundo, incierto e ignoto inconsciente, donde pululan –y hasta se “personifican” mediante visiones y sueños- oscuras pulsiones y compulsiones de nuestro universo psíquico, que motivan buena parte de nuestros actos. El camino del Nirvana, entonces, se correspondería con la plena integración de los contenidos inconscientes en la psique humana. Ello le otorgaría la libertad o despertar, equivalente a la condición de individuación, ser en sí o integración, con que esta psicología describe al ser humano verdadero, equilibrado, completo o auténtico.

En tiempos antiguos tanto religiones como mitos caminaban muy próximos. Esto no es de ninguna manera casual ni originado en condiciones históricas o sociales determinadas o variables en el tiempo.

Tras estudiar muchos de los sueños de sus pacientes y los mitos de diversas culturas ancestrales, el psicoanalista vienés Sigmund Freud concluyó que mientras un sueño es un mito de orden personal, un mito es un sueño colectivo y despersonalizado. Siguiendo a este terapeuta podemos entender que los sueños son el escenario donde se personifican –mediante imágenes recargadas de simbolismo- numerosos estados psíquicos reprimidos o no conscientes. El discurso onírico sería entonces una especie de reflexión continua y no limitada por la moral –las normas impuestas al consciente- entre sectores autónomos no integrados de la psique.

La escuela de análisis psíquico del famoso discípulo de Freud, el doctor Jung, denomina tales sectores autónomos como complejos psíquicos. Asimismo Jung aporta evidencias significativas para considerar que muchas de tales pulsiones o complejos –y cuyo conjunto denomina “la sombra”- incluso anteceden a la formación de la personalidad, a la que quedan adscritos como inconsciente(4). Adicionalmente, los símbolos con que éste se comunica con el consciente y numerosas historias que suele recrear como relatos oníricos presentan, en muchos casos, similitud con mitos o leyendas ya existentes en las religiones y panteones de culturas antiguas o milenarias –y con las cuales el paciente o vidente nunca tuvo contacto consciente vía la cultura o el aprendizaje.

Surge entonces la idea de la existencia de un gigantesco reservorio o biblioteca natural de recuerdos y vivencias inconscientes de la experiencia humana. Un banco de datos permanentemente accesible, con las memorias de todas las pulsiones o complejos psíquicos que han sido relegados por el consciente de innúmeras personalidades tanto actuales como del pasado(5) -y que incluso podrían originarse en tiempos y espacios ignotos y desconocidos: por decirlo de otra manera, provenientes de un tiempo no cíclico sino eternal vertical, espiritual. Un inconsciente que antecede a la formación del consciente y que podríamos llamar inconsciente planetario y universal.

En cuanto a las que llamamos “memorias” de complejos ignotos asociadas con un tiempo no lineal (cíclico) sino eternal, se trataría de aquellas con contenidos místicos o religiosos: visiones oníricas de Dios o los paraísos y sus moradores, mensajes proféticos y hasta revelaciones que episódicamente se desbordan en el consciente como visiones(6).

En su práctica terapéutica –y también por episodios vividos personalmente- el doctor Jung recogió evidencia de este último vínculo entre consciente e inconsciente, de índole no conflictiva y sí profundamente integradora. Se trata del acceso al consciente –vía los sueños o durante los llamados “estados psíquicos alterados” en vigilia- de imágenes arquetípicas cargadas de sabiduría o espiritualidad, que él llamó “nouménicas”. Serían arquetipos cuya “imagen” se expresa como Cristo, el Buda, el Imán, Avalokitesvara, Dios, el Anciano, la virgen María, los ángeles (“mensajeros de Dios”), Alá, Zeus, Saturno, Hércules, el unicornio, Isis, Quetzalcóatl, Krishna, etc.

Tales revelaciones oníricas o visiones presenciales están impregnadas de –o comunican a quienes las experimentan, que es lo mismo- una intensa y duradera profundidad y sensación salvífica o gozo, seguridad, equilibrio, plenitud de auténtica identidad, etc. Experiencias, en todo caso, alejadas de las que suelen suscitar los cinco sentidos, y remitidas al mundo de lo trascendente según lo conceptúa la filosofía. Para la psicología de las profundidades, estados homologables con la individuación o ser en sí(7).

Estas experiencias de ocurrencia no común o cotidiana se originarían en un estrato aún más profundo y menos fragmentado que el que hemos denominado inconsciente colectivo planetario. Podemos llamarlo el inconsciente colectivo solar o universal o, por analogía con el árbol de la vida cabalístico, el sistema de la Creación o reinos del Hijo (6). Su imagen didáctica puede explicarse como una psique (humana) cuyo inconsciente colectivo menos fragmentado –asimilado al consciente- permite la comunicación más diáfana o directa entre éste y sus raíces más profundas o “arquetípicas” –contrario a lo que suele suceder con la mayoría de los seres humanos, cuya psique consciente parece así bloqueada por un denso muro formado por ladrillos múltiples, especie de barrera infranqueable.

De esta manera, el inconsciente colectivo es el mundo o región de los arquetipos o complejos psíquicos reprimidos o no integrados, y de los símbolos o personificaciones mediante los cuales se expresan(8). Adicionalmente, el inconsciente universal es la sede de la realidad nouménica, con sus imágenes arquetípicas correspondientes, discurrentes en un discurso mitológico permanente y sintético (unificado).

Es el inconsciente universal el origen del sabio griego “Filemón”, imagen arquetípica de sabiduría que se apareció a y mantuvo una dilatada y fructífera relación epistolar con Jung, durante los oscuros años de su ordalía existencial y profesional que él llamó su “nekia”. También es esa la sede del “Cristo de la Divina Misericordia”, con el cual logró “vincularse” la monja y mística polaca sor Faustina Kowalska gracias a sus oraciones profundas y ejemplar vida devota, y del cual dejó numerosos escritos y una exaltada devoción entre la cristiandad católica. Es igualmente el mundo o dimensión contactado por la reconocida monja sor María romero, en sus vivencias con la virgen María y el señor Jesús y los numerosos milagros y portentos que realizó en vida en su nombre.

Análogamente sería éste el “lugar” o estado al que acceden temporal y hasta abruptamente –casi siempre luego de un accidente que los mantuvo clínicamente muertos durante minutos u horas- quienes experimentan las llamadas experiencias cercanas a la muerte (atravesando un túnel oscuro o en llamas y en medio de gemidos y clamores humanos lastimeros, luego dejándose atraer por una luz blanca o celeste que comunica gran paz, y finalmente deteniéndose ante un indescriptible y bello jardín, paraíso o presencia divinal, que les habla con profunda misericordia y les recuerda que aún no es su tiempo para quedarse en ese inefable lugar sin tiempo).

También puede entenderse como el “Nirvana” o experiencia de “unión con Dios”, que alcanzan los maestros avanzados del budismo y el yoga hindú. La “tierra del tiempo del sueño” a que acceden los ancianos y chamanes australianos, el “Amenti” o mundo de los muertos y resucitados de los iniciados egipcios, y el mismo mundo trascendente morada del dios Sibu’u, evocado por las Ahuas cabécares de Talamanca. El equivalente “mundo de los árboles” de los cuales dicen haber descendido los aborígenes mixtecos mexicanos, o el paraíso original o Edén de los primeros padres, recordado en el espíritu del mito por las religiones confesionales y de distintas culturas, mismo reino de Aman o tierras grises, morada de Edú, el único –conocido en la tierra como Ilúvatar- y cantado en el mito universal “El Señor de los Anillos”. Las mismas moradas del alma superior según la cábala.

En el inconsciente colectivo se ocultan, según se ha dicho, todas las pulsiones y compulsiones (complejos psíquicos) que la personalidad consciente desconoce o no tolera aceptar como suyos (y que sin embargo la mantienen continuamente condicionada).

Hacer esto último acarrearía “la destrucción” de partes de sí, al menos, así lo conceptúa. Habría entonces en ella mucho dolor y vergüenza, tanto personal como social, que incluso podría paralizarla. Al verse parcial o intermitentemente tomada o identificada por y con tales fuerzas “sucias y malas” entonces esconde, oculta y acalla. Desarrolla el miedo en su indefensión, y la mentira como distintas máscaras de pensamiento, sentimiento y volición para hacer “desaparecer” aquellas fuerzas y auto-engañarse. En términos religiosos, el corazón de un ser humano así vive entre el engaño y la mentira, gime en un valle de lágrimas.

A esta fragmentación progresiva (según el tiempo lineal de la personalidad) es a lo que los mitos y las religiones llaman el pecado, la hidra de Lerna de las múltiples cabezas (enfrentada por el héroe griego Hérakles), el demonio Mara con quien se enfrentó el Buda, el gemelo oscuro y llagado Xólotl que Quetzalcóatl tuvo que abrazar, el Satanás que exitosamente Jesús enfrenta tres veces en el desierto, el Gollum/Sombra de Frodo en “El Señor de los Anillos”, el mismo can tricípite que Hércules logra amansar, el señor Smith con quien Neo habrá de refundirse en “Matrix”, el diablo tantas veces vilipendiado y rechazado por la religión judeo-cristiana, y un interminable etcétera que tampoco excluye al minotauro y la llamada bestia 666 del libro bíblico de las Revelaciones.

La génesis progresiva de dicha fragmentación psíquica puede hallarse en dos fuentes. La primera es externa a la personalidad y está atizada por las presiones y represiones, consecuentes de la cultura y los mandatos y normas vigentes impuestos por la moral de turno. En buen lenguaje freudiano, el inconsciente es el basurero creado por el consciente para deshacerse y ocultar sus malolientes deyecciones.

La segunda génesis es interna. Se originaría antes de la formación de cualquier personalidad y sería el banco planetario de pulsiones o complejos en estado de latencia que siguen sin resolverse: sin integrarse plenamente al consciente. Es la visión junguiana de un inconsciente apriorístico.

En otro capítulo de esta obra hemos reflexionado ya acerca de cómo un recién nacido –cuya aura demuestra una total manifestación de la luz unificada del inconsciente universal-, con el pasar de los años va viendo cortados sus nexos con esa luz y dando paso, en su lugar, a islotes de complejos del inconsciente colectivo, cada uno con su propia autonomía y memorias mecánicas recurrentes. Con tales islotes la creciente personalidad levanta un muro de bloques que le cierran, por una parte, su vinculación con el inconsciente universal o “Ser” de las doctrinas filosóficas. Por otra, tal estado condicionante la “lanza” a reafirmarse en los mundos de afuera de sus sentidos o consciente en busca de un análogo estado de plenitud o felicidad, acabando también atrapada entre la frustración, el dolor, el deseo insatisfecho, la impermanencia y la dispersión.

Tales estados o complejos psíquicos latentes o sin resolver, conectados temporalmente con las personalidades de turno y reintegrados disgregadamente en el inconsciente colectivo tras la muerte de aquellas, es a lo que la religión cristiana-judía denomina el estado purgatorial o Sheól, la morada de los muertos. Estos serían los mismos “escenarios” llameantes, o cavernas con prisioneros humanos gimiendo por su liberación, que observan con angustia y atraviesan veloces aquellos “vivos” que han tenido las experiencias cercanas a la muerte (E.C.M.) anteriormente mencionadas. Es el mismo muro infranqueable y elevado, compuesto por hiladas de pesados ladrillos –cada uno una pulsión, compulsión o complejo psíquico con memorias (tiempo) propias y cíclicas, siempre repetitivas- al que alude el grupo musical británico Pink Floyd en su tema “The Wall”.

Vivimos en un estado de manifestación de la civilización y la personalidad humana máximamente materialista y volcado “hacia afuera” (el mundo de las Concreciones de la Cábala), como nunca antes lo hubo en los últimos 20 mil años o más. Las culturas que nos precedieron alcanzaron su punto de equilibrio entre lo interno y lo externo –la adquisición de conocimiento- sin lesionar del todo el “hilo de oro” que aún los mantenía conectados con “la fuente”, su origen real, el Inconsciente Universal.

Con la aparición de los filósofos griegos de línea aristotélica, sin embargo, todo lo anterior empezó a dar un vuelco radical. El humano puso toda su confianza cognoscente en los sentidos y los hechos observables, así como tomó su razón como herramienta de atomización, análisis y clasificación para alcanzar “la verdad”. Todo fue sometido al bisturí de la fragmentación, sin poder realizar la justa y necesaria síntesis complementaria. La tendencia se consolidó con el desarrollo del empirismo, el racionalismo y las ciencias exactas –así como con las teologías de Tomás de Aquino- que se diseminaron por toda Europa durante el renacimiento y la edad moderna, y de todo lo cual nuestra actual cultura global/informática es la triste consecuencia o resultado final.

El humanismo se perdió entre tanto ruido ambiente, y quedó reducido a un mero robotismo conductista. Murió todo vínculo formal con el inconsciente, lo simbólico y lo arquetípico. El hombre quedó reducido a un irreverente y epidérmico contacto con lo consciente sensorial, por no decir su idiotización y aturdimiento. En lo filosófico místico tuvo que crear incluso, las religiones del dogma, la creencia memorística y hasta una fe “en las cosas que no se ven”, por cuanto se divorció y le dio la espalda a ese mundo o estado interior que antes sí lograba ver y vivenciar, la morada del mito y el símbolo, el arquetipo y lo trascendente. Se dualizó entre consciente e inconsciente, bien y mal, y así hoy está sumido en una profunda amnesia existencial y vivencial: carece por ahora del reconocimiento de que todo lo que ha buscado y sigue buscando permanece dentro de sí mismo, latente, como tesoro en espera de ser redescubierto y reconocido: el regreso a la casa original, su Ser Unificado. Estamos en el último tramo de la edad de hierro o “Kali Yuga”, que pronto habrá de terminar.

Notas:
(1) El estado psicológico interno que connota autenticidad verdadera, nunca referido a ninguna verdad externa sea científica o sociológica.
(2) La astrología afirma que la huella digital, sobre la que se construirá la personalidad, se imprime en el sistema nervioso en el momento en el que el recién nacido emerge por la vagina de su madre y toma su primera bocanada de aire.
(3) Es la filosofía del Eros, por oposición al Tánatos que moldeó a muchas culturas antiguas.
(4) Tales estados inestables o in-equitativos buscarían su equilibrio o integración consciente, en virtud de la llamada por Jung “función compensadora de la psique”.
(5) Las filosofías gnósticas teosóficas han denominado esta biblioteca como el “akash” o memorias de la naturaleza, cintas korkaptiles de pensamientos, bandas teleoginoras.
(6) Valga aclarar que este tipo de desdoblamiento de parte de los contenidos inconscientes en el consciente no se debe considerar una forma de neurosis. Éste sí es el caso de la esquizofrenia, donde el paciente se ve asaltado por imágenes o voces amenazantes o intimidatorias que toman su mente y voluntad. Su origen estaría en pulsiones o complejos asociados con fuerzas instintivas primarias y miedos.
(7) Como lo dicen muchos psicólogos de las profundidades, toda experiencia religiosa legítima es –en esencia- una experiencia psicológica profunda: contactos del consciente con el inconsciente.
(8) personificaciones asumidas se originan en el hecho de que cuentan con mente y autonomía propias.

domingo, diciembre 14, 2008

La Mitología Gnóstica

Exégesis del capítulo X de La Doctrina Secreta de Anáhuac del V.M. Samael Aun Weor - 3ª Parte.*

CREACIÓN ESPIRITUAL Y MATERIAL
LA FAMILIA DIVINA…

AIN: SILENCIO Y REPOSO


“La Divinidad Suprema gnóstica es caracterizable como Agnostos Theos, el Espacio abstracto absoluto. El Dios ignorado o desconocido. La Realidad Una de la cual emanan los Elohim en la aurora de cualquier Creación universal.
… La Deidad incognoscible es el Espacio abstracto absoluto, la raíz sin raíz de todo cuanto fue, es o ha de ser.
Esta Causa infinita y eterna hállase, por descontado, desprovista de toda clase de atributos. Es luz negativa, existencia negativa, está fuera del alcance de todo pensamiento o especulación.”
(S.A.W., La Doctrina Secreta de Anáhuac, DSA).

He aquí el origen de todo: un Ser perfecto, pre-existente y único. Se le denomina Pre-Padre o Pre-Principio, pues es anterior a todo concepto y atributo. En la cábala se le denomina Ain; Sat en sánscrito; el Absoluto Inmanifestado o Aeón 13; la Causa Causorum de todo lo que es, ha sido y será; Eso; Aquello; la raíz del Espíritu y la Materia que no es ni lo uno ni lo otro; la Luz Increada.

Esta divinidad suprema es una díada, o sea, está compuesta por dos cualidades fundamentales inseparables: “Profundidad” y “Silencio” (también llamados “Silencio y Reposo”).

AIN SOPH: LA TÉTRADA

Este Ser Inmanifestado no guarda para sí su infinitud, sino que decide crear fuera de sí, primero en la esfera divina, y más adelante en la esfera material. Sus dos cualidades, Reposo y Silencio, emanan de sí un primer atributo: “Mente”, o Intelecto del Pre-Padre llamado Unigénito o Autógenes (auto generado). Y junto a él otro atributo: “Verdad”.

Así, el Hijo, al igual que el Pre-Padre, es una díada compuesta nuevamente por dos cualidades fundamentales: Mente y Verdad.

Estos dos, junto a los dos atributos de su progenitor, conforman la llamada Tétrada original o Cuaterna divina primordial, la Barbeló gnóstica, el Tetragramatón de la cábala hebrea; Zeus, el IAO Mayor de los griegos, que finalmente degeneró en el término Deus, Dios. Es el Ain Soph cabalista, “de donde emana toda creación, aunque ésta no iguale nunca su propia esencia y potencia”, el Pneuma-Eikon caldeo; el Ruach-Elohim o Divino Espíritu del Señor flotando sobre las aguas.

“Todas las Naciones tienen a su primer Dios o Dioses como andróginos. No podía ser de otro modo puesto que consideraban a sus lejanos progenitores primitivos, a sus antecesores de doble sexo, como Seres divinos y Dioses santos…”(DSA).

AIN SOPH AUR: LA OGDÓADA

Como hemos visto, la familia espiritual es descrita en el lenguaje gnóstico a través de parejas llamadas “conyugios”, atributos, paredros o consortes celestiales. Los Elohim son las parejas de aeones pleromáticos de la escuela valentiniana. Por eso la Ley del Pleroma es el conyugio, porque estos Elohim son en sí mismo andróginos, es decir, que no están polarizados, y esta ley dice que nada se hace sin la aprobación de su paredro.

“El Mito gnóstico de Valentín, que en forma específica nos muestra a los treinta Aeones pleromáticos surgiendo misteriosos de entre el Espacio abstracto absoluto por emanaciones sucesivas y ordenadas en parejas perfectas, puede y debe servir como arquetipo modelo de un Mito monista que en forma más o menos manifiesta se encuentra presente en todo sistema gnóstico definido.”(DSA).

Entonces el Unigénito, comprendiendo el deseo del Pre-Padre de expandirse hacia fuera, junto a su compañera Verdad, genera dos nuevas parejas de aeones divinos llamados “Logos” (Palabra) y “Vida” por un lado y “Humanidad” e “Iglesia” por otro. Los dos primeros a imagen del Pre-Padre y otros dos a imagen del Hijo.

La primera manifestación de la divinidad (Tétrada) y su inmediato desdoblamiento, la segunda Tétrada, conforman los ocho aeones de la Ogdóada, llamada Ain Soph Aur en la cábala hebraica, que el Maestro Samael define como “la raíz y substancia de todas las cosas”: una suma de Soles Espirituales del Protocosmos o Absoluto Solar gobernados por una Única Ley.

De la pareja Logos-Vida surgen diez aeones más, llamados “Péntada (10) del Padre”. Mientras que de la pareja Humanidad-Iglesia se desdoblan doce aeones conocidos como “Dodécada (12) del Hijo”, siempre en parejas masculino-femenino.

En total treinta aeones o manifestaciones divinas que conforman lo que los gnósticos llaman el “Pleroma”, la Plenitud o Tres Círculos del Absoluto: la totalidad de la familia divina que se ha proyectado hacia fuera pero siempre dentro de la esfera divinal.

Los aeones representan la totalidad de Dios, esto es, la manifestación de sus atributos a través de su Hijo, el Unigénito. Por ello el Hijo es el Nombre del Padre, como dice el Evangelio de la Verdad, y el maestro gnóstico Marcos identifica a los 30 aeones con las letras del Nombre y enfatiza que por sí solas no tienen significado pero juntas forman el Nombre.

Será muy importante considerar lo anterior para entender la trascendencia que tiene en el mito el trastorno en el seno del Pleroma y su consecuencia o “caída pleromática”.

LA BÚSQUEDA DEL CONOCIMIENTO DEL PADRE
Y LA CAÍDA DE SOPHIA…


El Padre es la Suprema Conciencia. El Hijo es el potencial del Padre, todas las posibilidades latentes de Aquel, la semilla-simiente. Los Aeones son los “elementos no integrados” o “posibilidades” del Hijo. Así, la integración de los Aeones conformaría nuevamente el Nombre de Dios, el “Nombre del Padre”. Los Aeones reunificados conformarían la totalidad de Dios, el “Sagrado Misterio de la Letra” por cuanto ellos son las letras de “Su Nombre Impronunciable”.

En la formación del Pleroma, primero se crean los Aeones pero posteriormente estos deben de desarrollar la gnosis o “Conocimiento del Padre”. Esta es llamada la “Gnosis Pneumática” o “Barbelognosis”. Y siendo el Padre invisible e incognoscible, los Aeones solamente pueden conocerle por mediación de su Hijo Unigénito, que es “el misterio escondido de los siglos en Dios”(1).

Sophia es el Aeón postrero, el más joven de la familia divina. Y en su ímpetu lleva el deseo de conocer de todos sus hermanos y hermanas a los hechos. Adelantándose al tiempo pretende llegar al conocimiento del Padre sin el consentimiento de su par, violando así la ley: –“nada sucede en el Pleroma fuera del conyugio”-.

El deseo que, de acuerdo a la voluntad del Padre, sería recto, al ser formulado antes del tiempo señalado por Aquel, se convierte en una pasión. Por ello declara Sophia a su Padre en su primer arrepentimiento… “Pues por haberme tú inducido y por amor a tú luz he caído dentro de esta opresión y me veo cubierta de vergüenza”.(S.A.W. El Pistis Sophia Develado, PSD).

Este lapsus o momento culminante del mito gnóstico de la creación produce como consecuencia, por un lado, el prototipo teológico del pecado, que requiere entonces de la necesidad de un Salvador; y por el otro significará el origen del mundo material y del universo.

“Entre los límites extraordinarios del Ser y del no Ser de la Filosofía se ha producido la multiplicidad o caída.
El mito gnóstico de la caída de Sophia (la divina Sabiduría) alegoriza solemnemente a este terrible trastorno en el seno del Pleroma.
El deseo, la fornicación, el querer resaltar como Ego, origina el descalabro y el desorden, produce una obra adulterada que incuestionablemente queda fuera del ámbito divinal aunque en ella quede atrapada la Esencia, el Buddhata, el material psíquico de la humana criatura.
… El deseo desmedido, el trastrocamiento del régimen de la emanación, conduce al fracaso.
El querer distinguirse como Ego origina siempre el desorden y la caída de cualquier rebelión angélica.”
(DSA).

Para evitar mayor trastrocamiento en el seno del Pleroma, el Pre-Padre, por vía de su Hijo Unigénito, crea un nuevo aeón llamado Horos, el Límite, que separa a la Sophia arrepentida del fruto de su pasión. Es entonces cuando el mito nos habla de una doble Sophia: una superior que regresa al Pleroma y que es llamada Sophia Madre, y otra inferior llamada Sophia Achamot, hija de aquella, que queda fuera del Pleroma. Límite es mencionado en el Pistis Sophia como el Misterio 24 representando al velo y al Telar de Dios, donde quedará la vestidura del Hijo cuando este sea enviado a rescatar a la Sophia caída…

“Ahora por lo tanto, te hemos enviado la vestidura que te pertenece desde un principio y que la has dejado atrás, en el último límite, el cual es también el último misterio desde adentro, hasta que sea consumada su hora de acuerdo con los mandamientos del Primer Misterio. Ved aquí, su hora ha llegado; póntela…
… Debemos buscar al Anciano de los Días en el Ultimo Límite dentro de nosotros mismos, el cual es el Ultimo Misterio desde adentro; el mismo, es la parte superior de nuestro propio Ser.”
(PSD).

EL DEMIURGO ARQUITECTO Y EL PNEUMA EN EL MUNDO:
LA HEBDÓMADA


La substancia espiritual llamada Pneuma no tiene forma ni gnosis, dicen los valentinianos. Necesita un lugar para crecer y madurar… “Sus miembros necesitan un lugar de instrucción, que está en los lugares adornados, para que puedan recibir de ellos la semblanza de las imágenes y arquetipos, como un espejo, hasta que los miembros del cuerpo de la iglesia estén en un lugar único (solitario) y reciban la restauración en el Pleroma.”(2)

Para el gnosticismo valentiniano, Demiurgo es creado por aquella parte de Sophia que es restablecida en el Pleroma. Demiurgo es “lo que el Salvador le enseñó a ella a producir en la imagen del Padre”. Es así como utilizando al Demiurgo como instrumento, Sophia le da forma a los productos de la caída a imagen del Pleroma. El maestro gnóstico Marcos dice: “la creación en sí misma fue formada por la madre a través del Demiurgo sin su conocimiento, a imagen de las cosas invisibles”(3).

Aquí es donde entra en juego el “mundo material”. Sophia utiliza al Demiurgo como instrumento para dar forma o “adornar” la materia a imagen del Pleroma y proporcionar un lugar para que la semilla “crezca y se incremente y sea propicia para la recepción de la Palabra Perfecta”(4). El fruto de Sophia tiene que pasar en y a través del mundo para ser informada e instruida en su curso y el Demiurgo es el instrumento que hace posible este proceso.

“La situación, por cierto no muy agradable, repetida incesantemente en los relatos gnósticos del Pneuma, sometido cruelmente a las potencias de la ley, al mundo y al abismo, resulta demasiado manifiesta como para insistir aquí sobre ella.”(DSA).

Demiurgo crea siete seres angélicos con sus “cielos” y mora sobre ellos. Esta es la Hebdómada, la región bajo el destino de la luna, el sol y los cinco planetas visibles, proceso que está también representado por los siete días de la creación.

Así como el Demiurgo representa una imagen imperfecta del Dios verdadero; su creación (Hebdómada) representa una imagen imperfecta de la Plenitud Divina o Pleroma (Ogdóada). Valentín dice que “hay una deficiencia en el acto de moldear”. El defecto o imperfección del mundo creado por el Demiurgo reside en su impermanencia. “El Demiurgo es una imagen del Unigénito (Cristo). Por ello el trabajo de la imagen es transitorio”(5).

LA CREACIÓN MATERIAL:
SOPHIA Y LAS TRES NATURALEZAS DEL ALMA


Entre los valentinianos la figura del Demiurgo difiere del carácter hostil que le dan otros grupos gnósticos. Para Ptolomeo por ejemplo, discípulo de Valentín, el Demiurgo se convierte en intermediario y árbitro, de quien “depende la justicia”(6). Una especie de Hermes Thot.

Los valentinianos consideraban al universo como tripartito. El cosmos consistía de tres componentes: Espíritu o Pneuma, Alma o Psique y Materia o Hyle, división que se aplica también al ser humano. Esta estructura se origina a partir de la caída y la redención de Sophia y se puede ver en la historia del mito a través de tres fases en donde cada una de estas tres materias es creada.

1. Sophia intenta conocer al Padre por sí sola y como resultado es excluida del Pleroma. Cae en deficiencia y sufrimiento quedando atrapada en los “elementos materiales” de la “izquierda”.
2. Sophia se arrepiente de sus acciones y atraviesa por una metánoia o “conversión”, también llamada “arrepentimiento”. Suplica la ayuda de su Padre, “en quien he tenido fe desde el principio”, un acto que para los valentinianos eleva el Alma hasta la región de la “derecha”.
3. La misericordia del Padre envía entonces a su Hijo para que redima a Sophia y le otorgue el conocimiento (la Gnosis) del Padre. Como resultado nace el elemento espiritual, la Gnosis Pneumática.

La substancia espiritual o Pneuma restaura la presencia del Padre. La materia o Hyle (Izquierda) no tiene papel en la salvación y es disuelta por la gnosis. El Alma o Psique (Derecha) es intermediaria entre la materia y el espíritu. Así, si el alma se inclina por la fe y por la incorruptibilidad, obtiene la salvación, pero si elige la incredulidad y la destrucción, es disuelta junto con la materia.

LA CREACIÓN DE LOS SERES HUMANOS
Y LA ENCARNACIÓN DE LA CHISPA DIVINA


“… la preparación completa de la disposición de las imágenes, representaciones y semejanzas ha llegado a la existencia a causa de los que necesitan instrucción, enseñanza y formación para que lo pequeño crezca poco a poco, igual que sucede con el reflejo en un espejo (como una sombra que se proyecta). Por esto, en efecto, plasmó al hombre al final…”(7).

Así, el propósito último del Demiurgo es la creación de los seres humanos, hechos a la imagen de la Humanidad pre-existente, de la familia divina. Pero siendo el Demiurgo incapaz de insuflar el hálito de la vida, pues es este un atributo que no posee, es la Sophia Madre, llamada Espíritu Santo, quien lo hace a través del él.

Sophia utiliza al Demiurgo secretamente para sembrar su semilla espiritual en el ser humano. La siembra de la semilla espiritual en Adán le permite hacer cosas “superiores a lo que su modelo justifica” . Como resultado de esta condición privilegiada, el temor domina al Demiurgo y a sus arcontes.

Este es el propósito principal del Demiurgo. Es a través de su acción sin conocimiento que la semilla espiritual fue implantada en el alma y el cuerpo humano, para ser llevada ahí como en un vientre hasta que haya crecido lo suficiente para recibir al Logos. Y por ello dice Heracleón, maestro gnóstico valentiniano, que “es el Demiurgo y sus ángeles de la providencia, a través de quienes -como mediadores- ella (la semilla) fue sembrada y creció…”.

En comparación con otras corrientes esto representa una visión diferente no sólo del Demiurgo sino de la creación misma. La creación del mundo por el Demiurgo es una parte necesaria del proceso de Redención. El mundo es creado para proporcionar a la substancia espiritual un lugar “para crecer y acrecentarse en él y así hacerse apropiada para la recepción de la Palabra Perfecta”(8).

Gracias a esta semilla espiritual -el potencial de Sabiduría o de Sophia que reside en cada ser- será posible la reunificación de los principios originalmente separados (Sophia y su consorte Cristo). El Pleroma es la Cámara Nupcial donde se realiza esta unión. Entonces el fuego escondido en el mundo se levantará y destruirá la materia y se consumirá a sí mismo y se convertirá en nada. Vendrá el Apocalipsis y la deficiencia será eliminada y el proceso de restauración estará completo.

LA TRIPLE NATURALEZA SÓPHICA
EN EL SER HUMANO Y SU REDENCIÓN


Como se ha visto anteriormente, tres naturalezas o estados de conciencia resultan de la caída de Sophia y de su redención final. Esta triple naturaleza sóphica estaría representada por los tres hijos de Adán y Eva, la humanidad creada por el Demiurgo a imagen del arquetipo divino. Estos son Caín, Abel y Set. En su orden, los prototipos de los seres carnales o humanidad hílica, los seres animados o psíquicos y los espirituales o pneumáticos. Estas tres naturalezas se relacionan también con la parábola del sembrador, que es la misma semilla sóphica, como la semilla que cae en el camino, la que cae entre las espinas y la que es sembrada en buena tierra.

LOS SERES HUMANOS MATERIALES O HÍLICOS

“El alma carnal actúa como una droga que hace olvidar el verdadero origen produciendo una criatura mundana.”(9). De ella dice Valentín “es una criatura del olvido, que al morir es esparcida a la oscuridad exterior”. Su prueba está en el fuego de las pasiones del mundo, pues su semilla ha quedado esparcida en el camino sin posibilidad de germinar.

El Evangelio de la Verdad describe esta naturaleza como una pesadilla: “De este modo eran ignorantes del Padre, al que no veían. Puesto que existía temor, turbación, inestabilidad, vacilación y discordia, eran muchas las ilusiones y las vacuas ficciones que los ocupaban, como si estuvieran sumergidos en el sueño y convivieran con sueños inquietantes…”.

Pablo dice de estos: “cuyo fin será perdición, cuyo dios es el vientre y su gloria es en confusión; que sienten lo terreno”.(10) Y el Evangelio de Felipe describe así la naturaleza carnal: “Si lo ignoramos echa raíz en nosotros y produce sus frutos en nuestro corazón. El nos domina. Nosotros somos sus esclavos. Nos hace cautivo induciéndonos a hacer lo que no queremos, y que lo que queremos no hagamos.”(11)

Dice Valentín que este tipo de persona es una “criatura del olvido”, que al morir es “esparcida” a la oscuridad exterior y pasa a la no existencia. Nunca estuvo verdaderamente viva en términos espirituales.

LOS SERES ANIMADOS O PSÍQUICOS

La conversión y el arrepentimiento lleva del estado carnal al animado, por medio de un llamado, un despertar. Ahora este despertar le hace ver y ser consciente del sufrimiento, el miedo y la confusión de la que anteriormente era inconsciente.

Se dice que aquí se asciende al estado animado, psíquico, que es el nivel del Demiurgo. Se desarrolla Pistis, la fe, pero se desconoce aún la verdadera naturaleza pneumática. Por tanto es una fe al creador de las formas. La persona animada se refuerza en la fe y las buenas obras, pero debido a su ignorancia de lo espiritual pneumático, requiere de reglas e instrucciones para determinar el “curso correcto” de sus acciones. Por ello permanecen esclavos de la arbitraria demanda de la Ley. Dice Pablo: “Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo…”(12)

En su ignorancia adoran al Demiurgo en lugar del Dios verdadero, en palabras de Heracleón, “adoran la creación y no al verdadero creador”. Se enamoran de las bellezas del mundo. Estos animados sólo pueden ser salvados si resisten la tentación y eligen lo mejor. Tras la muerte, los animados que han sido salvados residen con el Demiurgo. No alcanzan la total espiritualidad sino hasta el fin de los tiempos. Pero si eligen el mal, serán esparcidos en la oscuridad exterior.

LOS SERES ESPIRITUALES O PNEUMÁTICOS

El Espiritual no necesita depender del testimonio de los demás, pues ha venido a nutrirse de la misma Verdad. El Pneumático es entonces aquél que adquiere el Conocimiento (Gnosis) de Dios.

Despertando de la embriaguez y del estupor de la ignorancia y libre del sufrimiento, reconoce su verdadera naturaleza espiritual. El Conocimiento de Dios es el resultado final del conocimiento de sí mismo. Así los valentinianos entendían que no había diferencia entre el final presente o futuro (la escatología). Así como la resurrección es inmediata, la consumación final del mundo se vive aquí y ahora a través de la Gnosis. A través de la resurrección el espiritual-pneumático asciende del reino del Demiurgo al Octavo cielo.

“El gnóstico que ha sido salvado de las aguas, ha cerrado el ciclo de las amarguras infinitas, ha franqueado el límite que separa al ámbito inefable del Pleroma de las regiones inefables del universo, se ha escapado valientemente del Imperio del Demiurgo porque ha reducido al Ego a polvareda cósmica.”(DSA).

Entonces al regresar al Pleroma se reúne con su consorte, con su paredro divino, se reintegra en el reino celestial de la Totalidad y allí “obtienen la visión del Padre y se convierten en Aeones Intelectuales (del Hijo, el Intelecto filial, el Unigénito) que se conforman en la inteligible y eterna unión en matrimonio”(13). Esta totalidad es la Cámara Nupcial.

Valentín dice en el Evangelio de la Verdad: “El Padre está en ellos y ellos están en el Padre, siendo perfectos, no divididos en el verdaderamente bueno, sin deficiencia de nada, reanimados en el Espíritu.” Así, la deficiencia y “todo sistema que se origina en la ignorancia (incluyendo el mundo), se disuelve por el Conocimiento.

El Conocimiento, la Gnosis, es entonces la restauración de la condición original. Esta Gnosis permite aniquilar la naturaleza carnal -la ignorancia-, que es la causa del pecado. “En la Unidad cada uno se realizará; en el conocimiento se purificará de la multiplicidad en la Unidad, consumiendo la materia en sí mismo, como una llama, y la oscuridad por la luz y la muerte por la vida.”.(14)

Aquellos que obtienen Gnosis son la semilla que es sembrada en la buena tierra, y por ello “lleva fruto”. Aquél que recibe la Gnosis destruye una porción de la deficiencia y atrae a la Divinidad a la reintegración. Entonces, el final del mundo ocurrirá cuando “todo lo que es espiritual haya sido moldeado por el conocimiento”(Gnosis).(15)

EL SALVADOR SALVANDUS:
EL CRISTO COMO SOTER Y EL ARREPENTIMIENTO DE SOPHIA


“La abertura del "Pneuma" o Espíritu divino del hombre encierra el total contenido Soteriológico. Si se posee la Gnosis de los grandes Misterios arcaicos es porque al dinamismo revelador del Ser algunos hombres muy santos lograron aproximarse debido a su lealtad doctrinaria.
… Autosalvarse es lo indicado y esto exige plena identificación del que salva y de lo que es salvado. Lo Divino, que habita en el fondo del alma, la auténtica y legítima facultad cognoscente, aniquila al Ego y absorbe en su parusía a la Esencia y, en total iluminación, la salva. Este es el tema del Salvator Salvandus.”
(DSA).

El Evangelio de Tomás tiene sus propias afirmaciones sobre la salvación y la redención, que se resumen perfectamente en el Logión 22, el que podemos y debemos considerar como el mensaje medular del Evangelio, el que le da el tono. Dice así:

“Jesús vio a unos pequeños que mamaban. Dijo a sus discípulos: Estos pequeños que maman son semejantes a los que entran en el Reino.
Le dijeron: Entonces, ¿haciéndonos pequeños entraremos en el Reino?
Jesús les dijo: Cuando hagáis de los dos uno y hagáis lo de dentro como lo de fuera y lo de fuera como lo de dentro y lo de arriba como lo de abajo de modo que hagáis lo masculino y lo femenino en uno solo, a fin de que lo masculino no sea masculino ni lo femenino sea femenino; cuando hagáis ojos en lugar de un ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie, una imagen en lugar de una imagen, entonces entraréis en el Reino.”
(16)

Encontramos frases similares a esta en el Evangelio de los Egipcios mencionada por Clemente de Alejandría en su Stromata, donde Jesús le dice a Salomé, discípula suya, ante una pregunta similar: “Cuando hayas pisoteado tus prendas de vergüenza, y cuando los dos sean uno y lo masculino y lo femenino no sean ni masculino ni femenino, entonces entrarás en el Reino.”

Hay algo equivocado en uno que debe ser remediado y el remedio parece tener que ver con la reunificación, con producir la totalidad en uno. Si no se es total, completo, no se puede ingresar al Reino del Pleroma, dice Jesús. El trabajo del demiurgo no es solamente encerrarle a uno en su condición, en una manifestación pesada y vivir en un mundo de sufrimiento, sino también penetrar en uno y causar una división múltiple en el ser humano que debe ahora ser aliviada, sanada, curada.

Es aquí donde se habla de uno de los papeles más mencionados de Jesús en los Evangelios Canónicos y en los Apócrifos: el del SOTER, que debe entenderse muy bien y cuyo significado preciso es el Hacedor de la Totalidad.

Otra indicación al respecto de este trabajo nos la da el Evangelio de Tomás cuando nos habla de los solitarios (monachos en griego), de donde deriva la palabra monjes (monks). En el logión 75 dice: “Jesús dijo: Hay muchos que están junto a la puerta, pero los solitarios son los que entrarán en la cámara nupcial.”

En el contexto del evangelio no se contempla este término como un acto de abandono o de estar solos, más bien se interpreta como significando lo que en latín sería virunnus, esto es, “el hombre que es uno”, el ser humano que ha venido uno, reunificando las dicotomías. Primero era muchas personas, luego ha venido a unificarse, a ser solitario, el unificado.

¿Cómo se puede lograr esto? La clave reside en el auto-conocimiento o despertar de la conciencia. ¿Cómo podemos poner las partes de nuestro Ser juntas? Conociendo lo que somos, entendiendo que el conocimiento de sí mismo es el conocimiento de Dios. De manera que podamos ser concientes de las dicotomías, derecha-izquierda; arriba-abajo; fuera-dentro; masculino-femenino. Primero será necesario saber qué hay. De otra manera no se puede reunificar. Entonces puede producirse la reconciliación.

Dice Paracelso que la vida humana posee dos fuentes de gnosis o conocimiento salvífico. Una de ellas es llamada Lumen Dei, la luz proveniente de la deidad inmanifestada. La otra es Lumen Naturae, la luz escondida en la materia y en las fuerzas de la naturaleza. Mientras la Luz Divina debe ser discernida mediante la revelación, la Luz de la Naturaleza necesita ser liberada a través de la alquimia hasta volverse operativa. Dios redime a la humanidad a través de su Hijo. Pero la naturaleza debe ser redimida por vía de la alquimia.

Así, Sophia declara en su primer arrepentimiento: “Y fui y me encontré a mi misma en la obscuridad que está en el caos de abajo, y no pude apresurarme a volver a mi región porque me apresaron dolorosamente todas las emanaciones de obstinado y el poder rostro de león me quitó mi luz... Pues por haberme tú inducido y por amor a tu luz he caído en esta opresión, y me veo cubierta de vergüenza... Y cuando busqué la luz, ellos me dieron tinieblas; y cuando busqué mi poder, ellos me dieron materia...”

Y explica el Maestro Samael: “El Obstinado y el poder rostro de león absorbieron el reflejo de Sophia. Sophia viaja, ella puede estar en el Aeón Trece o en el Caos, o donde quiera. Sophia, la Sabiduría, en el fondo es un resultado concreto, una simbiosis de la mezcla de la luz con las tinieblas… Sophia es el resultado del descenso del Logos hasta el Caos. ... En el Caos sexual, en el Azogue en bruto, se encuentra Sophia. Necesitamos liberar a Sophia de entre las tinieblas del Caos. ... Del Caos sale el Cosmos y de las Tinieblas la Luz.”

En la Gnosis, el arquetipo del proceso de reunificación está en la alquimia y se expresa a través de la fórmula solve et coagula, disolver y coagular. En el lenguaje gnóstico de los primeros siglos de la era cristiana, y sobre todo en el mito de Sophia, este proceso es conocido como metánoia.

El significado literal de esta palabra, traducida generalmente como arrepentimiento, refleja una situación en la que en un trayecto ha sido necesario desandar el camino recorrido y tomar otra dirección. En tiempo de los primeros cristianos se decía que quien encontraba a Cristo experimentaba una profunda metánoia.

Desde el punto de vista psicológico no hay diferencia y el proceso de restauración de la psiquis, de la fragmentación a la unidad, no hace sino reflejar de manera práctica el mito de Sophia. Así, psicológicamente, la metánoia es el intento de la psiquis de sanarse a sí misma del conflicto interior, disolviendo la mezcla para después renacer y restaurarse. Pero para ello será necesaria la fuerza que permita esa reunificación, la fuerza del Cristo que es la manifestación del Soter.

Este proceso es relatado en el mito como los arrepentimientos de Sophia.
___________
* Imagen de la portada: Nicholas Roerich, Madona Oriflama, 1932. "La aureola del Cristo Íntimo se hace una con la luz pura de Pistis Sophia, así es Oro y Flama." (S.A.W. El Pistis Sophia Develado, cap. 59)
(1) Pablo, Colosenses 1,26
(2) Tratado Tripartito, 123,11-22, NHL
(3) Ireneo de Lyon, Adversus Haereses I
(4) Ibíd.
(5) Excerpta ex Theodoto, 7.5
(6) Ptolomeo, Carta a Flora
(7) Tratado Tripartito 104:18-30
(8) Adversus Haereses
(9) Evangelio e la Verdad
(10) Pablo, Filipenses 3:19
(11) Evangelio de Felipe 83:22-28, NHL
(12) Pablo, Gálatas 3:23-26
(13) Excerpta ex Theodoto, 64:1
(14) Evangelio de la Verdad, 25:10-20
(15) Adversus Haereses I
(16) Evangelio de Tomás, NHL

martes, diciembre 09, 2008

La Experiencia Gnóstica Mitopoyética

Exégesis del capítulo X de La Doctrina Secreta de Anáhuac del V.M. Samael Aun Weor - 2ª Parte.

Plotino afirmaba que a la gnosis se accede “a través de analogías y abstracciones” (1) . La gnosis hílica se obtiene por vía de las enseñanzas literalistas que se desenvuelven generalmente en el ámbito moral de lo que hoy llamaríamos escuelas de la “nueva era”. La gnosis psíquica o del alma a las que por primera vez accede el iniciado se establece a través de los mitos y las analogías. Finalmente es la filosofía la que permite el proceso de abstracción que permite a los iniciados entender esos mitos. Es la gnosis pneumática o espiritual. Así entendemos que la gnosis es una philosophia perennis et universalis (2), esto es, un amor eterno por la Sabiduría.

La gnosis es un proceso muy íntimo, natural y profundo. El verdadero gnosticismo, como lo explica el Maestro Samael, está fundamentado sobre basamentos ontológicos, teológicos y antropológicos (3), y su pensamiento se reviste de características muy bien definidas.

El gnosticismo afirma, primero que nada, que el ser humano puede acceder al conocimiento directo de la verdad y que la realización de ese conocimiento representa el logro supremo de su vida. Así, como tal, la gnosis resulta difícil para quien no puede elevarse a la inspiración y por consiguiente no puede comprender que su fuerza vital radica en la revelación divina.

Es gracias a esta revelación que el gnóstico comprende su situación íntima. Aquello que hay de divino en su interior, la semilla, la perla, la chispa divinal y que yace en incipiente estado de desarrollo, es en sí misma la substancia del Ser, la luz divina atrapada en las tinieblas. El hombre es un producto del Creador y es, en sí mismo, un ser divino, y por consiguiente, virtuoso. Sólo de esta manera podemos entender que el conocimiento de sí mismo, en el más profundo nivel, es simultáneamente conocer a Dios: este es el secreto de la gnosis. El auto-conocimiento es conocimiento de Dios; el Ser y la Divinidad son idénticos en naturaleza. (4)  Así lo atestiguan textos tan importantes como el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe o el Evangelio de la Verdad, muchos de ellos condenados y destruidos por el pensamiento literalista y preservados como parte de la biblioteca de Nag Hammadi.

La reverencia de los gnósticos por estos y otros textos no aceptados por la ortodoxia, resulta en una de las más importantes características del gnosticismo: la experiencia gnóstica fue una experiencia mitopoyética, tanto en historia como en alegoría, así como en sus representaciones rituales, donde el gnosticismo encontró la expresión de las revelaciones íntimas, inexpresables de cualquier otra manera.

Este proceso de desarrollo íntimo que es la gnosis, de revelaciones y vivencias místicas muy particulares, encontró su expresión a través de su propia doctrina y de sus ritos, los que adoptaron fundamentalmente el lenguaje mitológico. (5)  Para los gnósticos, la revelación era la naturaleza misma de la gnosis, y así lo atestiguaron en sus textos. La proliferación de estos testimonios inspirados irritó a los literalistas ortodoxos quienes denunciaban a los gnósticos porque «cada uno de ellos genera algo nuevo, día tras día, de acuerdo a sus habilidades…» (6), o sea, porque recibían revelaciones.

Entendiendo lo anterior podemos aseverar que el elemento principal de la mitología gnóstica está constituido por las manifestaciones del Ser, la realidad ontológica más profunda del gnóstico, su intimidad infinita. Y nos permite comprender por qué fue tan importante en el desarrollo de su sistema doctrinal y sacramental.

La función básica del mito es abrir el mundo a la dimensión del misterio, lo que se convierte para nosotros en la única manera de entender que lo misterioso subyace bajo todas las formas, y que, por consiguiente, la verdad es lo desconocido de instante en instante (7). Más allá de todas las cosas que vemos existe una realidad ontológica, la realidad del Ser.

En el mundo Mediterráneo de aquellas escuelas gnósticas cristianas, las viejas sociedades caracterizadas por las creencias mitológicas y las prácticas rituales se fueron transformando. Después de ser una zona de enorme influencia de cultos mistéricos orientales, de los panteones griegos y romanos y de la tradicionalista herencia del judaísmo, la marcha del progreso cada vez deja menos lugar para el mito. Así, rehacer viejos mitos y sincretizarlos era una de las principales preocupaciones de los gnósticos. Los gnósticos cristianos de los primeros siglos dieron una enorme importancia a la lectura mitológica de los dramas mistéricos que fueron alimentando y conformando sus doctrinas, pues el significado literal era visto como símbolo de una naturaleza oculta a la vista de los profanos.

Teóricamente el mito se define como una revelación. Etimológicamente sería un relato, una historia contada que usualmente se transmitía de forma oral con la intención de tramitar conocimientos. Su génesis se da en las escuelas de Conocimiento, las cuales poseían una serie de relatos coadyuvantes para que el estudiante iniciara su búsqueda. A través de estas escuelas de Misterios, los llamados neófitos o semillas nuevas recibían el preciado líquido y alimento que ayudaría a calmar su hambre y su sed, y que les permitiría continuar su crecimiento y desarrollo hasta convertirse en adeptos.

La principal característica de estas escuelas era que educaban directamente a la conciencia a través de los llamados psicodramas. De esta manera, dependiendo de la inteligencia del estudiante y de su eureka, él mismo descubría los significados a través de un sinnúmero de significantes que se le iban presentando, con el propósito de despertar las capacidades internas del alma.

El neófito experimentaba entonces niveles cada vez más profundos, pasando de la simbólica superficial para penetrar en el ámbito de los arquetipos espirituales: las partes del Ser. Cuando el neófito maduraba convirtiéndose entonces en iniciado, experimentaba ese nivel de conciencia en su vida cotidiana, elevando entonces la vida mundana al nivel de la aventura mitológica en la que se tiene la certeza de que ésta es dirigida entonces por fuerzas superiores: un verdadero plan diseñado y dirigido por el Ser.

Todo mito es el testimonio vivo de un mitopoyeta, de un Maestro espiritual. De alguien que ha madurado espantosamente, y cuya altura espiritual siempre será proporcional a la profundidad de su descenso. Y por ello, quien le reconoce, quiere ser su discípulo. Es claro que ningún maestro de estas escuelas de Misterios propuso nunca la salvación por el simple hecho de haberle conocido, como ningún mito en toda la historia y en cualquier cultura fue por sí mismo una panacea. El mito es un camino, el camino del héroe, con una meta: el encuentro consigo mismos, con la propia realidad, restableciendo así la Unidad.

Resulta interesante saber que en estas escuelas mistéricas no solamente había trasvase de conocimiento en forma de parábola o de frase oculta, también había danza, también había poesía, había música y había literatura. Así el arte era fundamental en esta búsqueda, como uno de las cuatro columnas del conocimiento. Entonces el Hombre-Mito, el Maestro cantaba los mitos para educar la conciencia de sus discípulos en el lenguaje que a ésta le es propio.

El mito lo que viene a provocar es un caos, un cuestionamiento. El mito es un indicador de camino. Quien lee un mito, quien se expone ante el mito, atraviesa por una especie de catarsis porque atraviesa en sí mismo por las ordalías del héroe o de la heroína, las cuales inevitablemente verá reflejadas en su propia y particular existencia. Entonces un mito verdadero hunde, lleva, arrastra y pone a quien le aborda en un camino. Por eso él es un recordatorio de la búsqueda interna, a través del drama del alma errante en el mundo. Las representaciones mitologizadas se refieren a eso. Una simbolización del camino. Cada quien habrá de desarrollarlo y lo irá viendo reflejado cuando se expone ante un mito hasta entender que el relato ya lo ha vivido en cierta manera. Cada quien hace la traducción de los hechos planteados a nivel tan simbólico.

La gran evolución de los mitos en las diferentes escuelas refleja específicamente los dos grandes temas iniciáticos del descenso del alma a la materia y el retorno al estado original.

El mito no tiene tiempo lineal. El mito nos habla de que por sobre todas las cosas del tiempo horizontal, están los hechos del alma, los hechos de la conciencia. Ella, la conciencia, tiene la capacidad de detener el discurrir de los fenómenos sucesivos al que llamamos tiempo: ayer, hoy y mañana, para demandarse la experiencia del tiempo vertical. El despertar es un tiempo vertical, que anula el tiempo lineal sucesorio y entra en un eterno presente. El mito nos quiere replicar el tiempo presente.

El tiempo del mito se mueve entre creación y destrucción, entre caos y cosmos, y caos nuevamente. El mito es un continuo, es un círculo con un eje central. El mito es una historia interna que se vive y la viven cualesquiera hombres y mujeres, aquí y en cualquier región del mundo, porque su lenguaje es el lenguaje del alma y es entendible por todo aquel que se deja conmover. Y en su lenguaje nos invita a acercarnos a él, que es un acercarse a sí mismo, para descubrir todas las grandezas que escondemos, el tesoro, la perla preciosa, los atributos del alma, el número perfecto, el peso exacto, la medida justa.

Con este propósito el mito nos enseña que hay una manera de proceder, de recuperar la dignidad perdida. Y para ello nos dice que es menester primeramente reconocer los que somos, nuestra propia fragmentación. Entonces nos habla de todos aquellos aspectos oscuros personificados como el peor de nuestros terrores, el dragón, la bestia, el Tifón egipcio, el Jactancioso, el Poder Rostro de León, etc., que siempre tiene atrapada a la princesa o que resguarda el tesoro más preciado. Así, el mito propone una historia arquetípica que luego empieza a desglosarse poco a poco hasta tocar el mundo de los sentidos físicos desde donde remontará el héroe en su viaje de retorno.

(1) Plotino, Enéada Sexta.
(2) S.A.W., La Doctrina Secreta de Anáhuac.
(3) Ibíd.
(4) Elaine Pagels, The Gnostic Gospels, 1979.
(5) La Doctrina Secreta de Anáhuac.
(6) Ireneo de Lyon, AdversusHaereses I.17.1.
(7) S.A.W., Endocrinología y Criminología, 1959.

La Naturaleza del Conocimiento Gnóstico

Exégesis del capítulo X de La Doctrina Secreta de Anáhuac del V.M. Samael Aun Weor - 1ª Parte.

Hasta la primera mitad del siglo XX los gnósticos continúan siendo sectas heréticas de los primeros siglos, de las cuales se sabe mayormente por vía de los padres de la iglesia. Hasta entonces lo poco que sabíamos era lo que estos hombres escribieron en sus críticas obras en contra de los gnósticos.

Entonces vendrían los descubrimientos de Nag Hammadi en 1945 y de Qumran en 1947 que permitirían a los eruditos dedicar muchos años a la investigación de textos originales de los primeros siglos, escritos directamente por aquellos «herejes» poseedores de gnosis. Pero habría que esperar muchos años más, hasta 1977, para que se hicieran públicas las primeras ediciones de estos textos en idioma inglés.

Entre las pocas referencias sobre los estudios gnósticos anteriores a estas publicaciones está el coloquio de Mesina en 1966 en el que los eruditos definen a la gnosis como «el conocimiento de los misterios que están reservados para una élite».

Sin embargo, para nosotros será muy importante el año 1974, cuando el Maestro Samael escribe La Doctrina Secreta de Anáhuac, un libro dedicado a la sabiduría nativa mesoamericana, y en el que hace grandes referencias a la universalidad del mito y del mensaje espiritual. Es sobre todo fundamental un capítulo de esta obra, el capítulo X, que el Maestro dedica a la gnosis y al mito gnóstico.

Las reflexiones de este capítulo conformarán las bases para poder entender lo que posteriormente escribiría el Maestro en su última obra antes de su fallecimiento en 1977 y que dejaría inconclusa. El Pistis Sophia Develado, que saldría a la luz como obra póstuma en el año 1983, conformará las revelaciones del Maestro sobre los misterios del mito gnóstico a través de la historia de la Sophia de los gnósticos.

El Pistis Sophia Develado es una de las obras del Maestro Samael menos conocidas en su contenido. Todo el fundamento del mito lo podemos ver maravillosamente narrado a través de sus páginas, aunque los elementos que componen esta narración continúan siendo oscuros y lejanos para la experiencia gnóstica particular. Sin embargo, la columna vertebral de este relato mitológico es mucho menos remota de lo que puede parecer.

Este mito nos habla del destino de la chispa divina que está presente en todo ser humano y de su caída en el mundo de las sombras, en donde olvida su verdadero hogar, mientras inconscientemente anhela regresar a él. Su fe y su esperanza, y el eventual arribo de un Salvador quien le revelará su verdadero origen, le permitirán recuperar la conciencia de su enajenación en este mundo de sombras.

Es en este proceso salvífico por el que atraviesa el alma, donde interviene la dialéctica gnóstica, esto es, el procedimiento para acceder a la «gnosis» como conocimiento iluminado. Y aunque esto se pudiera ver como una ambigüedad o como un simple tecnicismo por cuanto creemos que ya sabemos lo que es la gnosis, en realidad es tan importante para poder acceder al conocimiento de la Verdad, que es a este detalle dialéctico al que el Maestro Samael dedica el mencionado capítulo X al que titula «Antropología Gnóstica». En ningún otro texto hará el Maestro un análisis tan profundo del significado de la palabra gnosis.

Sabemos que en el griego clásico, el término gnosis indica el conocimiento de «lo que es» en contraste con la mera percepción u opinión. El énfasis está en el acto de conocer más que en el conocimiento en sí mismo. De tal forma que el procedimiento para este acto de conocer cobra una enorme importancia. Para los griegos, quienes daban una gran predilección a la belleza y a la percepción de esa belleza, el conocimiento de la gnosis se obtiene por vía del discurso y la dialéctica, que se inicia por la observación directa. Cuando las realidades a las que se quiere acceder son invisibles, esto es, de los mundos superiores, entonces la visión es reemplazada por la capacidad de comprensión directa llamada revelación.

Esta manera de recibir la gnosis trasciende cualquier lectura literal y es dirigida directamente por el Ser (1), y como tal esta gnosis tiene la capacidad de revelar y responder a cuestionamientos como «¿Quiénes éramos? ¿Qué hemos devenido? ¿Dónde estábamos? ¿Dónde hemos sido arrojados? ¿Hacia dónde nos apresuramos? ¿De qué somos redimidos? ¿Qué es la generación? ¿Qué la regeneración?» (2).

En los textos gnósticos esto significa que cuando un hombre reconoce su verdadera naturaleza interior, ésta es, en sí misma, su ser ontológico. Así, lo que está detrás del acto de conocer es el Ser, entendido como lo más profundo, real e infinito de la persona. Por esto el Maestro Samael dirá que «Sólo el Ser puede conocerse a sí mismo. El Ser, por lo tanto, se auto conoce en la Gnosis. El Ser, revaluándose y conociéndose a sí mismo, es la Auto-Gnosis. Indubitablemente, ésta última, en sí misma, es la Gnosis. El auto-conocimiento de Ser es un movimiento supra racional que depende de Él» (3). Un proceso de aprehensión del conocimiento que sólo puede manifestarse en el mundo de las formas a través del mito, y que cuando es sustituido por el frío intelecto, reduce su expresión a simples ideas, juicios o razonamientos abstractos.

Esta afirmación del Maestro Samael es importantísima porque nos permite entender que este Ser del que nos habla la gnosis no tiene nada que ver con la esfera moral en la que se desenvuelve la limitada conciencia individual, sino más bien a una realidad trascendental. La manifestación del Íntimo es la voz del corazón, de la intuición, y al ser una acción sin razonamientos, es justa, recta y perfecta.(4)  Está más allá de cualquier razonamiento moralista que por el contrario, «en vez de enriquecer el lenguaje gnóstico lo empobrece» (5), pues la gnosis y su relato a través del mito, se orienta siempre hacia el Ser.

De tal manera que esta realidad divina no puede ser conocida a través de facultades ordinarias. Cualquier intento de experimentar la gnosis por estas vías resulta en un craso error. Se requiere entonces de la iluminación, la revelación y la intervención del Ser mediador, quien le imprime a la gnosis una de sus principales características: que el Ser Revelador es consubstancial con aquel que está destinado a recibir su revelación. Por ello se dice que desde el punto de vista estrictamente gnóstico, la revelación es posible solamente porque en el Gnóstico que verdaderamente lo es, pre-existe una disposición, una capacidad que le permite recibir y entender esa realidad.

Efectivamente, el gnóstico es un elegido a posteriori. Este es el principio de lo que el Maestro Samael llama «auto-gnosis», el reconocimiento del Ser y que para los gnósticos cristianos resultaba en la gnosis pneumática, espiritual, que adviene por vía de la revelación: «Saberse idéntico con su propio Pneuma o Espíritu, experimentar directamente la identificación entre lo conocido y lo cognoscente, es eso que podemos y debemos definir como Autognosis.»(6)  Sólo aquellos espiritualmente educados pueden recibir y comprender lo que es espiritual, y este conocimiento espiritual, iluminado, es reservado a esa élite.

Esta base ontológica presupone entonces una situación de separación y caída de una parte del Ser o Infinitud, en el mundo de las tinieblas, resultando en la manifestación temporal y transitoria de aquello que es infinito. Así, gnosis se convierte en la necesidad de reconocer aquella, nuestra verdadera naturaleza, y su origen divino. El conocimiento gnóstico se basa entonces en la experiencia, una experiencia de regeneración espiritual. Su resultado inmediato es la salvación. Esta es «la seguridad del gnóstico» (7), dice el M. Samael. «Conocer» es convertirse en la misma realidad que es conocida. El auto conocimiento del Ser destruye radicalmente toda ilusión y toda dicotomía sujeto-objeto, que es el sustento de la experiencia material. La facultad que permite percibir la realidad divina más allá de las apariencias de la mente es llamada Nous. «La revelación gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva; excluye radicalmente a las operaciones intelectuales de tipo subjetivo y nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos fundamentalmente sensoriales. La Inteligencia o Nous en su sentido gnoseológico, si bien es cierto que puede servir de basamento a la Intelección iluminada, se niega rotundamente a caer en el vano intelectualismo. Resultan palmarias y evidentes las características ontológicas, pneumáticas y espirituales de Nous (Inteligencia).» (8)

La revelación gnóstica, al trascender cualquier experiencia de los sentidos, se eleva a la categoría de una experiencia mística, una revelación que capta aquello que se conoce de manera instantánea y total. Esto es muy importante porque nos hace entender que el conocimiento intelectual queda subordinado a la esfera de la acción moral, a la que definitivamente la gnosis no pertenece. Se abre entonces una brecha entre la moral de la personalidad y la ética del Ser, entre la mera información de los sentidos y la experiencia mística. Una brecha que, de no ser resuelta, impide el acceso a la «verdadera gnosis».

Esta fue la tarea a la que se dedicaron los místicos gnósticos cristianos siguiendo, muchos de ellos, las pautas de los filósofos neoplatónicos. ¿De qué manera obtener la experiencia de Dios si no por vía de la intuición? La única manera de lograrlo residía en la capacidad de producir un vacío mental que permitiera ser absorbido por lo divino, generando un arrebatamiento y transformación espiritual que en el gnosticismo es conocido como iluminación. Este proceso, lejos de reducirse solamente al carácter simbólico tradicional, es para los gnósticos el elemento primordial que posteriormente se transforma en una fuerza, en un poder de la vida incorruptible y divina a la que se anhela volver definitivamente, y que es llamada en el mito la Luz de las Luces.

En su universalidad, el mito siempre contempla dos fuentes de gnosis o conocimiento salvífico. Una de ellas es llamada Lumen Dei, la luz proveniente de la deidad inmanifestada. La otra es Lumen Naturae, la luz escondida en la materia y en las fuerzas de la naturaleza. Mientras la Luz Divina debe ser discernida mediante la revelación, la Luz de la Naturaleza necesita ser liberada a través de la alquimia hasta volverse operativa. Dios redime a la humanidad a través de su Hijo. Pero la naturaleza debe ser redimida por vía de la alquimia.

Esta Aeónica Vida que en nosotros fulgura nos hace reflexionar en la Luz que, descendiendo desde lo Alto, desde la Luz de Luces (Lumen Dei), queda atrapada en la Naturaleza (Lumen Naturae). Esa Luz es entonces Luz en las Tinieblas, caracterizada en el mito por la figura de Sophia, quien expresa en su primer arrepentimiento: «Y fui y llegué a estar en la oscuridad que está en el Caos abajo. No pude volver a ir a mi lugar, porque fui oprimida entre todas las emanaciones del Jactancioso. Y el poder de rostro de león se llevó mi luz interior… Porque a causa de ti y de tu Luz he llegado a estar en esta opresión y la vergüenza me ha cubierto… Y cuando he pedido luz, he recibido oscuridad, y cuando he solicitado mi potencia, he recibido materia.» (9)

Esta Luz Divina es, en sí misma, la substancia del mundo del Pleroma. Encontramos el relato de este proceso en textos como el Poimandres del Corpus Hermeticum, donde Poimandres, el pastor arquetipo de la conciencia Nous, aparece a Hermes en una visión que este describe como una tranquila y alegre luz de la que se enamora al contemplarla. También en el texto Discurso sobre la Ogdóada y la Enéada, que forma parte de la Biblioteca Gnóstica de Nag Hammadi, en cuyas declaratorias sobre el proceso de la revelación espiritual, la gnosis se alcanza por vía de la reflexión, como etapa inicial preparatoria para alcanzar el silencio que traerá consigo la regeneración.

Son textos como éstos, considerados iniciáticos, los que arrojan una de las claves más importantes que nos permitirán entender la profundidad del mensaje gnóstico más allá del simple contexto literalista desde el que generalmente lo hemos abordado. Ellos plantean una clara estructura mitológica que sirve de escenario a los eventos que describen el acceso a la verdadera gnosis. Y plantean de esta manera la inseparable relación entre conocimiento y mito en la estructura del pensamiento gnóstico.

(1) S.A.W., La Revolución de la Dialéctica, 1983.
(2) Excerpta ex Theodoto, 78.2
(3) S.A.W., La Doctrina Secreta de Anáhuac, 1974.
(4) S.A.W., Los Misterios Mayores, 1956.
(5) La Doctrina Secreta de Anáhuac.
(6) Ibíd.
(7) Ibíd.
(8) Ibíd.
(9) Pistis Sophia, Libro I, F. García Bazán, Editorial Trotta.

miércoles, agosto 06, 2008

Finis Gloria Mundi: La Restauración del Pleroma en la Escatología Valentiniana

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En la teología valentiniana (Valentín, maestro gnóstico del siglo II) se establece una intrínseca relación entre los tiempos del fin -la escatología- y la restauración de la Unidad del Pleroma o apocatástasis: la redención. Esta relación pasa por cuatro principios fundamentales:
  • El fin del mundo está inextricablemente vinculado al principio.
  • La humanidad, personificada por Sophia, era parte de la colectividad divina o Pleroma.
  • El mundo se origina por la caída en la ignorancia y la deficiencia.
  • Entonces... la disolución del mundo y la restauración del Pleroma se llevan a cabo gracias a la Gnosis.
Estos principios fundamentales se manifiestan a través de tres aspectos:
  1. El Mito de la escatología valentiniana: fin del mundo y restauración del Pleroma.
  2. A través de Gnosis, es posible experimentar el primer aspecto en la vida propia, lo que constituye la trascendencia psicológica del Mito.
  3. El Mito y su expresión y experimentación, los primeros dos aspectos, se representan a través del Ritual Iniciático, que marca en el individuo la transición de la “inmadurez” a la “madurez espiritual”.
1. El Mito:
  • El destino del individuo dependerá de si posee Gnosis o no.
  • Cuando no posee Gnosis, entonces queda sujeto al juicio y pena del Demiurgo y sus asociados “en el medio”. Al respecto dice el Evangelio de Felipe: “O está [el hombre] en este mundo o en la resurrección, o en los lugares de la Mediedad -¡ojalá no sea yo hallado en ellos!-. En este mundo hay bien y hay mal; sus bienes son el bien y sus males son el mal. Pero hay males después de este mundo que son verdaderos males -la que es denominada “la mediedad” es la muerte-. Mientras estemos en este mundo nos conviene adquirir la resurrección, a fin de que cuando nos despojemos de la carne seamos hallados en el reposo y no hallamos de deambular en la Mediedad -pues numerosos son los que se extravían en el camino-.” (EdeF, 66, 7-20).
  • La resurrección tiene lugar por medio de esas imágenes y símbolos que son los Sacramentos. La resurrección tiene lugar en esta vida... El reposo, la anapausis, es el estado del espíritu pacificado en la fase escatológica. La mediedad, es en el gnosticismo ptoloméico, el lugar -externo al Pleroma- en el que la Sophia inferior aguarda su retorno. A ella están destinados los psíquicos en la separación escatológica.
  • Con Gnosis, el que posee la Gnosis se levanta espiritualmente y deja el reino material. Asciende los Siete Cielos del reino psíquico; va por sobre los poderes del alma [el Demiurgo y sus arcontes, la Ley], hasta el reino espiritual del Octavo Cielo [Ogdóada], donde se celebra la boda de los que han sido salvados...
  • Al final del mundo, los espíritus entran al Pleroma junto con Sophia, su Madre. Se produce el reencuentro de Sophia con su contraparte, el Salvador.
  • Todos ellos, reunidos con sus “contrapartes angélicas” entonces obtienen la “visión del Padre” y se convierten en Aeónes Intelectuales que entran en matrimonio en inteligible y eterna unión.
  • El Pleroma es la Cámara Nupcial para esa unión.
  • Entonces... “el fuego escondido en el mundo incendiará y destruirá toda materia y se consumirá a sí mismo al mismo tiempo convirtiéndose en Nada...” [Ver: Ireneo, AdvHaer 1:7:1]. El mundo físico [la Creación] dejará de existir, la deficiencia será eliminada y el proceso de restauración se completará.
2. La Gnosis del Mito:
  • A diferencia de la mayoría de las religiones, en el Mito Escatológico no hay eventos pospuestos para después de la vida. ¡Quien posee la Gnosis experimenta la restauración del Pleroma aquí y ahora!
  • Obtener Gnosis es comprendido como el renacer espiritual [Juan 3:6-7] “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez”.
  • Todas las fuentes valentinianas sobre la resurrección enfatizan que debe ser experimentada aquí y ahora... [EdeF 56:18-19; TrRes 49:9-35].
  • Dice el EdeF, 73:1-5: “Los que dicen que primero morirán y luego resucitarán yerran. Sino reciben primero la resurrección estando vivos, al morir no recibirán nada.” A través de la resurrección el ser humano material es llevado a la muerte y el nuevo ser espiritual se levanta... Con la muerte mata a la muerte por toda la eternidad.
  • Para los valentinianos, junto a la resurrección se comparte la ascensión, por lo que solían decir no encontrarse “ni en el cielo ni en la tierra”, sino “en las alturas más allá de todo poder”. [Ver: Ireneo, AdvHaer 3:15:2; 1:13:6; 2:30:1].
  • En la teología valentiniana, los 7 reinos inferiores o cielos se identifican con el reino del Alma (Psyche) mientras que el 8º es el reino del Espíritu. Por vía de la resurrección, el espiritual asciende más allá del “reino animado” del Demiurgo hasta el 8º Cielo. Dice Teódoto: “Aquel a quien Cristo da el segundo nacimiento es trasladado a la vida, en el Octavo” [ExcTeo 80:1].
  • No estando ya “en el cielo o en la tierra” [Ireneo, AdvHaer 3:15:2] el Gnóstico ya no está bajo el dominio del alma material (tierra) o del alma racional (cielo). Ha tascendido todo esto hasta alcanzar el estado de perfección espiritual mientras permanece en la carne. El EdeF dice, por ello, “Quien quiera que deje el mundo ya no estará restringido como piensa el mundo. Este estará obviamente por encima del deseo” [65:27-30]. En la edición de Trotta lo encontramos así: “El que sale del mundo no puede ser ya aferrado, pues él estaba en el mundo manifiestamente por encima de la pasión de... y el miedo, él es señor de..., es superior a la envidia. Cuando... viene, ellos lo aferran y lo oprimen. Y, ¿cómo podrá él mostrarse a las grandes potencias que lo aferran? ¿Cómo podrá esconderse de ellos? A menudo hay algunos que dicen: Nosotros somos creyentes, para poder escapar de los espíritus impuros y los demonios. Pues bien, si tuvieran el Espíritu Santo, ningún espíritu impuro se les adheriría.”
  • Lo anterior es una descripción de lo que los eruditos llaman “psicanodias”, esto es, viajes de ascenso realizados por las almas, frecuentes en los textos gnósticos. Los arcontes son concebidos como controladores implacables a los que es necesario sortear.
  • También hablan los valentinianos de reunirse con su ángel para entrar en el Pleroma, mientras aún están físicamente en el mundo... La reunificación, o ser vinculado al ángel, está a la vez ligado a la resurrección. Dice el EdeF, “Por esto vino Cristo, para rectificar la separación acontecida desde el principio, y de nuevo unirlos a los dos; y para dar vida y unir a los que habían muerto por la separación” [70:15-18].
  • A través de Gnosis, dice Teódoto: “Somos levantados igual que los ángeles, restaurados a los varones, miembro a mienbro, para formar una unidad” [ExcTeo 22:2]. El elegido, dice Ireneo, “ha entrado al Pleroma y ha abrazado a su ángel” [AdvHaer 3:15:2]. Valentín lo dice así en el EvVer: “Y el Padre está en ellos y ellos están en el Padre, siendo perfectos, siendo indivisibles en el verdaderamente bueno, de nada necesitan, sino que permanecen en reposo, refrescados por el Espíritu”. [42:27-33].
  • En la teología valentiniana, la materia se deriva y es idéntica a la ignorancia. Para Valentín, aquel que recibe Gnosis, el Conocimiento de Dios, se purga de la materia y ¡provoca la disolución del mundo material!
  • Valentín describe el proceso en el EvVer: “... Puesto que la deficiencia se produjo porque se ignoró al Padre, entonces cuando se conoce al Padre la deficiencia dejará de existir” [24:28-32] y el “desde ese momento no se manifiesta más la forma, sino que se disolverá en la fusión de la Unidad” [25:1-6]. Todo lo demás, dice el texto... “Es en la Unidad donde cada uno se realizará, en el conocimiento (Gnosis) se purificará de la multiplicidad en la Unidad, consumiendo la materia (ignorancia) en sí mismo, como una llama, y la oscuridad por la luz y la muerte por la vida” [25:10-20].
  • Para aquel, la experiencia del mundo es ahora completamente transformada. Termina el EdeF diciendo: “Y además, cuando sale del mundo ya recibió la Verdad en imágenes. El mundo se transformó en Eón, pues el eón es para él plenitud...” [86:11-14].
  • Así entonces, el proceso escatológico se logra con la Gnosis. Se elimina completamente la distinción escatológica entre futuro y presente; “el ser, la sociedad y la historia se absorben todos en la íntima experiencia de Dios”.
  • Esto es, lo que estuvo separado (Conciencia-I. Personal-I. Colectivo), todo se fusiona en una sola experiencia de orden absolutamente íntimo.
  • A esto se le llama “escatología realizada”. La experiencia gnóstica de la restauración de la totalidad y de la disolución del mundo en el presente, aquí y ahora. ¡Para quien posee la Gnosis, el fin del mundo ha llegado! Estos consideran las ideas católicas sobre el fin del mundo y la resurrección física como una interpretación absurda.
  • El mundo en sí mismo es una ilusión que se disuelve una vez que la persona es restaurada en el Pleroma por medio de la Gnosis. Esta escatología realizada es considerada una de las principales características del pensamiento gnóstico sobre el mundo y la salvación. Ella representa el fin de la ilusión, el verdadero finis gloria mundi.
3. Mito e Iniciación:
  • En la escuela valentiniana el Bautismo y la Iniciación jugarán un importante papel. Se sabe que la conversión al valentinianismo no era un proceso fácil. Sólo aquellos considerados “espiritualmente maduros” eran recibidos en los “Misterios”. Según Tertuliano [Contra los Valentinianos 1] “la instrucción podía durar cinco años o más antes de que la persona estuviera lista para ser iniciada”.
  • Los sacramentos eran símbolos e imágenes del proceso de redención interna [EdeF 67:9-12, “La verdad no vino al mundo desnuda...”]. Por ello, el ritual iniciatorio valentiniano está cuidadosamente construido y paralelo al mito escatológico.
  • Bautismo... es el primer estado de la iniciación. El bautismo está vinculado a la resurrección de los muertos. En la inmersión la persona participa simbólicamente de la muerte y resurrección de Cristo [EdeF 69:25-26 y 73:1-7], “Grande es el bautismo pues si se recibe se vivirá”. Lo viejo y pecador se lleva a la muerte y lo nuevo se levanta. Hay aquí un proceso de cambio de identidad, valores e imagen.
  • En la ExpVal se describe al bautismo como un “descenso” [en el agua o inmersión], que es el símbolo de una progresión, un “éxodo” hacia el Aeón. Marca el inicio de la transición “desde lo creado hasta el Pleroma”.
  • Unción... continúa tras el bautismo. El aceite para ungir era considerado símbolo de la Luz y el “dulce olor que está por encima de todo” [Ireneo, AdvHaer 1:21:3]. Al parecer la unción está relacionada con la “Restauración”. En la fórmula de la restauración que se recita como parte de la unción de una persona, ésta renuncia a sus nexos con el mundo físico [Ireneo, AdvHaer 1:21:3].
  • Ascensión a través de los 7 cielos... La unción es seguida por las plegarias para el ascenso del alma por los 7 cielos [Ireneo, AdvHaer 1:21:5 y Primer Apoc de Jaime 32:29-36:1]. Estas oraciones se describen como “Redención”. En este simbólico ascenso, la persona declara que su origen es “el Uno Pre-existente” y renuncia a la autoridad del demiurgo.
  • Eucaristía... que es la “fiesta de bodas” del salvado [ExcTeo 63:1] y se lleva a cabo el domingo, el “octavo día” (octavo cielo). El pan se asocia al alimento verdadero y viviente que es el Cristo [EdeF 55:6-13; 73:19-25 y 63:1]. El vino es la total gracia del Espíritu Santo [Ireneo, AdvHaer 1:13:2; EdeF 75:17-18], recibiendo así la “carne espiritual” y la sangre del cuerpo de la resurrección [EdeF 56:26-57].
  • Imposición de manos... que al parecer sigue a la eucaristía. Se le dice al iniciado: “permite que la semilla de la luz more en tu cámara nupcial. Recibe a tu novio y tómalo contigo y déjate tomar por él” [Ireneo, AdvHaer 1:13:3]. Aquí se considera que la contraparte angélica toma y posee al iniciado [EdeF 86:4-6].
  • De esta manera los valentinianos experimentaron simbólicamente proceso de redención descrito en el mito. A través del bautismo compartieron la resurrección. Con la unción y con las oraciones de redención “ascendieron” más allá del reino de la materia y del alma. En el octavo día (domingo) participaron de la “fiesta de bodas” que es la eucaristía. Con la imposición de manos recibieron su ángel (contraparte) en la cámara nupcial (“Que la paz sea contigo para que participes de la Luz”).
  • El Mito Valentiniano de la caída en el sufrimiento por vía de la ignorancia y de la restauración de la totalidad a través de Cristo se pueden entender como una descripción metafórica de la experiencia gnóstica. Para ellos, la experiencia expresada a través del mito era real y a través de la Gnosis y del ritual era posible experimentar los eventos descritos.
Así, el mito no es solamente una historia. Es la descripción metafórica de la experiencia de la Redención.

La Suma y Resta de Valores

Introducción al tema de los
Valores del Alma: Esencia, Personalidad y Yo Psicológico.


"La muerte es una resta de quebrados. Terminada la operación matemática lo único que continúa son los valores.
Los valores en la luz astral se atraen y repelen entre sí de acuerdo con las leyes de la imantación universal.
Nosotros somos puntos matemáticos en el espacio que servimos de vehículo a determinadas sumas de valores.
Dentro de la humana personalidad de cada uno de nosotros existen siempre estos valores que sirven de basamento a la Ley de Recurrencia."


Samael Aun Weor
La Gran Rebelión

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?

La lectura lineal ha sido siempre la respuesta a las inquietudes humanas durante la era de Piscis, sobre todo en lo que se refiere a los fenómenos psicológicos. Hemos abordado los paradigmas de nuestra psicología con una sencilla fórmula: dos más dos es igual a cuatro.

De la misma manera, cuando un individuo ha disfrutado de su existencia y llega el momento de la muerte, se produce una ecuación matemática. Para algunos, ante tal fenómeno, la respuesta inmediata es que ahí nunca hubo nada, solamente energía eléctrica, uniones dendrita-axón, eso es todo, nunca hubo tal alma… Otros, por su parte, dirán que sí existe algo más, porque hay personas que han salido de su cuerpo y experimentaron lugares, porque fueron visitados post mortem por supuestos familiares, etc.…

De Kether a Malkuth, nos dice la plantilla del mitologema universal, a pesar de no existir ningún paso si hay una gran fragmentación, y que en Malkuth vivimos en el mundo de los cinco sentidos experimentando realidades emocionales y mentales totalmente fragmentadas. Explica el mito que la labor del héroe consiste en seguir los pasos del hijo pródigo y regresar, para lo cual primero tendrá que solventar la fragmentación “sumando números naturales” hasta recuperar la unidad, pues el regreso del hijo pródigo no puede ser fragmentado.

La visión del héroe descendiendo, el tema característico de todo mitologema, es lo mismo que comenta la psicología profunda cuando explica que somos la punta de un iceberg, el consciente, de la cual conocemos solamente una quinta parte. Por debajo tenemos el inconsciente, que ocupa las cuatro quintas partes de la totalidad.

Así, dentro del mundo de la fragmentación, todo lo que creemos conocer de nosotros mismos le llamamos la persona. Allí se encuentra aquél que se ha creído para sí todo los papeles que juega su personalidad: el profesional, el padre de familia, el ciudadano, el esoterista… Y este personaje se mueve entonces de acuerdo a los mecanismos de su personalidad.

Pero, ¿qué es esta personalidad? ¿Hay algo más allá de ella? ¿Existe una realidad más profunda para cada cual?

¿Qué es la personalidad? Simplemente memorias. Memorias motoras como el lenguaje, emocionales, intelectuales, instintivas, etc. La personalidad es, por supuesto, zodiacal. Depende de la fecha y hora del nacimiento. Se espera de ella lo que astrológicamente aporta el planeta que le influencia. Ese planeta padrino que se encontraba irradiando a todo el sistema exactamente en el espacio-tiempo donde fulano nació, hace que penetre en la primera inhalación una vibración o frecuencia específica, que junto con las vibraciones de los demás planetas produjeron el combo de potencialidades de memorias. A lo largo de su vida, fulano ha acumulado una serie de memorias, buenas y malas, que conforman su personalidad. Si fulano tuviera un accidente y la región de su cerebro sufriera daño, podría quedar amnésico y necesitaría recuperar las memorias poco a poco nuevamente, desde aquellas relacionadas con el aparato motor (comer, caminar) hasta las de su propia identidad. Porque es en el cerebro donde se asientan las memorias.

Hija del tiempo y del espacio es, como toda personalidad. Tiene un día para nacer y otro para morir. Y ¿qué pasa con todas esas memorias acumuladas? Se perdieron. ¿Qué queda del filósofo, del estudioso, del lector de teorías y repetidor de conceptos? No queda nada. Muchos otros individuos nacieron al mismo momento que fulano, en el mismo lugar. Pero se convirtieron en sacerdotes, en delincuentes, otros en médicos, etc. Algunos se entregaron al trabajo por los demás. Otros hicieron fortuna para sí mismos. Es otro juego, otra suma y resta a la que llamamos los valores psicológicos.

Existe un mundo colectivo de valores que se conectan con cada personalidad, como un magma genérico que conecta muchos volcanes y en donde existen muchas posibilidades, y muchas memorias. Cuando fulano se deshace y se pierde la estructura, ¿adónde se van los valores?

Cuando fulano muere acaba la personalidad, la cima del iceberg. ¿Y sus valores? Dice el maestro Samael en la conferencia Retorno, Recurrencia y Reencarnación: “Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas. Desgraciadamente ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede. […] Así pues, la Ley del Eterno Retorno de todas las cosas se combina siempre con la Ley de Recurrencia… El pasado se proyecta hacia el futuro a través del callejón del presente. Reencarnación es muy diferente. La doctrina del Gran Avatar Krishna enseña que sólo los dioses, semidioses, reyes divinos, titanes y devas se reencarnan. La palabra Reencarnación es muy exigente; no se debe usar de cualquier manera: nadie podría reencarnificarse sin haber antes eliminado al Ego, sin tener de verdad una Individualidad Sagrada. … la Reencarnación sólo es posible para aquellos que ya lograron en cualquier ciclo de manifestación la unión gloriosa con la Súper Alma. Absurdo sería confundir la Reencarnación con el Retorno. Sería caer en un desatino de la peor clase afirmar que el Ego -legión de yoes tenebrosos, siniestros e izquierdos- pueda reencarnarse.” Y dice en Tarot y Kábala que la muerte es una suma y resta de valores, por hecha la operación, desaparece.

Disgregado el marco, los valores se recogen nuevamente. Interesante es reflexionar en el tipo de valores que hay ahí. Son valores contradictorios. Qué bueno que todos fueran buenos, altruistas, pero hay valores de la sombra de los que mejor no hablar. Entonces se forma un nuevo iceberg, y con él nace una nueva personalidad.

Al momento de la muerte, aquél quedó en el cementerio y ni siquiera trazas de astrología quedaron. Solo quedaron valores. Valores que cuando empiezan a ser reconectados van cargando el peso del fulano, y se van manifestando conforme las circunstancias se van presentando propicias, se van desenvolviendo. Empiezan los valores no comprendidos, instintivos, ciegos, a manifestarse a través de una nueva personalidad.

El estudio y la comprensión de estos elementos es lo que conforma la psicología gnóstica, psicología del trabajo interior. Cada vez que decimos que todo se repite no erramos en el concepto, pero debemos reflexionar con detenimiento en qué es lo que se repite. La personalidad muere, y si podemos aceptar que lo que retornan son ciertos valores, tenemos la posibilidad entonces de perder la importancia personal, y podemos empezar a entender el trabajo que hay que hacer.

La importancia de esta reflexión radica en considerar que dos más dos no da cuatro, lo cual significa que las estructuras, tal y como las conocemos, definidas a la medida de la personalidad, del temor, de la dependencia, se derrumban ante los nuevos paradigmas de la psicología revolucionaria de la nueva era de Acuario.

Reflexionemos entonces, con una mentalidad abierta, con una apertura propia de la revolucionaria psicología acuariana, las explicaciones que da el Maestro Samael sobre los componentes esenciales que conforman el drama de la existencia humana.

Conciencia e Inteligencia

Citas del V.M. Samael sobre la necesidad de desarrollar la Inteligencia.

Necesitamos ser inteligentes, y la inteligencia solo despierta en nosotros cuando despierta la conciencia. Es necesario que los estudiantes abandonen el miedo para que aprendan a pensar por sí mismos. El miedo es una de las barreras para la inteligencia. La mente humana está degenerada por el miedo y el dogmatismo y se hace urgente regenerarla mediante la libre iniciativa espontánea y libre de miedo.
Educación Fundamental, Cap. 1

La gente que internamente tiene muy pocos valores espirituales, la gente internamente pobre, busca siempre fuera algo para completarse. Todo viejo enfermo y pobre en lo psicológico está por lo común lleno de miedo, y se aferra con ansia infinita al dinero, a las tradiciones de familia, a los nietos, a los recuerdos, etc., como buscando seguridad. La gente con miedo imita a todos aquellos a quienes se apega. La mente de las gentes es como casa cerrada y sellada con siete sellos, casa donde nada nuevo puede ocurrir. Lo nuevo solo puede ocurrir donde no hay miedo, donde no existe la imitación, donde no existe apego a las cosas.
Educación Fundamental, Cap. 2

Esta pues demostrado que el miedo y la búsqueda de la seguridad se encuentran íntimamente asociados. Hoy en día el miedo y la búsqueda de seguridad han convertido al planeta Tierra en un espantoso infierno. Todo el mundo teme, todo el mundo quiere seguridades.
Educación Fundamental, Cap. 6

En la comprensión verdadera, profunda, en la íntima comprensión de fondo sólo hay presión íntima de la conciencia, presión constante nacida de la esencia que llevamos dentro y eso es todo.
La comprensión auténtica se manifiesta como acción espontánea, natural, sencilla, libre del proceso deprimente de la elección, pura, sin decisiones de ninguna especie. La comprensión convertida en resorte secreto de la acción es formidable, maravillosa, edificante y esencialmente dignificante.
La acción basada en la recordación de lo que hemos leído, del ideal al que aspiramos, de la norma de conducta que nos han enseñado, de las experiencias acumuladas en la memoria, etc., es calculadora, depende de la opción deprimente, es dualista, se basa en la elección conceptual y solo conduce inevitablemente al error y al dolor.
Eso de acomodar la acción a la recordación, eso de tratar de modificar la acción para que coincida con los recuerdos acumulados en la memoria, es algo artificioso, absurdo, sin espontaneidad, y que inevitablemente conduce al error y al dolor.
Educación Fundamental, Cap. 13

Vivir exclusivamente en el nivel superficial sin tener en cuenta los distintos terrenos y regiones más profundos de la mente, significa de hecho atraer sobre nosotros y nuestros hijos miseria, llanto y desesperación.
La mayor necesidad, el problema más urgente de cada individuo, de cada persona, es comprender la vida en su forma unitotal, integral, porque solo así estamos en condiciones de poder resolver satisfactoriamente todos nuestros íntimos problemas particulares.
Sin la comprensión de nosotros mismos la mera ocupación, oficio o profesión, nos lleva al dolor y a la búsqueda de evasivas.
Cuando se quiere reducir toda la vida a una técnica, a una profesión, a un sistema para ganar dinero, el resultado es el aburrimiento, el fastidio y la búsqueda de evasivas.
Educación Fundamental, Cap. 34

Ante todo es urgente empezar a comprender a fondo y en todos los niveles de la mente, que no tenemos individualidad verdadera, que no tenemos un centro permanente de conciencia.
Aquello que origina la ilusión de la unida e integridad del animal intelectual es por una parte la sensación que tiene su cuerpo físico, por otra parte su nombre y apellidos y por último la memoria y cierto número de hábitos mecánicos implantados en él por la educación o adquirido por simple y tonta imitación.
Educación Fundamental, Cap. 35

Nosotros afirmamos que la conciencia en el hombre es fuera de toda duda y sin temor a engañarnos, una especie muy particular de aprehensión de conocimiento interior, totalmente independiente de toda actividad mental.
Quienes confunden la conciencia con las funciones psicológicas, pensamientos, sentimiento, impulsos motrices y sensaciones, realmente están muy inconscientes, duermen profundamente.
Normalmente las gentes no son concientes de sí mismas. La ilusión de ser concientes en forma continua nace de la memoria y de todos los procesos del pensamiento.
Si queremos despertar conciencia necesitamos empezar por examinar, estudiar y luego eliminar todos los obstáculos que se nos presentan en el camino.
Educación Fundamental, Cap. 37

martes, agosto 05, 2008

La Atención Plena

Samael Aun Weor, extracto de la conferencia Meditación en Tercera Cámara.

Desafortunadamente, hermanos, no es tan fácil estar atentos, surge inevitablemente eso que podríamos llamar “inatención”. Hay pues dos estados, el de atención y el de inatención, ¿comprendido? Si queremos estar atentos, surge lo opuesto, la inatención. ¿Y qué es lo que causa la inatención? Obviamente, los “yoes” que cargamos dentro, ¿verdad?
Recuerdos, deseos, emociones, pasiones, acontecimientos del día, del mes, del año o de los años, memoria, rencores, resentimientos, etc., eso es obvio. ¿Qué hacer entonces con toda esa multiplicidad del “yo”? ¿Qué hacer con esa inatención? ¡Observarla, mis caros hermanos, observarla! Cuando uno serenamente observa todas las fases de la inatención, cuando de verdad las mira en forma detallada y sin tomar partido por esto o por aquello, en esa misma observación de lo que es inatento surge la “real atención”; cuando ésta surge, la mente queda quieta y en silencio. Quiero que ustedes sepan que cuando la mente está quieta, que cuando la mente está en silencio, adviene lo nuevo; eso es claro. En esos instantes la Esencia se desembotella para experimentar en el mundo de lo real, y en esa, o en esos –mejor dijera– estados de lucidez plena, venimos a experimentar cierto elemento que transforma radicalmente, que nos da ánimo, que nos refuerza para la batalla, para la lucha, ¿entendido?

[…] Cuando uno está observando lo que hay de inatento, surgen naturalmente diversas cosas: cualquier pensamiento debe ser debidamente comprendido y olvidado, cualquier deseo, cualquier sentimiento, todo lo que vaya apareciendo, después de ser comprendido a fondo, debe olvidarlo. Es claro que la procesión esa, de deseos, pensamientos, emociones, etc., tiene un comienzo y tiene un fin.

[…] Distíngase entre lo que es una mente que está quieta a la fuerza, violentamente –es decir, que está aquietada a la brava, como dijéramos– y lo que es una mente que realmente está quieta de forma espontánea y pura. Distíngase entre una mente que está silenciada violentamente, y una mente que está en silencio. Cuando la mente está aquietada violentamente, no está quieta, lucha por moverse en sus fondos más profundos, y cuando la mente está silenciada violentamente tampoco está en silencio, grita en sus fondos; total, ese camino así resulta estéril. La quietud y el silencio deben surgir en forma espontánea y pura. Surgen cuando la procesión esa de recuerdos, pasiones, deseos, defectos, etc., concluye. En esos instantes es cuando la Conciencia logra desenfrascarse para vivenciar lo que es Real, Eso que no es del tiempo, Eso que es la Verdad.

[…] Pues bien, la atención plena, mis caros hermanos, nos da precisamente la lucidez del espíritu. La atención plena nos lleva a una quietud natural, espontánea y simple de la mente; la atención plena nos lleva a un silencio bellísimo, muy profundo de la mente. Lo curioso es que cuando uno está verdaderamente atento, cuando realmente está en silencio, ni siquiera se da cuenta que está en meditación. Aquélla quietud y silencio es tan natural o son tan naturales, que se olvida uno de que está practicando un ejercicio. ¡Bendito olvido! Porque cuando eso sucede viene la iluminación, el Samadhi. Ved por ejemplo hermanos, lo que sucede cuando uno está arrobado contemplando un cuadro de la Naturaleza, o una película que le interesa, o a la mujer amada, o a un amanecer, un anochecer; si realmente está uno arrobado en aquello, en esos instantes hay atención plena. Instantes de esos son los que necesitamos para llegar realmente a la iluminación. Hay que crear en la meditación el clima favorable para una atención así, tan plena, y se crea ese ambiente favorable cuando se observa a fondo lo inatento. Entonces viene, de hecho, la atención natural, y eso es lo indispensable para llegar a la verdadera iluminación interior, mística, profunda.

martes, octubre 02, 2007

Revelación y Muerte (2ª Parte)

Los Arrepentimientos de Sophia:
Observación-Comprensión-Eliminación


«Oh! Luz, si piensas en mi pecado no seré capaz de estar frente a ti, y tú me abandonarás. Pero tú, Oh! Luz, eres mi salvador; pues por la luz de tu nombre he tenido fe en ti, Oh! Luz. Y mi poder ha tenido fe en tu misterio; y aún más, mi poder confió en la luz cuando se encontraba entre aquellos de las alturas; y confió en ella cuando se encontraba en el caos de abajo. Deja que todos los poderes que hay en mí confíen en la luz ahora, cuando estoy en la obscuridad de abajo, y que puedan confiar de nuevo en la luz si llegan a la región de la altura.»

Pistis Sophia, Cap. 44, Sexto Arrepentimiento.

Haciéndonos eco de las palabras de aquellos más adelantados en el camino, entendemos hoy gracias a su experiencia, que en el arrepentimiento están presentes los tres instantes de la muerte: observación, comprensión y eliminación. La muerte es cuestión del instante presente, no necesita de tiempo ni de espacio.

«Ya, poco a poco, hemos intuido que cuando se medita en la técnica Mo-Chao, lo que pretendemos es encontrar un estado de conciencia determinado. Por ejemplo, nos dimos cuenta que en la meditación Mo-Chao, la auto-observación no es simplemente un concepto, es una experiencia directa, un estado de conciencia. Que la comprensión es también otro estado de conciencia. Y que por consiguiente la eliminación del Yo, con todo lo que implica remordimiento, arrepentimiento, es indiscutiblemente un estado de conciencia. Por lo tanto, debemos ver siempre la Gnosis como distintos estados de la conciencia. Estado de conciencia que penetra toda cosa, en un tiempo determinado, y con una determinada frecuencia, y que llamamos el camino de la Revelación, porque es la enseñanza directa de la conciencia a la conciencia.»(1)

Como dice el autor de ésta cita, cuando un instructor comprende esto, en vez de preocuparse tanto por transmitir conceptos intelectuales, se ocupará de transmitir su propia comprensión de la enseñanza, compartiendo y generando entonces estados de conciencia. Este aparentemente simple detalle es el que a la postre hará la gran diferencia, porque entonces depositará la responsabilidad en cada quien, haciendo del trabajo psicológico no un mero divertimento intelectual, ni una preocupación egóica, sino una experiencia mística, un estado de conciencia.

El alcance de un trabajo así es formidable. Permite a un instructor entender que la transmisión del conocimiento no tiene nada que ver con enseñar conceptos, sino más bien con la experimentación de estados interiores. «Mas que transmitir conceptos intelectuales tenemos que hacer de cada conferencia un estado de conciencia. De hecho todo el programa [de estudios gnósticos]… no son más que estados de conciencia.» De esta manera la transmisión de la enseñanza será de acuerdo a estados psicológicos muy íntimos cuyo fundamento será la conciencia y no el «yo» ni la conceptualización intelectual, y la presión la ejercerá el propio trabajo interior, no el instructor.

Lo anterior transforma fundamentalmente la labor del instructor o misionero, quien deja de ser un simple transmisor de conceptos o un intermediario entre una doctrina y un grupo de estudiantes. El misionero asume entonces su responsabilidad y se convierte en aquel que ha constatado el camino y en cuyo trabajo y experiencia, en cuya misión, se refleja la gnosis misma. Porque la misión es, fundamentalmente, recorrer un camino, y muy poco o nada tiene que ver con servir de refugio ante la desilusión de la vida. Es así como entendemos aquella maravillosa enseñanza que nos dice que «cuando no estamos en el camino, nos debemos a nosotros mismos; cuando estamos en el camino nos debemos al camino mismo.»(2)

La experiencia de trabajar con la meditación Mo-Chao y con los «Arrepentimientos» ha sido fundamental para muchos misioneros, entre ellos quien escribe estas líneas. Es un trabajo que le ha dado cohesión a años de estudio de una doctrina que en ciertos momentos desembocó en perjudiciales dependencias psicológicas, de esas que han mantenido a muchas instituciones. Ha sido una manera de entender que el proceso gnóstico de la revelación es una responsabilidad íntima que cada quien debe asumir y que tiene que ver con la madurez espiritual y que cuando no se produce, la experiencia degenera entonces en retóricas equivocadas y la lamentable pérdida de tiempo.

El Maestro Samael expresa la importancia de la dinámica de la revelación en su lenguaje sincretista, propio de quien ha vivido el camino intensamente:

«Si se posee la Gnosis de los grandes Misterios arcaicos es porque al dinamismo revelador del Ser algunos hombres muy santos lograron aproximarse debido a su lealtad doctrinaria.»

Fidelidad al Avatara y a su Gnosis es lo que motiva estas reflexiones, porque la enseñanza del Venerable Maestro Samael es tan clara que no necesita de interpretaciones. Porque a ella solamente es posible acercarse mediante la revelación íntima y esta revelación no puede ser acomodada a los intereses personales y está llamada a trascender incluso a las instituciones mismas.

El abismo es cada vez más grande entre esa tradición que nos enseña el Maestro Samael en el capítulo X de «La Doctrina Secreta de Anáhuac» y la experiencia de la moderna «ortodoxia» gnóstica con sus planteamientos moralistas. Y es solamente a través de la experiencia mística, de la Revelación Interior, que es posible trascender ese abismo, como ya lo hicieron antes los grandes maestros espirituales gnósticos, «escapando valientemente del imperio del demiurgo».

(1) R. Vargas, La Tercera Cámara y el Despertar de la Conciencia.
(2) R. Arapé, Enseñanzas Esotéricas.

Revelación y Muerte (1ª Parte)

Revelación Íntima y Retórica del Ego

«En la comprensión verdadera, profunda, en la íntima comprensión de fondo sólo hay presión íntima de la conciencia, presión constante nacida de la esencia que llevamos dentro y eso es todo. La comprensión auténtica se manifiesta como acción espontánea, natural, sencilla, libre del proceso deprimente de la elección, pura, sin decisiones de ninguna especie. La comprensión convertida en resorte secreto de la acción es formidable, maravillosa, edificante y esencialmente dignificante.»

Samael Aun Weor, Educación Fundamental.

En su audiencia general del 28 de marzo de este año, el papa Benedicto XVI hace un palmarés de la figura de uno de los principales padres apostólicos, Ireneo de Lyon. En ella destaca su labor como «campeón de la lucha contra las herejías»: «La iglesia del siglo II –dice- estaba amenazada por la “gnosis”, una doctrina que afirmaba que la fe enseñada por la iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, pues no son capaces de comprender cosas difíciles; por el contrario, los iniciados –se llamaban “gnósticos”- podían comprender lo que se escondía detrás de estos símbolos y de este modo formarían un cristianismo de élite.» Pero la obra de Ireneo va más allá de sus refutaciones, hasta convertirse en el primer «gran teólogo» de la iglesia, iniciador de toda una doctrina sistemática cuyo centro descansa en la «regla de la fe» y su transmisión. Así, dice Ireneo, «no hay una doctrina secreta detrás del Credo… no hay un simbolismo superior para intelectuales…», refiriéndose a los gnósticos y de esta manera deja claramente establecido que solamente existe «esta fe sencilla».

La clásica refutación de Ireneo al gnosticismo parte de su irritación por la profusión de «textos inspirados» atribuidos por los gnósticos de su época a la «revelación íntima». Hoy podemos, gracias a algunos de esos textos que componen la Biblioteca Gnóstica de Nag Hammadi, y a la obra del Maestro Samael Aun Weor, no solo entender lo que significa la revelación de lo Alto, sino sobre todo comprender que la actitud del obispo de Lyon no nos debe ser extraña y más bien debiéramos entenderla como un síntoma propio de la ausencia de revelación.

Dice el Maestro Samael en el capítulo X de «La Doctrina Secreta de Anáhuac»:
«Incuestionablemente, Gnosis es el conocimiento iluminado de los Misterios divinos reservados a una élite. […] No está demás en este Tratado aclarar en forma enfática que el Gnosticismo es un proceso religioso muy íntimo, natural y profundo. […] El correlato de este Conocimiento es la intimidad infinita de la persona, el Ser.»

Y agrega más adelante: «La revelación gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva; excluye radicalmente las operaciones intelectuales de tipo subjetivo y nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos fundamentalmente sensoriales. […] Conocerse a sí mismo es haber logrado la identificación con su propio Ser divinal.»

Cuando estudiamos profundamente este capítulo en la obra del Maestro Samael, entendemos el peligro que surge al poseer un conocimiento tan particular. La gnosis es, en el fondo, revelación mística, y solamente por esa vía es posible constatarla. Así entonces, cuando un estudiante gnóstico, instructor o misionero no atraviesa por este proceso, la «gnosis» tiende a convertirse en una creencia, en una simple doctrina, en un estudio, y finalmente adopta la forma de dogma de fe.

Para el obispo de Lyon sus refutaciones contra las herejías estaban plenamente justificadas, y más allá de cualquier otra consideración sobre su papel histórico como precursor del canon de la ortodoxia, podemos decir que desde el fondo de su ser Ireneo estaba plenamente convencido de la veracidad de sus acciones. Efectivamente, actúa en defensa de la fe que profesa, y la defiende contra aquellos que se atribuyen poner en movimiento la peligrosa dinámica de la revelación.

Esta actitud de Ireneo, que le lleva a generar toda una retórica justificatoria, contrasta plenamente con su incapacidad de producir revelación. Y es este, exactamente, el problema que nos merece reflexionar. ¿Hasta qué punto encontramos en nuestra experiencia gnóstica actual modernos Ireneos? ¿Hasta dónde podríamos quedar convertidos en uno de ellos? ¿Hasta qué punto podemos ser instrumento para convertir la enseñanza en un dogma de fe? Solamente es posible encontrar respuestas cuando confrontamos estos dos aspectos: Revelación Íntima y retórica del Ego.

La base de la estructura planteada por Ireneo como respuesta a la revelación gnóstica estuvo claramente inmersa en el miedo. Y conociendo sus nefastos resultados, debemos estar prevenidos del peligro de caer inconscientemente en estas prácticas equivocadas. En el fondo, como sucedió con el obispo de Lyon, es la propia incapacidad de producir revelación, de producir Gnosis, la que puede llevarnos a buscar alternativas en la retórica del ego.

Resultará interesante leer este capítulo (La Retórica del Ego) en el libro «La Revolución de la Dialéctica», para reflexionarlo desde la perspectiva de su manifestación dentro de los grupos gnósticos. Entenderemos entonces que uno de los aspectos doctrinarios más propensos a caer dentro de esta retórica es el trabajo mismo con el yo. El trabajo psicológico, básicamente, como su nombre lo indica, es un trabajo sobre el alma (psikhe, alma; y logos, estudio), que lamentablemente, cuando queda reducido a la esfera de la retórica adopta entonces la tan fatídica «dinámica yoísta», matizada por el miedo, la amenaza, la negatividad, el derrotismo, el sentimiento de culpa, el escarnio, la falsa moral que dicta lo que es correcto y lo que no lo es y tantos otros problemas que lamentablemente lo único que han logrado es alimentar el apetito voraz de los detractores de Samael y sentar las bases de lo que podría llegar a convertirse en un nuevo dogma de fe. Esta dinámica errónea manifiesta, en el fondo, la ausencia total de alma, la ausencia total de Sophia. Ahí es donde radica el problema.

No debemos pasar por alto que el «yo» como tal no tiene sentido, no tiene valor, no es importante. Solamente tiene sentido en cuanto Esencia que es necesario liberar, manifestar. La experiencia de las últimas tres décadas ha demostrado que la didáctica de la muerte de yo, desprovista de la revelación interior, de la mística, de la experiencia de Ser, no solamente ha sido enormemente superficial, sino también generadora de problemas y hasta divisiones institucionales. En una dinámica así no es extraño que el «yo» termine utilizando los temas de la gnosis para su propia manifestación.

La polaridad de nuestra mente es la que nos impide tener conciencia de nuestra totalidad, provocando entonces la identificación con una sola parte de nuestra realidad, el «yo». Y esta situación hace que perdamos de vista aquella otra parte que también compone nuestra realidad, el «Ser». El trabajo psicológico como tal y sus resultados dependen definitivamente de la dinámica en la que se lleva a cabo. En los «Arrepentimientos» encontramos una magnífica didáctica que nos permite trabajar de manera equilibrada y obtener resultados insospechados.

lunes, septiembre 10, 2007

El Camino del Corazón

“Todo lo que hay en el cielo y en la tierra lo he dispuesto para ti, salvo el corazón humano que he destinado para habitación de mi belleza y gloria. Sin embargo diste mi hogar y morada a otro y no a mí, y cada vez que la manifestación de mi santidad buscaba su propia residencia, encontrando allí a un extraño y no hallando hogar, partía presurosa hacia el santuario del Amado. No obstante he guardado tu secreto y no he deseado tu vergüenza.”
Bahá’u’lláh

[Reflexiones personales inspiradas en un artículo de C. Bourgeault publicado en la revista americana Parabola]

En las tradiciones y escuelas de conocimiento se nos plantea el problema del hombre como producto de una deficiencia, de un desequilibrio. Ese desequilibrio se manifiesta como la presencia de un algo o de un alguien dentro del hombre que se opone a su progreso espiritual, a la posibilidad de recuperar el perfecto equilibrio.

Esta deficiencia, “yo” o “entidad egóica” es descrita por el M. Samael como “un nudo en el libre fluir de la energía”. Su alimento esencial es la energía psíquica.

Junto al alimento físico que ingerimos y al aire que respiramos, las impresiones representan la energía psíquica vital para la supervivencia. Y como sabemos, la ausencia de cualquiera de estos tres alimentos resultaría en la muerte: por inanición, por sofocación o por desgaste psíquico, pérdida total de la energía vital.

Interesante resulta la manera en que esta entidad egóica se las arregla para mantener sus reservas. Lo primero que ataca es la capacidad de la conciencia llamada auto-reflexión. De esta manera se produce como resultado la polaridad sujeto-objeto, esto es, la separatividad, que será entonces el motor del sistema egóico. El yo se crea una identidad particular, y a la vez una serie de expectativas para esa particular identidad, creando entonces un sistema de necesidades, con una estructura definida para lograr sus objetivos. Si en su empeño el resultado es exitoso, experimentaremos avivamiento y significado para nuestra vida. Si el resultado es la frustración, experimentaremos desaliento y desanimo.

Este sistema, así descrito, funciona bajo el principio del placer-dolor. En este sistema la entidad egóica busca el placer, que se experimenta como la afirmación de sí mismo, que asegura su continuidad, y trata de evitar el dolor, como desaliento, frustración y fin de su persistencia. Y es importante entender que este sistema contempla también una búsqueda de realización espiritual, que podríamos relacionar con lo que la tradición cristiana llama “la paz que viene de la carne”. Recordemos las palabras de los hesicastas cuando dicen: “Debes odiar toda paz que provenga de la carne. Renuncia a esta vida para que puedas estar vivo para Dios”.

Pero lo más interesante es que en nuestra sociedad, esta paz que viene de la carne es considerada como “bienestar”, y se convierte entonces en un principio fundamental de lo que se considera salud mental. Este bienestar, que ha sido definido en parámetros estrictamente del sistema egóico, y su experimentación como “avivamiento”, “felicidad”, o la realización de los objetivos de la vida, se consideran señal de que se vive una vida correcta, en tanto que la depresión, la frustración etc., es considerada una señal de que algo está fallando. Obviamente, esta será siempre una estructura cuya valoración es siempre parte del sistema egóico, de sus intereses, y se juzgará en términos del bienestar que le produce al yo.

Sin embargo ya observaba el budismo desde hace mucho tiempo que el placer y el dolor son solamente los extremos de un único y mismo movimiento. En tanto alguien planifique y programe su vida en términos de la auto-estima y la auto-afirmación, aún cuando sea en servicio de la más genuina y noble causa, seguirá girando siempre alrededor del sistema egóico. El mismo M. Samael habla sobre los círculos mecánicos que se generan dentro de las escuelas esotéricas, círculos estériles en cuanto a resultados de un trabajo serio, donde la información o conocimiento solamente se incorpora a la mecánica de la existencia. Viéndolo así, lamentablemente mucho de lo que se considera espiritualidad contemporánea, y sobre todo “nueva era”, no es otra cosa que un refinamiento del ego y sus necesidades.

En su Tratado de Psicología Revolucionaria nos habla el M. Samael sobre un tipo de energía muy particular, que va más allá de esa energía natural de la vida que la perpetúa de generación en generación, y por consiguiente más allá de la estructura egóica. Es una energía vivificante que viene de arriba, “de lo alto”, y que como dicen los místicos, “llena al individuo en oración y meditación, en actos de sacrificio y en la participación de los sacramentos”. El Maestro le llama el Pan Supersubstancial, el “Pan de lo Alto”.

Aquel que aprende a alimentarse de este pan, desarrolla entonces un sistema de vida que nada tiene que ver con el placer y el dolor que caracteriza la estructura egóica. Dicen los místicos que quien de él se alimenta “se mueve sin consideración al dolor y al placer, el placer no lo aviva, y el dolor no lo disminuye”.

Dice el M. Samael que “Ser es mejor que existir…” y que nuestra legítima existencia es “un No Ser, un No Existir para la razón humana…”. Es este Ser, como lo define el Maestro, algo que va más allá de la dualidad propia de la estructura egóica, y por consiguiente se le percibe en la tradición espiritual como una “nada”, un “no hacer”, un “silencio”, un “reposo”. El asiento de esta experiencia se halla en el reino de la contemplación, en el corazón que es uno. Y cuando esta experiencia necesita manifestarse en el hacer, se mueve entonces fuera de su centro, utilizando la estructura del mundo de la misma forma que un maestro del arco y la flecha utilizaría la técnica apropiada para atinar perfectamente en el blanco. El alimento de esta experiencia del Ser la describe Jesús en el evangelio de San Juan como “hacer la voluntad de mi Padre”. Así, aquel que se alimenta del pan supersubstancial, aprende a vivir en el mundo sin estar en el mundo, como dirían los gnósticos de los primeros siglos.

Ahora podemos entender por qué son muy pocos los que se atreven a recorrer este camino, que nos lleva más allá de la seguridad egóica. La Gnosis, como verdadero camino del corazón, implica una “rendición”, un verdadero “arrebatamiento”, que supone el sacrificio del reino de la entidad egóica y del “bienestar personal”. Dice el M. Samael que “Sólo la vida impersonal y el Ser nos pueden dar la legítima felicidad de la Gran Vida libre en su movimiento”.

Sin embargo el mundo, y la estructura de la personalidad que le sostiene, conforman un estadio necesario en el proceso de desarrollo de la conciencia. En la personalidad está depositado el karma, dice el M. Samael, y entendemos entonces que es a través de su estructura que se ejercita el destino humano. Por ello, encontramos que en los caminos espirituales, la estructura del mundo y de la personalidad no es un error ni una ilusión, sino que es el expresivo vehículo del tremendo dinamismo del Creador.

Pero es claro que esta estructura solamente podría servir los propósitos de la manifestación divina cuando el asiento de la propia identidad está más allá de la entidad egóica, en un lugar más profundo, ilimitado e indivisible, que no esté sujeto a manifestación de la dualidad, y que todas las tradiciones coinciden en ubicar definitivamente en el corazón, el lugar de conciliación de todas las dicotomías.

Para los Padres del desierto, maestros de la filocalia, es indispensable generar un atributo de “doble atención”, no en el sentido de mantener la mente en dos cosas a la vez, sino más bien como una forma de magnetizarse y ser mantenido en la presencia del Dios, en la presencia del Ser, mientras que al mismo tiempo se está completamente presente en las demandas externas de una determinada circunstancia. Dice el M. Samael que la sabia combinación de estados interiores con eventos exteriores es “saber vivir inteligentemente”. Esta es la doble atención, una separación interior que genera verdadera capacidad de concentración, un estado de presentitud. Solamente en este estado es posible experimentar la “oración incesante del corazón”.

Esta experiencia de sentir el corazón magnetizado surge entonces como consecuencia de una constante práctica de meditación, considerada en toda tradición espiritual como la vía de la transformación, que nos permite desapegarnos de la estructura egóica para abrirnos directamente a la experiencia del Ser. Particularmente aquella meditación donde el énfasis no es tanto la concentración de la mente, sino más bien la rendición de la voluntad. Al escribir sobre esta práctica, a la que el Maestro llama Mo-Chao, dice, “El sentimiento de sereno, trasciende a eso que normalmente se entiende por calma o tranquilidad, implica un estado superlati¬vo que está más allá de los razonamientos, deseos, contradicciones y palabras; designa una situación fuera del mundanal bullicio. Asimismo, el sentido de reflexión está más allá de eso que siempre se entiende por contemplación de un problema o idea. No implica aquí actividad mental o pensamiento contemplativo, sino una especie de conciencia objetiva, clara y reflejante, siempre ilu¬minada en su propia experiencia”.

Así, mientras la capacidad de “doble atención” aumenta dentro de nosotros, entonces somos capaces de aplicarla más consistentemente en las circunstancias externas de la vida, aprendiendo a reconocer esa energía o presencia del Ser en cualquier circunstancia que se presente, aún en medio de la adversidad.

Como la experiencia de la semilla en tierra, son así las circunstancias que permitirán que aquella se rompa haciendo brotar la planta. Este necesario proceso se describe en el evangelio a través de las tentaciones de Jesús, particularmente la negativa de “convertir las piedras en pan”, o de nutrirse a sí mismo con la estructura egóica. Pero primero será necesario el desdoblamiento de la verdadera identidad, y entonces vendrá la posibilidad del apartamiento de todo aquello que no es esencial.

Cuando el corazón está listo, es imposible para él no emerger. Es fundamental entender esto, pues no es concentrándonos en los detalles de la entidad egóica como podremos resolver el problema, sino comprendiendo que ella depende de una estructura que alimentamos diariamente con la energía dispersa de nuestro corazón. Nuestro verdadero objetivo es entonces el trabajo espiritual. Con él, la estructura egóica cae por su propio peso cuando ya no tiene sustento. La labor más importante que siempre nos han inculcado los maestros espirituales es la de aprender a alimentar pacientemente el corazón.


"Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era la mía. Ahora, mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaaba de peregrinos, tablas de la Ley y pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el Amor es mi credo y mi fe".
Ibn' Arabi (1165-1240)

martes, agosto 14, 2007

Justa Medida, Justa Proporción y Equilibrio Perfecto

Estas son unas reflexiones sobre el capítulo 55 del libro Pistis Sophia Develado, del Maestro Samael Aun Weor, que originalmente envié vía email a un hermano misionero como producto de nuestro trabajo con el grupo gnóstico de Cartagena, Murcia. Ahora les he dado una forma más articulada para publicarlas en esta página pues creo que pueden ser de utilidad a otros que también meditan sobre estos textos.
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Me parece que el capítulo 55 de Pistis Sophia es toda una reflexión sobre la naturaleza del mundo y la creación. La principal característica de esta creación es el dualismo, que se representa a través de la ley de los opuestos, pero también a través de la pérdida del equilibrio, de la justa proporción. Esta pérdida de la justa proporción se convierte en lo que nosotros llamamos ley de causa-efecto. Ya sabemos que karma solo es posible conciliarlo cuando se alcanza el equilibrio en peso, número y medida. Todo este capítulo nos habla sobre ese equilibrio perfecto. Dice Sophia:

22 Pues ellos arrebataron mi luz y mi poder, y mi poder se desplomó internamente, de manera que no puedo estar erecta en su centro.
23 He llegado a ser como materia caída, arrojada de aquí, y de allá, como un demonio en el aire.
24 Mi poder ha perecido porque no poseo misterio; y mi materia ha menguado por falta de luz, pues ellos me la han arrebatado…”
(El énfasis es mío).

En un trabajo anterior titulado La Religión Gnóstica, incluí esta reflexión sobre el inicuo:

“Esta pérdida del equilibrio que se manifiesta como derecha e izquierda implica una diferenciación de aquello que lo es todo y a la vez nada. Ese desequilibrio produce un resultado inmediato: causa-efecto. Como si fueran un par de agujas, esta ley teje el destino de ese momento en adelante. El desequilibrio convierte a quienes están en él en inicuos, pues la proporción, la medida justa es reflejo de la equidad…

“Por ello, como dirá el M. Samael, nunca se está más cerca del cielo y del infierno como cuando se está junto al Quinto de los Siete, de la misma manera que solamente aquel que descansa sobre el fiel de la balanza, guarda equidistancia con ambos platillos, porque El Es el Equilibrio Perfecto.”


Es interesante que en las consideraciones sobre Judas y las 30 monedas, en Hechos de los Apóstoles se dice que Judas, “adquirió un campo del salario de su iniquidad”, información que se completa con la del Evangelio de Mateo, cuando dice que con las 30 monedas Judas compra un “campo de sangre” llamado aceldama (que en arameo quiere decir eso, campo de sangre) “para sepultar a los extranjeros”. Aquí es donde iniquidad se entiende como maldad, injusticia; contrario a la equidad o justicia. De esta manera, el inicuo es lo contrario al que es equitativo, esto es, el inicuo es aquel que ha perdido el equilibrio. Y se entiende que ese campo de sangre es en realidad la creación, donde las semillas (átomos simientes), como extranjeros, serán sembradas (enterradas) para que atraviesen por el necesario proceso.

Ahora, este equilibrio, justa medida y correcta proporción -que por cierto fue el tema principal del arte, la ciencia y la filosofía del renacimiento- se representa en el mito gnóstico a través de las dicotomías, pero sobre todo a través de la dinámica luz-tinieblas y acción-consecuencia. Estos dos aspectos, luz-tinieblas y acción-consecuencia, son los que básicamente trata el M. Samael en este capítulo de Pistis Sophia. La desproporción luz-tinieblas se relaciona con Anticristo, “el administrador de la obscuridad mayor”; y la desproporción causa-efecto evidentemente con el León de la Ley.

Menciona en este capítulo el Maestro temas muy fuertes: “Demonius est Deus inversus, el demonio es Dios a la inversa. El infierno es la matriz del cielo. En el Averno está la otra cara de Dios. El Averno es la sombra de la Luz.” Todos estos adjetivos que califican de alguna manera la naturaleza misma de luz-tinieblas como aspectos complementarios. Al respecto he encontrado este valiosísimo (y peligrosísimo) texto del Maestro Samael en su conferencia La Sabiduría del Ser:

“Recordad que existen dos tipos de tinieblas. A la primera la denominaremos oscuridad del silencio y del secreto augusto de los sabios; a la segunda la calificaremos de oscuridad de la ignorancia y del error. Obviamente, la primera es la súper-oscuridad. Indubitablemente, la segunda es la infra-oscuridad. Esto quiere decir que las tinieblas se bipolarizan y que lo negativo es tan sólo el desdoblamiento de lo positivo.

Por simple deducción lógica, los invito a comprender que Prometeo-Lucifer encadenado a la dura roca, sacrificándose por nosotros, sometido a todas las torturas, aunque sea el fiel de la balanza, el dador de la luz, el guardián de las siete mansiones, que no deja pasar sino a aquellos que han sido ungidos por la sabiduría –que portan en su derecha la Lámpara de Hermes, se desdobla inevitablemente en el aspecto fatal de la multiplicidad egoica, en esos agregados psíquicos siniestros que componen nuestro “yo” y que han sido debidamente estudiados por el Esoterismo Tántrico Budista. Con esta explicación, señores, considero que ustedes han entendido mis palabras.”
(El énfasis es mío.)

Hemos estado reflexionando sobre el yo mismo como producto de la desproporción. El yo, que no puede ser un elemento ajeno a la creación, ni tampoco importado de quién sabe qué lugar, ese yo no es otra cosa que el resultado de la desproporción, las cristalizaciones negativas del fuego o cristalizaciones desproporcionadas. De hecho, todo yo evidencia una deficiencia, siendo ésta no otra cosa que señal de desequilibrio. Cuando se produce un desequilibrio en cualquier parte del Árbol de la Vida, ese desequilibrio se transforma entonces en deficiencia, y es normal que en el plano de las Formaciones esa deficiencia se vea como una forma negativa, amenazante, que llega incluso a racionalizarse como enemigo externo. Sin embargo, la deficiencia no deja de ser un desequilibrio que solamente es posible corregir cuando se restituye el equilibrio.

Así, por ejemplo, el deseo sería una desproporción de la plenitud, pues quien se siente pleno no desea nada más. Apreciar la belleza es magnífico, pero su desproporción se convierte en el deseo de poseer aquella belleza y de utilizarla para satisfacción personal. Una persona puede tener cosas y, como dice el Maestro, eso no significa ningún delito. Pero el apego y el deseo de poseer más cosas, siempre “algo mejor” o “algo más” (desde cosas materiales, un coche, una casa, etc., hasta conocimiento y experiencias internas) sería una desproporción.

La creación misma, como explica el Maestro, es producto de la desproporción, de la pérdida de equilibrio. Con el inicio del desequilibrio de las gunas viene entonces el universo manifestado. El Baghavad Gita lo expresa así: "Aunque no tengo nacimiento, soy inmutable y señor de las criaturas; dominando mi prakriti, me encarno, sirviéndome de mi propia maya". Dice el Maestro que este desequilibrio de las gunas se produce “en los adeptos” cuando se da la división de los sexos, esto es, cuando se deja el estado de Unidad y se cae en la dualidad. Ahora todo se debate entre esa dinámica de las oposiciones. Este texto védico describe de una manera muy interesante el proceso de diferenciación de las gunas:

«Todo era tamas (en el origen de la manifestación considerada como saliendo de la indiferenciación primordial de Prakriti, porque todo estaba en inercia, en estado uniforme, de reposo, sobre lo que no actúa ninguna fuerza, o como diría el M. Samael, en equilibrio.) Él (es decir, el Supremo Brahma) mandó un cambio, y tamas tomó el tinte (es decir, la naturaleza) de rajas (el intermediario entre la obscuridad y la luminosidad); y rajas, habiendo recibido un nuevo mandato, revistió la naturaleza de sattva».

Es interesante destacar esto del texto: Todo era Tamas, lo que refiere al hecho, como bien dice el Maestro, de que todo surge de la oscuridad del silencio augusto de los sabios, el reposo de los gnósticos, la nada indiferenciada. Tamas entonces se transforma en Rajas, que es el mediador entre lo que serán de ahora en adelante luz-tinieblas. Y finalmente, gracias a ello, Sattva, la luz y la inteligencia, reviste entonces la naturaleza, lo que podría considerarse en el mito gnóstico como la caída de Sophia en la creación. Por esto los gnósticos relacionan a Sophia con Baphometo, el “bautismo de la sabiduría”, gracias a quien se “realiza el milagro de hacernos humanos”, esto, es de que sea posible la salvación.

La principal característica de este Baphometo, como Mercurio que es, es la de fragmentar y disolver, para después volver a aglutinar y coagular. Este Hermes Mercurio, el Tres Veces Poderoso, se revela así en este texto alquímico:

“Yo Mercurio, soy el dragón venenoso que está en todas partes... Mi agua y mi fuego destruyen y unen... Pero si no tienes conocimiento exacto de mi, destruirás tus cinco sentidos con mi fuego. De mi boca brota el veneno que ha matado a miles. Soy también el carbunclo del Sol, la tierra más noble y pura, a través de la cual podrías transformar el cobre, el hierro, la lata, y el plomo en oro.”

Y se entiende entonces esta magnífica descripción de lo que significa la Gran Obra:

"La materia prima, en la que las partes contrarias, todavía aisladas, se oponen violentamente, pero que poco a poco pasarán a un estado de perfecta armonía, bajo la forma de la piedra filosofal. Al principio unimos, después corrompemos, disolvemos lo que ha sido corrompido, purificamos lo que ha sido disuelto, reunimos lo que ha sido purificado y lo solidificamos. De esa forma el hombre y la mujer devienen uno."

Finalmente entonces, reflexionamos en la creación como el producto del desequilibrio. Por eso la desproporción, llamada el inicuo, es el príncipe de este mundo. El equilibrio, en cambio, reina en el otro (mundo) como oscuridad, vacío, reposo, equilibrio perfecto, inercia. Una vez que se pone en juego el mecanismo, la dualidad, el teje y desteje, entonces todo depende de esa dinámica. Andrés es esa parte que tiene que ver con esa dinámica, la mezcla de leyes y fuerzas, como explica el Maestro en el capítulo 45 de Pistis Sophia. Andrés sería el de la “mezcla perfecta” que reduce todo al “número perfecto”.

domingo, marzo 04, 2007

El Ser Libertador de América

¿Ves ese mar que abarca la tierra de polo a polo? -le dice a Cristóbal Colón su maestro-. Un tiempo fue el Jardín de las Hespérides. Aún arroja el Teide reliquias suyas, rebramando tremebundo cual monstruo que veía en campo de matanza. Acá luchaban titanes; allí florecían ciudades populosas... Hoy, en marmóreos palacios, congreganse las focas, y de algas se visten los prados donde pacían las ovejas...”

Samael Aun Weor
La Doctrina Secreta de Anáhuak

El “descubrimiento” de América, que supone entonces la existencia de una “cuarta parte” del mundo, hace que para el hombre occidental se derrumben las cadenas que él mismo había forjado. América ahora surge en el horizonte histórico como el país del porvenir y de la libertad. Un nuevo concepto geográfico surge. Cuatro continentes conforman ahora una misma tierra, con todas las implicaciones que ello conlleva, geográficas, morales, históricas y espirituales.

Hasta entonces, la división tripartita de la tierra (Europa, Asia y África), conocida como el Orbis Terrarum o Isla de la Tierra, había servido al propósito de los padres de la iglesia, quienes veían en ella el símbolo de la trinidad, de la repartición de la tierra entre los hijos de Noé, de la adoración del niño por los tres reyes. En esta concepción, Europa es sede de la cultura y asiento de la cristiandad y su historia es el único devenir humano que tiene un verdadero significado.

Al par aparece la idea de un Orbis Alterius, las antípodas u otras tierras, de las que se dudaba que existieran pero que aún así se consideraban. El problema con estas “otras” es que contradecía la idea dogmática de la procedencia original y única del género humano como descendientes de Adán. Por ello San Agustín se ve obligado a negar la existencia de las antípodas y, si las hubiere, a negar que estuvieran habitadas.

En el siglo XV el mundo como globo terráqueo es ante todo la morada cósmica del hombre, al que los griegos denominaron “ecumene”. Partiendo de la idea dogmática del hombre siendo creado por Dios a partir de la tierra, la tierra es entonces su “lugar natural”. Por eso al Orbis Terrarum se le calificó de “nuestra tierra” para diferenciarla de otras (orbis alterius). Entonces, aún suponiendo que estos otros orbes estuvieran habitados, lo sería por entes que no cabrían dentro del género humano. Encontramos aquí el antecedente conceptual de la polémica acerca de la humanidad o no del indio americano.

Ahora bien, el mundo no se concebía como del hombre para el hombre, sino de Dios y para Dios. El océano era considerado el límite cósmico del mundo, que pertenecía a Dios. El hombre vivía entonces como un inquilino en una parcela que le había sido ofrecida pero que no le pertenecía. El hombre aparece como un prisionero del mundo, que ni siquiera puede llamar suya a la cárcel en que vive. A esta concepción se le llamó Insularum Domini: la imagen insular del mundo (desde Homero y Babilonia), siendo el significado de ínsula “casa ofrecida en alquiler”, y del nombre (Insularum Domini) la relación del casero y del inquilino.

Lo anterior cobra enorme importancia a la luz del mito, sobre todo porque las tierras que Colón empieza a mostrar acaban por convertirse en un “nuevo mundo”, y reflejan un cambio de actitud en donde el hombre se concibe con posibilidad de Ser, más que como algo que ya está definido. Su mundo es ahora un campo de infinitas posibilidades, frontera de conquista, crisol de incesante transformación.

El significado histórico y ontológico del viaje de Colón en 1492 consiste entonces en dotar a las tierras que encontró de la pertenencia al Orbis Terrarum, dotándolas de ese Ser. Este viaje representa el primer episodio de la liberación del hombre de su antigua cárcel cósmica y de su servidumbre, de una manera arcaica de concebirse a sí mismo que ya había dado todo lo que tenía que dar. América adviene, así, como el escenario de la libertad y del futuro, donde el hombre americano se manifiesta como el futuro Adán de la cultura occidental.

La tesis de la apologética o demostración del dogma católico hizo que al indio americano se le acomodara al paradigma cristiano de la época, estimándole como una forma de vida (la del indígena) “de alto rango”, pero que no trascendía la esfera de las posibilidades del hombre y que, habiendo permanecido al margen de la enseñanza del evangelio, no podían los indios realizar su “verdadera humanidad”. Esto les redujo a los indígenas americanos la posibilidad de recibir los valores de la cultura europea quedando su cultura reducida a un substrato. El paso siguiente sería la implantación de las formas de vida europea, la intolerancia del catolicismo y de las instituciones políticas y sociales españolas.

Mientras que en la “otra América” el modelo europeo se había prácticamente transfigurado en un nuevo orden social, un nuevo tipo de hombre histórico que sería reconocido como el americano por antonomasia; el resultado para la América Latina fue un “desequilibrio ontológico” que generó una toma de conciencia de un ser distinguible del hispánico, un “criollismo”.

Dice el profesor Martínez Paredes (Un Continente Una Cultura) que fue esta... “una cultura y una civilización sui generis, única en su tipo, razón por la que arrancando de tan hondo puede conseguirse una visión más clara de la vida del hombre colocada en los marcos de la prehistoria, protohistoria y la misma historia, tan maltratada por los cronistas que imbuidos de una disciplina y de una moral cristiana tuvieron necesariamente que deformar a su modo todo lo que de aquellos pueblos contemplaron al desembocar en las costas del nuevo continente...” Y agrega: “... en lo tocante a la cultura pre-americana, además del nexo atlante... hay un signo característico común, y es el pensamiento serpentino, cuyos matices podemos encontrarlos no solamente en el territorio mexicano sino en todo el continente”.

viernes, febrero 16, 2007

Lux in Tenebris Lucet (I)

EL PODER TRANSFORMATIVO DE LAS TINIEBLAS

"La materia prima, en la que las partes contrarias, todavía aisladas, se oponen violentamente, pero que poco a poco pasarán a un estado de perfecta armonía, bajo la forma de la piedra filosofal. Al principio unimos, después corrompemos, disolvemos lo que ha sido corrompido, purificamos lo que ha sido disuelto, reunimos lo que ha sido purificado y lo solidificamos. De esa forma el hombre y la mujer devienen uno." [1]


Es una lástima que Occidente creara instituciones y estructuras para cerrar a las personas la experiencia de la oscuridad, de la sombra y las tinieblas. La luz, se nos dijo en la era de Piscis, está representada por el Jesús histórico y toda la estructura que alrededor suyo creó la ortodoxia. Todo está fuera, todo está arriba, todo es bello y hermoso. Pero nadie nos dijo que era necesario descender a las tinieblas para ver la luz atrapada que debía algún día ser liberada.

Si hay equilibrio, volverás para ver la luz. Sino, permanecerás en las tinieblas. [2]

Olvidamos entonces que el camino era hacia dentro, que a toda subida le precede una bajada, a toda exaltación le precede una humillación, y creímos que todo era hacia el ¡Yo Soy!, los decretos positivos, los ángeles, las luces, las sensaciones... mientras que por dentro nos esperaba siempre... la sombra, lo inevitable.

Occidente y su religiosidad pisciana inculcó siempre el pensamiento de las ovejas del redil, rechazando tajantemente la sabiduría de la parábola de la oveja perdida, aquella que atreviéndose a perderse, fue rescatada por aquel que la amó más que a las noventa y nueve.

Uno no llega a la iluminación imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. [3]

Ante esta situación será siempre importante recordar que el evitar algún aspecto de la realidad es indicativo de que el individuo, y el colectivo, tiene un problema irresoluto con ese aspecto rechazado, que en su conjunto conforman los elementos que echa de menos en su conciencia y le hacen sentirse incompleto.

En esta relación, el entorno hace las veces de espejo en el que nos vemos a nosotros mismos, y especialmente, a esa parte sombría que no podemos ver en nosotros. Así, el reconocimiento precisa inevitablemente de la polaridad.

Sin embargo es muy importante entender que el reflejo solo sirve de algo a aquel que se reconoce en el espejo, porque de lo contrario se convertiría en una ilusión.

Aquel que escucha la palabra y no la hace, se asemeja, realmente, al hombre que se mira en un espejo, y luego da la espalda y se retira. [4]

Uno tiende a pensar, y a veces está plenamente convencido, de que esa sombra es todo aquello que hay que desterrar del mundo para que éste estuviera bien. Y pensando así nos auto engañamos, sin darnos cuenta de que es todo lo contrario, que en la sombra está todo lo que hace falta para completarnos y que el problema interno radica en la deficiencia que provoca el desequilibrio por los elementos desterrados.

La narración del mito egipcio trata este problema de la deficiencia. Osiris, el Rey, ha sido asesinado por Set. El aspecto sombrío de Osiris, cuya figura simbólica es sin duda su eterno enemigo y matador, le ha fragmentado en catorce pedazos, y arrojado al Nilo, a la corriente embravecida de la vorágine de la creación. Asesinado Osiris, el reino queda a expensas de Set. Entonces el Rey espera al salvador para que le restituya en su trono. Será su hijo Horus el único que podrá lograr primero la reunificación de las partes fragmentadas, y finalmente la reunificación de los imperios, cuando logre sellar, junto a Set, la unión del Alto y Bajo Egipto, restaurando la unidad.

En el mito del Grial, es el rey Anfortas el que, herido por su enemigo Klingsor, cae en la desgracia. La razón de su mal es la causa de su herida: la naturaleza de su sombra. Al no poder integrarla, la herida nunca cicatriza. Solamente Parsifal, el que va por el medio, es capaz de formularse la pregunta sobre la enfermedad del rey. La sola pregunta acerca de la sombra, de lo más íntimo y recóndito, acerca al hombre a su lado oscuro generando un extraordinario poder curativo. Parsifal es aquel que ha confrontado valerosamente sus más profundas reconditeces, las oscuras profundidades de su alma. Solo ese que no teme al viaje por la oscuridad se convierte en el auténtico soter y redentor. He aquí la razón de las luchas terribles de los héroes mitológicos.

La sombra produce una deficiencia que se manifiesta como enfermedad, sea psíquica o somática, esto es, del alma o del cuerpo. Y solamente confrontando la deficiencia es posible restituir el equilibrio, hasta alcanzar la perfecta proporción.

El discernimiento o comprensión de la realidad del Ser, necesita inevitablemente de la polaridad, del dualismo. Este dualismo, a su vez, impone la obligación de decidir y cada decisión divide la polaridad en una parte aceptada y en otra rechazada. La parte aceptada se traduce en la conducta asumida conscientemente. La parte rechazada se convierte en la sombra que reclama atención y que aparece, aparentemente, como proveniente del exterior.

_________________________
1. Breve Tratado sobre la Piedra Filosofal, 1778
2. Antiguo ritual iniciatorio
3. C. G. Jung
4. Samael Aun Weor

El Cristo Gnóstico en los Evangelios de Felipe y Tomás

La biblioteca gnóstica de Nag Hammadi (NHL por sus siglas en inglés), es una colección de 13 códices conteniendo 52 textos de variada antigüedad. La recopilación, encontrada en 1945 en el pueblo egipcio de Nag Hammadi, antiguamente llamado Kenobóshkion, data probablemente del siglo IV y se trata de traducciones originales del griego al copto realizadas seguramente por los monjes del monasterio de San Pacomio, fundado en ese lugar allá por el año 320 d.C. Se cree que a raíz del edicto de Atanasio, obispo de Alejandría, en el año 367 d.C. prohibiendo la lectura de escritos no aprobados por la iglesia ortodoxa; los monjes locales encuadernan estos 13 volúmenes, los sellan en una urna y los entierran.

Solamente cuatro textos de la NHL son llamados evangelios, a saber: el Evangelio de Tomás, el Evangelio de la Verdad, el Evangelio de los Egipcios y el Evangelio de Felipe. A diferencia de los evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), ninguno de ellos conforman una narrativa sobre acontecimientos relacionados con el ministerio público de Jesús. Más bien componen una recopilación de sus enseñanzas secretas.

El Evangelio de Tomás, por ejemplo, contiene las palabras de Jesús, que, según se especifica en su introducción, “son los dichos secretos que Jesús el Viviente ha dicho y ha escrito Dídimo Judas Tomás.” Este evangelio consta de 114 dichos o logión, que generalmente inician con las palabras “Jesús dijo…”. Por su parte el Evangelio de Felipe es considerado un trabajo gnóstico sobre los misterios sacramentales instituidos por Jesús, principalmente sobre el sacramento de la cámara nupcial.

Estos dos textos, Felipe y Tomás, son considerados como los principales de la NHL sobre el tema de la soteriología gnóstica, esto es, las enseñanzas gnósticas sobre el Salvador y la salvación. El contenido de este misterio, dirá el Maestro Samael, está encerrado en “la abertura del “Pneuma” o Espíritu Divino del hombre”.

“Autosalvarse es lo indicado y esto exige plena identificación del que salva y de lo que es salvado. /Lo Divino, que habita en el fondo del alma, la auténtica y legítima facultad cognoscente, aniquila al Ego y absorbe en su parusía a la Esencia y, en total iluminación, la salva. Este es el tema del Salvator Salvandus./El gnóstico que ha sido salvado de las aguas, ha cerrado el ciclo de las amarguras infinitas, ha franqueado el límite que separa al ámbito inefable del Pleroma de las regiones inefables del universo, se ha escapado valientemente del Imperio del Demiurgo porque ha reducido al Ego a polvareda cósmica.” [1]

El Salvador Gnóstico
El Salvador Salvandus


Será importante antes de entrar en las reflexiones de los textos considerar el significado y la necesidad de la salvación en el contexto gnóstico, al par de la manera como fue asimilado dentro de la estructura de la ortodoxia.

Desde su origen en los tiempos apostólicos, la ortodoxia asoció siempre la idea de la salvación con el concepto del pecado. Según esta concepción, desde el momento de la creación y los acontecimientos relacionados con el mito de Adán y Eva, el Jardín del Edén y las circunstancias relacionadas, la humanidad es culpable de haber pecado. La condición entonces de toda la raza humana es afectada por la naturaleza pecadora de la primera pareja y su contravención al creador. Este será el concepto general del pecado dentro de la ortodoxia, y será a raíz de este pecado original y por las trasgresiones personales que Dios ha tenido que enviar a su hijo Unigénito, a quien ha debido sacrificar en la cruz para liberar a la humanidad de la carga del error.

Los gnósticos, por su parte, no niegan las consecuencias de los errores cometidos por la humanidad, pero reconocen en ellos la consecuencia de no atinar, esto es, de haber errado el blanco del equilibrio, de la justa proporción, de la perfección y la acción correcta, esto es, la norma del peso, el número y la medida. Entendían el significado del término pecado como lo que es, fallar el blanco , traducción del vocablo griego hamartia, término que se toma del arte de la arquería. Cuando se yerra es porque se ha fallado, y de la misma manera cuando se yerra espiritualmente, se falla espiritualmente, lo cual genera consecuencias.

Al estudiar el mito de la creación, se entiende que más allá de las consecuencias del pecado, aquellos gnósticos observan una equivocación existencial que se manifiesta como una anomalía que trastoca todo el sistema. Una situación cuyo remedio proviene de fuentes muy elevadas, mucho más allá de los designios o voluntades de la humanidad; de una fuente trascendental, razón por la cual las enseñanzas sobre la salvación y la restauración solamente pueden provenir a través del contexto gnóstico. Para ellos, en el curso de la creación, serios acontecimientos produjeron consecuencias terribles que resultarían en un estado de aprisionamiento para el alma. Al respecto dice el M. Samael:

“Entre los límites extraordinarios del Ser y del no Ser de la Filosofía se ha producido la multiplicidad o caída. /El mito gnóstico de la caída de Sophía (la divina Sabiduría) alegoriza solemnemente a este terrible trastorno en el seno del Pleroma.” [2]

Y para los gnósticos estará claro que el proceso de la salvación no es posible sin que haya una toma de conciencia, una necesaria reflexión existencial sobre la situación en la que nos encontramos. El despertar de la conciencia es de crucial importancia, y para lograrlo será necesario ir más allá de la simple creencia, será necesario alcanzar algo que se llama Gnosis.

En la visión gnóstica, el proceso de salvación y liberación es un esfuerzo conjunto que reclama la necesidad de que el hombre se eleve por encima de su inconsciencia, de sus tinieblas y de su miseria; y un esfuerzo de lo Divino, de lo Alto, representado en el descenso de la fuerza salvífica que en repetidas ocasiones, a lo largo de la historia, se ha manifestado. Es solamente gracias a esta conjunción o coniunctio del lenguaje alquimista, que es posible la salvación.

Esta conjunción, a la que el M. Samael identifica en el lenguaje gnóstico como la integración de la gracia y la verdad, es la esencia de la soteriología gnóstica. Gracia y Cristo, dirá el Maestro, se encuentran con la Verdad que surge del abismo, para integrarse perfectamente en el hombre etérico.

Lamentablemente en nuestros tiempos, el concepto de salvación se ha corrompido a tal extremo que su sola mención genera desconfianza. Sin embargo, soteria, el término griego que traducimos como salvación, liberación, del latín salvatio, significa literalmente sanar, componer, reunificar, completar. Así, el soter, el Salvador, es aquel que produce la reunificación, la totalidad, el que sana la grave condición del alma, prisionera del mundo de la dualidad, una condición que genera inevitablemente una patología , un sufrimiento.

El Mesías
Su Tradición y Su Revelación


La labor salvífica en la figura de Jesús se realiza por dos vías, constituyendo cada cual una parte del camino. Una es por vía de las enseñanzas del Mesías [3], aquel que poseyendo Gnosis, a través de sus enseñanzas y exhortos despierta la capacidad reflexiva de otras conciencias, generando intuitos, el descubrimiento, la eureka, como reflejo de las profundas realidades que el Mesías significa. La segunda es quizás más difícil de entender, pues el mundo moderno nos ha despojado de este tipo de prácticas. Es la experiencia de los misterios, la revelación de las verdades escondidas detrás de la tradición mesiánica, y que eleva a esta última a la categoría de una experiencia íntima. Ella, en sí misma, es la Gnosis.

“El gnosticismo es un proceso religioso muy íntimo, natural y profundo… El correlato de este conocimiento es la intimidad infinita e la persona, el Ser”. [4]

Este impulso espiritual que históricamente se relacionó siempre con los Mesías, y que tuvo sus representantes a lo largo de la historia, muchos de ellos asociados a las luchas por la liberación de los pueblos, a los éxodos de todos los tiempos, a los profetas, reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento, hasta la figura de Juan el Bautista como cabeza de la profecía; alcanza su punto culminante, su arquetipo más elevado en la figura de Jesús.

En el logión 52 del Evangelio de Tomás los discípulos le comentan al Maestro sobre los profetas de Israel que hablaron de su venida. Y Jesús les contesta: “Habéis dejado a un lado al Viviente que está ante vosotros ¡y habláis de los muertos!” En este pasaje se expresa la necesidad de pasar de la tradición a la revelación íntima, donde el Viviente puede verdaderamente intervenir y ejecutar su misión salvífica.

Este método de expresar la gnosis, que en sí mismo representa la naturaleza misma del conocimiento, la revelación íntima, permite que una tradición permanezca fiel a la enseñanza del Mesías. El M. Samael lo expresa en sus palabras:

“Si se posee la Gnosis de los grandes Misterios arcaicos es porque, al dinamismo revelador del Ser, algunos hombres muy santos lograron aproximarse debido a su lealtad doctrinaria.” [5]

En el Evangelio de Tomás (log. 13) se expresa mediante el pasaje entre Tomás y Jesús, cuando éste le eleva a la categoría de su gemelo: “Yo ya no soy tu maestro, puesto que has bebido y te has embriagado del pozo que bulle, que yo mismo he excavado…”

Es el poder espiritual del Cristo-Mesías el que produce una gnosis individual, una salvación individual o auto-gnosis, una revolución y un despertar que lleva a convertirse a aquel que lo vive en uno como él. Es esta revelación sobre su propia naturaleza y sobre la naturaleza misma de la creación, la que la figura del Cristo trae consigo, una revelación que estaba ausente antes de su venida.

De tal manera y con tal claridad expresaron los gnósticos su posición sobre la labor salvífica del Cristo. Para ellos, la creencia era solamente un sustituto que vino a llenar la ausencia de conocimiento, la ausencia de Gnosis. Su conocimiento no fue el de la literalidad, sus lecturas sobre la experiencia del Cristo jamás fueron horizontales, ese no es el propósito de las escrituras de Nag Hammadi. Su cometido es más bien producir una inducción a la experiencia íntima, trascendental y espiritual. La experiencia de aquel que sabe, porque le ha sido revelado. Aquél tipo de experiencia que Judas expresa cuando dice: “Conozco quien eres y de qué lugar procedes…” [6]
______________________
1. La Doctrina Secreta de Anáhuac, Cap. X
2. Ibíd.
3. Del hebreo Mesiah, aquel que ha sido ungido y elevado a la categoría de Rey.
4. S.A.W., La Doctrina Secreta de Anáhuac, Cap. X
5. Ibíd.
6. Evangelio de Judas.

miércoles, julio 19, 2006

Judas y el Sacramento Almoadziano

Dice el Maestro Samael que el mundo astral es el mundo de los “sacramentos”. Y en la conferencia titulada El Hombre y el Universo que le Rodea, menciona de manera particular uno muy interesante que vale la pena considerar ahora, sobre todo, a la luz de la “restaurada” figura de Judas. El Maestro lo llama el Sacramento Almoadziano.

“Mediante ese Sacramento, un Maestro (después de la muerte del cuerpo físico) puede vivir durante un año, materializado en el Mundo Tridimensional de Euclides (es decir, aquí en este Mundo Físico), para instruir a sus devotos...

¡Es tremendo ese Sacramento! El Adepto pondrá, dentro de su Copa o Cáliz, algo de su sangre, y sus discípulos (imitándolo) pondrán también sangre en ese Cáliz, mezclarán todo el conjunto de sangre; celebrarán un Rito, pero un Rito muy especial, en el que cada uno beberá del Cáliz y se verificará el Sacramento Almoadziano.”


Este ritual es particularmente importante sobre todo porque le permite al Maestro continuar la instrucción a sus discípulos después de la muerte de su cuerpo físico, materializando por un período de tiempo su cuerpo astral.

Existen, dice el Maestro, en la sangre arterial, corpúsculos de sangre sutil o astral, llamada Hanbledzoin. Mediante la liturgia mágica, se mezcla este elemento del Maestro con la de sus discípulos que celebran el rito, y se comparte como comunión mística. El Hanbledzoin del Ser de la sangre del Maestro llega a la parte astral de sus discípulos.

En su obra Relatos de Belcebú a su Nieto, capítulo 38, menciona Gurdjieff este importante sacramento y hace una referencia histórica interesante a otras ocasiones en que tuvo que ser celebrado, especialmente una, en el Tibet, cuando ante la inminente invasión de los ingleses al país de los Lamas, el grupo de siete sabios de la sabiduría de San Lama, sufrió la pérdida de su guía espiritual, heredero de los sagrados conocimientos de Tsong-Kha-Pa. Dice el Maestro Samael, al comentar este pasaje en su conferencia El Cristo Cósmico y la Semana Santa, que aquello fue un error gravísimo, una metida de pata, al abrirles las puertas a los invasores sin oponer resistencia alguna. Cuando los restantes seis Individuos Sagrados quisieron realizar el Sacramento Almoadziano, el resultado fue todavía peor, pues devino en un terrible accidente que no solamente acabó con la vida del grupo entero, sino de los tesoros de sabiduría que ellos, y principalmente su maestro, custodiaban.

Pero el relato más interesante sobre este sacramento es el que se hace de la Última Cena de Jesús con sus discípulos, sobre todo por el importante papel que Judas juega en la realización del ritual sagrado. Dice Gurdjieff en la obra mencionada...

“Sin embargo en realidad. Judas no sólo fue el más fiel y el más devoto de todos los seguidores más cercanos a Jesucristo, sino que sólo su inteligencia, su ingeniosidad y su presencia de ánimo permitieron que dicho Sagrado Individuo realizara todos los actos...”

Jesús entonces, según el relato, necesita realizar el sacramento Almoadziano con la finalidad de continuar la instrucción a sus discípulos, siendo que su vida está bajo la amenaza de las circunstancias. En el momento en que deciden realizarlo, están cercados por los soldados romanos prestos a realizar la detención del Maestro...

“Entonces fue cuando intervino Judas. Ese futuro santo, inseparable y fiel asistente de Jesucristo, y que es «maldecido» y «odiado» por los extraños seres tricerebrados de tu planeta, en su cándida estupidez, se expresó entonces y realizó el servicio por el cual los seres terrestres tricerebrados de todas las siguientes generaciones deberían estarle infinitamente agradecidos. Ese acto sensato y valeroso, cuya iniciativa tomó con devoción desinteresada, consistió en esto: en el momento en que no tenían ya esperanza alguna de poder realizar la preparación necesaria para después llevar a cabo el Almznoshinoo sagrado (el sacramento Almoadziano), el ahora San Judas se levantó de pronto y dijo:
«Voy a salir y haré lo necesario para que tengas la posibilidad de realizar sin obstáculo esa preparación sagrada; los demás, comenzad a trabajar sin demora.»
Dicho esto, se acercó a Jesucristo, y después de haber hablado con él en voz baja unos instantes, recibió su bendición y se fue. Los demás, por supuesto, pudieron llevar a cabo todo lo que exigía la realización del proceso sagrado de Almznoshinoo.”


El resto de la historia es de todos conocido...

martes, julio 11, 2006

Bankei: La Dualidad, la No-Lucha, el Nonato y la Mente Budha

Para Bankei la mente posee un dinamismo inherente. Es un vibrante espejo del mundo, que refleja en sí mismo todo lo que contempla y registra todo lo que refleja. Y al registrar, también puede evocar lo que ya ha contemplado. Las cambiantes circunstancias, que en sí mismas no son ni buenas ni malas, originan entonces incesantes permutaciones y combinaciones de reflejos, registros y recuerdos que en sí mismos resultan en la aparentemente incesante cadena de pensamientos y sentimientos que aparecen y se desvanecen para reaparecer nuevamente. Esta es, en sí misma, la actividad natural de la mente.

Sin embargo, el ser humano que no se atiene al Nonato, es impulsivo y hasta compulsivo, pues sufre del apego y dada la dinámica naturaleza de la mente, el apego viene a ser una condición antinatural y enfermiza, que le esclaviza a sus propias respuestas. Al querer aferrarse a ciertas impresiones pasajeras y evadirse de otras, queda entonces atrapado, fascinado en las redes del engaño que impiden el natural funcionamiento de la mente. Esta queda entones dividida contra sí misma y uno sucumbe ante la mecánica del placer y el dolor creando la dualidad, los pares de opuestos causantes de la ilusión y el sufrimiento.

Si uno en cambio dejara pasar todas las impresiones, estas no obstruirían ni perturbarían la conciencia de lo Nonato. De la misma manera que alguien que, concentrado en un discurso, sin embargo registra los sonidos y la actividad de los alrededores sin dejarse perturbar por ellos, aquel que deja pasar las impresiones se mantiene centrado en el Nonato, sin distraerse por el constante flujo. Para Bankei, dejar pasar las impresiones significa liberarse del mi no hiiki y del kiguse, esto es, el egocentrismo, la importancia personal y sus consecuencias, los malos hábitos, que en su conjunto constituyen la ilusión.

Este egocentrismo da lugar a un yo ilusorio, fabricado, que no es sino un tipo de reflejo. Su peligro radica en su capacidad de hacer que uno vea todas las cosas desde una perspectiva personal y en justificar esa óptica tan estrecha considerándola como “fundamental”, “razonable” y hasta “necesaria”, cuando en realidad es arbitraria y engañosa.

Esta perspectiva egoísta y caprichosa se alimenta y se sostiene de los hábitos negativos que se van adoptando conforme uno crece. Rodeados de seres imperfectos, uno imita las cualidades que se le muestran, hasta que alcanzamos la anómala condición de confundir estos hábitos por nuestra verdadera naturaleza. Con esto, la Nonata Mente Buda es obstaculizada y ensombrecida.

Siendo que el egocentrismo y los hábitos no son innatos, la identificación con ellos no es ni natural ni espontánea y por consiguiente se puede superar. Pero esto no es posible a través de la lucha o la represión pues esta es parte del complejo proceso que inicialmente nos atrapa. Más bien será necesario simplemente regresar a lo que realmente es, el Nonato.

El estado natural de la mente es solo uno, la Mente Buda. No son dos. Por ello cuando uno trata de detener la ira, el enojo, los pensamientos, la mente queda dividida entre lo que hay y lo que se quisiera que fuera, el pensamiento que surge y el pensamiento que dice que debe detener aquello que surge. Es como si persiguiéramos a alguien que se nos escapa, excepto que nosotros somos el perseguidor y el perseguido a la vez. Por ello la idea de detener el pensamiento es equivocada. Cuando no nos ocupamos más de esos pensamientos, cuando dejamos de hacer algo o no hacer algo al respecto, entonces surge la Mente Buda, el Nonato, la conciencia.

Basado en sus enseñanzas, Bankei rehusó imponer reglas, prácticas y rituales específicos que según él, fácilmente se convertían en hábitos y producían dependencia. También consideraba que en la práctica del koan, era en la espontaneidad del encuentro entre maestro y discípulo donde radicaba el Nonato, más que en su contenido. Y de la misma manera rechazó todo intento de formalizar el zazen [za sentarse y zen meditación] como una práctica específica de meditación pues entendía que ésta solamente era posible en la Mente Buda y que solamente cuando se experimentaba la Mente Buda se podía practicar el zazen.

Quizás por estas razones sus enseñanzas, más allá de producir una línea particular, fueron absorbidas por otras escuelas y su nombre no dejó una huella personal en la historia japonesa. Para Bankei, el nombre y la fama, el ritual y la formalidad, todos constituían apegos y dependencias que inevitablemente resultarían tarde o temprano en ilusión y sufrimiento. Para él, la única solución residía en la experiencia del Nonato, la Conciencia de Todos los Días.

El Peso del Pasado y la Pérdida de la Espontaneidad

Citamos al Dr. D.T. Suzuki, en Budismo Zen y Psicoanálisis:

"Mientras el inconsciente es instintivo, no va más allá de los animales o los niños. No puede ser el del hombre maduro. Lo que a éste último pertenece es el inconsciente adiestrado en el que todas las experiencias concientes por las que ha atravesado desde la infancia son incorporadas como constituyentes de todo su ser.

Quizás podemos decir esto: el inconsciente, en tanto que se relaciona con el dominio de los sentidos es el resultado de un largo proceso e evolución en la historia cósmica de la vida y es compartido por igual por animales y niños. Pero a medida que el desarrollo intelectual se produce, cuando crecemos, el dominio de los sentidos es invadido por el entendimiento y se pierde la ingenuidad de la experiencia sensible. Cuando sonreímos, no es solo sonreír, se añade algo más. No comemos como lo hicimos en nuestra infancia, el comer se mezcla con la intelección. Los simples hechos biológicos quedan contaminados por el interés egocéntrico.

Esto significa que hay ahora un intruso en el inconsciente, que ya no puede moverse directa ni inmediatamente al campo de la conciencia y todos los actos que han sido relegados a funciones biológicamente instintivas asumen ahora el papel de actos concientes intelectualmente dirigidos.

Esta transformación es conocida como la pérdida de la inocencia o la adquisición del conocimiento según el mito bíblico. En el zen y en el budismo en general se llama la contaminación afectiva, klesha, o la interferencia de la conciencia con predominio de la intelección (vijñana)."

Aparentemente el proceso de la intelección implica inevitablemente el desarrollo del interés egocéntrico, el que se entiende como una contaminación afectiva producto de la interferencia intelectual “conciente”. Nos sentimos impulsados por nuestra inseguridad y temor a sumergirnos en un mundo de fantasías, sin que seamos necesariamente concientes de ello, al que revestimos de cualidades que nosotros mismos proyectamos pero que en realidad no están ahí.

Como el hombre de la caverna de Platón, confundimos las sombras con la realidad. Cuando se ha reconocido este error nos damos cuenta de que las sombras no son la sustancia, que el fenómeno no penetra hasta el noúmeno. Es entonces necesaria la experiencia de la iluminación que hace abandonar la caverna y su oscuridad por la luz, cuando se ve la sustancia y no las sombras. Se produce el despertar.

Como decía un maestro Zen:
"Antes de la iluminación, los ríos eran ríos y las montañas eran montañas. Cuando empecé a experimentar la iluminación los ríos dejaron de ser ríos y las montañas dejaron de ser montañas. Ahora, desde que estoy iluminado, los ríos vuelven a ser ríos y las montañas son montañas."

Se requiere entonces de una limpieza, de una purificación que le regrese a la experiencia de la vida su libertad y espontaneidad, atenuadas por la angustia, el temor y la inseguridad. Esta experiencia es conocida en el zen como la conciencia de todos los días, la raíz de todas las cosas, la totalidad de todas las realidades pasadas, presentes y futuras, enseñada principalmente por el maestro japonés Bankei Yotaku, nacido en 1622, a través de la doctrina de lo Nonato (Unborn), esto es, la Mente Buda.

Dice el Dr. Suzuki:
"En realidad [el inconsciente] es, por el contrario, lo que nos resulta más íntimo y precisamente por esta intimidad resulta difícil captarlo, de la misma manera que el ojo no puede verse a sí mismo. Cobrar conciencia, pues, del inconsciente requiere de un entrenamiento especial por parte de la conciencia…
El método zen consiste en penetrar directamente en el objeto mismo y verlo, como si dijéramos, desde adentro."

lunes, julio 10, 2006

Comentarios a Enseñanzas del M. Samael sobre Judas (4)


[ Fragmento de la conferencia La Iniciación de Judas del VM Samael Aun Weor ]


4. Las Tres Purificaciones y la Iniciación de Judas

Todo aquel que intente llegar a la Cristificación debe atravesar por las tres purificaciones por el hiero y por el fuego. Estas, indiscutiblemente, están representadas por los procesos de las Tres Montañas.

La primera purificación esta relacionada con Pedro, el descenso a la novena esfera y los trabajos con el Fuego y con el Agua. “Antes que el gallo cante me negarás tres veces”, le dice Jesús a Pedro. La segunda purificación tiene que ver con el trabajo en las esferas sumergidas de los nueve planetas: “enfrentarse a todos los horrores del Cosmos, pasar más allá del Aqueronte (4). Pasar la barca de Caronte a la otra orilla; sufrir lo indecible, en el trono de Dite, en la ciudad maldita, vivir por un tiempo entre los condenados...”, palabras del M. Samael en la Conferencia Nº 211, año 1976, que seguiremos citando.

Vendrá entonces la tercera purificación, donde será necesario enfrentar horrores insospechados, ante los cuales, como diría el personaje mitológico, sus armas no sirven para nada...

Dice el M.:
"Yo muchas veces les he dicho a ustedes, aquí, que la luna psicológica tiene dos aspectos: el que se conoce y el que no se conoce, el visible y el oculto. En el aspecto oculto de la luna psicológica, tenemos “elementos” que nunca aceptaríamos tener, y que solamente pueden ser disueltos mediante la Iniciación de Judas Iscariote.” El aspecto oscuro que solamente puede ser disuelto en la Iniciación de Judas, a quien de nuevo, entendemos, se relaciona con Lucifer, la Reflexión del Logos.

El VMS subraya los peligros de este trabajo, sobre todo por lo que significa trabajar con las mismísimas fuerzas del Bien y del Mal. “El Cristo Revolucionario, rebelde, hace estremecer a todas las potencias del Bien y del Mal. Los poderes del Bien y del Mal luchan entre sí ante los eventos crísticos.”

Peligros que a nosotros mismo no nos son ajenos, por lo que señala el Maestro que solamente es posible iniciar un trabajo de esta naturaleza cuando se posee “la Magnés fundamental de la Conciencia.” Aquí es donde entendemos la gran diferencia que hay entre trabajar la sombra desde el una perspectiva mágica y hacerlo desde el trabajo psicológico.

Pero volviendo a lo procesos de la iniciación, dice el VMS en esa conferencia:

"...en la Iniciación de Judas quedamos definitivamente bajo la regencia directa del Anciano de los Días.

...Esto significa que el Iniciado se ve obligado a liberarse de las potencias del bien y del mal, para depender exclusivamente del Padre que está en secreto –y ahí todo es difícil.

...Sin embargo, conviene advertir que sólo pueden ingresar a la Iniciación de Judas, aquellos que ya lograron la absoluta desintegración de aquellos agregados psíquicos que se encuentran ubicados en la cara visible de su propia luna psicológica ... Con la Iniciación de Judas concluye definitivamente el Ego y deviene como secuencia o corolario, la absoluta iluminación radical"
.

El tema de pasar más allá del Bien y del Mal lo habla profusamente el VMS en Pistis Sophia...

“Ningún código moral, ningún precepto de ética sirve para la difícil senda. …A veces una bella máxima o una preciosa virtud pueden servir de obstáculo en el difícil camino. Hay que conocer lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno y pasar más allá del bien y del mal. Necesitamos libertarnos de las potencias del bien y del mal. Hay que empuñar la espada de la Justicia Cósmica.” Y en sus explicaciones deja implícita la relación de este tema con la espada, la balanza y la justicia (5). El Iniciado necesariamente debe convertirse en un Adeptus Exemptus, esto es, aquél que nada debe y al que nada le deben.

Dice el VMS en Pistis Sophia: “La Balanza en sí misma y por sí misma, indica la necesidad de los pesos y las proporciones.” Peso-Número-Medida son los tres poderes decisivos. La Balanza en el cristianismo allega las nociones del Bien y de la Verdad. Así, Job 31:6 dice: “Péseme Dios en justa balanza y conocerá mi integridad.” El Bien significa lo que está equilibrado en el exterior y en el interior. En el pensamiento judío, los demonios aparecen siempre privados de poder con respecto a lo que está equilibrado. El Conocimiento es una ciencia exacta y rigurosa: se pesa en la balanza. En este sentido aparece en el texto del Eclesiástico: “Escúchame, hijo mío, y aprende la sabiduría; vuelve tu corazón atento a mis palabras. Yo te descubriré una doctrina pesada en la balanza; y te haré conocer una ciencia exacta.”

Retomamos entonces el concepto de Judas como puente, como mediador, como punta de lanza que abre el camino al desatar los tiempos escatológicos, pues con su beso da paso a los procesos que permitirán al Cristo atravesar por su Pasión, Muerte y Resurrección hasta la Apokatastasis o Restauración.

Como columna del medio que simboliza su propio levantamiento, cita el M. Samael el resultado ese trabajo:

“Así hermanos, una vez que el Adepto ha pasado por las tres purificaciones, a base de hierro y fuego, consigue la Ascensión del Crestos dentro de sí mismo, la Resurrección del Logos íntimamente, dentro de lo psico-somático, dentro de lo místico-sensorial, dentro de lo meramente psíquico o psicológico-trascendental. Entonces queda convertido, dijéramos, en columna del templo. Por eso dice el Apocalipsis: “Al que venciere, le haré columna del templo de mi dios, y no saldrá de allí”. Convertirse uno en columna viva del Templo de Dios y no salir más: he ahí lo grandioso. De manera que es bueno que ustedes entiendan lo que es la cristificación.”

Lo anterior es un misterium tremendum, a través del cual se produce la Resurrección. Por ello Judas tiene que traicionar al Cristo, pues, enviándolo a la muerte y al tormento, el Cristo libera de la esclavitud para entrar en la verdadera vida que adviene con la Resurrección. En el lenguaje mitológico-ritualístico del viejo Egipto, diríamos que el Pilar Djed es levantado en la Coronación de Osiris.

Finalmente concluyamos con la mismísima experiencia del M. cuando, buscando conocer sobre sus trabajos en la Iniciación de Judas, le consulta a su Padre. En la experiencia por la que atraviesa, subiendo con grandes esfuerzos a la Montaña del Ser...

"subimos penosamente hasta la cima. Anhelábamos ver a Jehová, Iod-Heve, el Elohim particular interior de cada uno de nos. En el fondo era una cita con mi propio Ser, con el Viejo de los Siglos. Llegados todos a la cumbre, hayamos al Venerable convertido en una gran palma, símbolo viviente de victoria lograda mediante espantosas ordalías y terribles superesfuerzos. Todos los Adeptos cayeron prosternamos en tierra adorando al Bendito.

Fui un poco más atrevido que los demás, avancé hacia aquella palmera; la así por el tallo, cerca a las hojas y con fuerza tremenda la incliné sobre mi pecho acariciando posteriormente sus hojas, que sabía en esos instantes eran los cabellos del Eterno.

El círculo consciente de la Humanidad Solar, en su totalidad, se llenó de horror por mi actitud... –que no es cualquier cosa, entonces se oyó un rumor horroroso, figurándoseme como un sacrílego.

Heroicamente me dirigí hacia los hermanos de la congregación – ¡asir al Anciano de los Días así, a Elohim!– y les hablé en los siguientes términos: “¡Imbéciles –así dije, ustedes no saben de estas cosas!” –muy claro ese lenguaje, ¿no?–

Dichas estas palabras insolentes, el Anciano que antes estuviera transformado en una gran palmera, cambió de inmediato transformándose en una gran torre, la torre de mi propio templo interior.

Aquella torre, como cabeza de hombre, estaba llena de piedras preciosas; era la cabeza de Dios. Tenía lastre en sus manos......San Juan; destilaba (...), felicidad.

Sorpresivamente el Gran Rostro, la Misericordia de las Misericordias, el Anciano de los Días, me entregó en su diestra una pluma y me dijo: “Escribe toda tu (...)"


Un final que nos recuerda de inmediato el texto gnóstico conocido como Discurso Sobre la Ogdóada y la Enéada cuya lectura, estamos seguros, servirá enormemente para comprender mejor este misterio.
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(4) Las regiones infernales de las que se habla en el mito no siempre son las mismas, pues hay infiernos e infiernos... Aquí sería bueno diferenciar entre lo que el mito egipcio llama el submundo de Geb (la Tierra), o infierno de las almas débiles que no pudieron acceder al cielo; y el Aaru o submundo celestial de Osiris, el Campo de las Ofrendas. Por ello el VMS aclara en Pistis Sophia el tema de los tres Caos. Así, aprendiendo a leer mitológicamente, pasar más allá del Aqueronte adquiere otra dimensión y otra profundidad.
(5) Dice el VMS en Pistis Sophia: “La Balanza en sí misma y por sí misma, indica la necesidad de los pesos y las proporciones.” Peso-Número-Medida son los tres poderes decisivos. La Balanza en el cristianismo allega las nociones del Bien y de la Verdad. Así, Job 31:6 dice: “Péseme Dios en justa balanza y conocerá mi integridad.” El Bien significa lo que está equilibrado en el exterior y en el interior. En el pensamiento judío, los demonios aparecen siempre privados de poder con respecto a lo que está equilibrado. El Conocimiento es una ciencia exacta y rigurosa: se pesa en la balanza. En este sentido aparece en el texto del Eclesiástico: “Escúchame, hijo mío, y aprende la sabiduría; vuelve tu corazón atento a mis palabras. Yo te descubriré una doctrina pesada en la balanza; y te haré conocer una ciencia exacta.”

Comentarios a Enseñanzas del Maestro Samael sobre Judas (3)

3. El descenso de Judas y su ministerio...
“Lo que has de hacer... hazlo pronto”


Dice el M. Samael en Matrimonio, Divorcio y Tantrismo lo siguiente:

“Tenemos que ir de Pedro a Juan. Primero tenemos que recorrer el camino de Pedro y trabajar con la Piedra Filosofal (El Sexo). Después tenemos que llegar al camino de Juan (El Verbo). Estos dos caminos están separados por el espantoso abismo donde sólo se oye el llanto y el crujir de dientes. Necesitamos tender un puente para unir los dos caminos, si es que verdaderamente queremos ir de Pedro a Juan, ése puente se llama Muerte. Allí debe morir Judas, él Yo, él mi mismo, El Ego.
... Cada cual debe hacer el puente en sí mismo. El camino de Pedro debe unirse al de Juan mediante la Muerte de Judas. Solo llegando a Juan encarnamos al Verbo. Realizamos la palabra, nos Cristificamos.”

De Juan, el Verbo, se tiende el puente que viene de arriba hacia abajo atravesando por el espantoso abismo hasta llegar a Pedro. Este puente está representado en el simbolismo constructivo por la plomada, la que, perfectamente equilibrada, se convierte en la columna del medio entre la piedra de fundamento, representada por Pedro, y la piedra angular, representada aquí por Juan.

De acuerdo al M. Samael la doctrina de Judas es la muerte del ego, y su símbolo es la horca. Pero la horca también simboliza en sí mismo ese puente que Judas tiende entre la piedra bruta y el verbo. En el simbolismo encontramos que la horca y el ahorcamiento representan, por un lado, la tendencia a la diferenciación de las individualidades que brotan de un origen común, lo que podríamos entender como el desequilibrio de Tamas. Pero también, y más importante, es símbolo de indiferenciación. El ahorcamiento de Judas sería el instrumento del retorno a la indiferenciación de la muerte.

Este concepto lo encontramos una y otra vez expresado en la kábala a través de la columna del medio, en relación a las columnas de la Misericordia y la Justicia. No debemos olvidar que este Sendero de la Flecha o Senda del Filo de la Navaja es el camino del Cristo desde su nacimiento hasta su muerte en cruz, culminando con su resurrección y ascensión. Concepto este de la columna que retomamos en la reflexión sobre la Iniciación de Judas.

Leemos al M. en la Conferencia Nº 8, 27 de diciembre de 1966:

“...y se acercó a Jesús y él le dijo: “¿ya vienes Judas?” El lo reconoció, él tenía 72 discípulos, los más estudiosos eran 12, y le dieron una preparación especial a cada uno y se representó el drama. Judas sólo obedeció órdenes, él nunca traicionó a Jesús y tuvo que colgarse de un árbol y murió, vive en esa 8ª esfera sumergida del infernus y él trabaja en esas regiones y nadie le comprende; cuando Jesús termine su ministerio en el Inmanifestado, entonces Judas abandonará esas regiones sumergidas y penetrará en el Inmanifestado, es el discípulo más exaltado.”

Esta octava región sumergida se relaciona, curiosamente, con Urano, Ur-Anas... Pero es quizás la historia de Oramamme, el viejo iniciado de los grandes misterios, que el M. Samael cuenta en La Montaña de la Juratena, la que nos ayude entender un poco mejor ese místico papel de Judas en las esferas inferiores del abismo. Dice el M.:

“Se le ordenó al místico descender al abismo. El místico obedeció en el acto y descendió presurosamente a esa región conocida en el Oriente como Avitchi, octava esfera sumergida... Allí en esas regiones encontró el místico horribles maldades, cosas imposibles de describir con palabras, cosas inenarrables...
...En el abismo el viejo iniciado fue atacado por bestias horribles. En el abismo el viejo místico comprendió que tendría que luchar contra el mundo, el demonio y la carne a fin de lograr algún día la Iniciación Venusta.
... Allí en el abismo, encontró el viejo místico un horrible cementerio, un panteón espantoso y fatal (3). Ese era el panteón de sus recuerdos, el cementerio del ayer lleno de tumbas y tumbas. Las tumbas de los recuerdos. Las cosas del ayer, realmente el “yo”, el “mí mismo”, el Ego, no es más que un manojo de recuerdos.
... El anciano vagó por entre los sepulcros del pasado y sobre cada losa sepulcral vio una llama fatua que ardía, la llama del pensamiento. Ciertamente el pensamiento es una función de la memoria. Sólo terminando con el doloroso proceso del pensar, adviene a nosotros la Verdad.
... También vio allí una pobre Alma que sufría lo indecible y no podía salir de aquel cementerio porque los espectros del ayer le cerraban el paso. Esa Alma sufría lo indecible.
... Luego se acercó el místico y comprendió que esa era su pobre Alma esclavizada del ayer, atrapada por el Némesis, por el Karma, por la horrible Rueda del Samsara.”


Aquí podríamos hacer toda una reflexión sobre lo que el M. llama en Pistis Sophia el Primer Caos, la región de la hebdómada, el cinturón zodiacal y la ley del destino, y el papel que juegan los doce apóstoles, pero preferimos dejarlo para la exégesis del Evangelio de Judas de acuerdo con los textos gnósticos de Nag Hammadi. Sin embargo, la respuesta del M. a un discípulo en Si Hay Infierno..., nos llama la atención a este tema:

“No es la Biblia precisamente la que va a explicar el papel de cada uno de los doce.
Empiece usted, distinguido caballero, por conocer a fondo el esoterismo de los doce Signos Zodiacales y luego oriéntese mediante el estudio de las religiones comparadas y las Escrituras Gnósticas. Mucho podrá usted intuir estudiando la "Pistis Sophia". Es lástima que sólo encontremos ese libro en inglés; sin embargo, espero que algún día sea traducido al español.”


Y dirá el M. precisamente en sus revelaciones al Pistis Sophia, explicando que Verdad y Paz salen de Jesús cuando éste baja al caos, que “Verdad, lo desconocido de instante en instante. En el abismo se disfraza de tinieblas. La piedra filosofal hay que buscarla en el infierno. La Virtud viene del cielo, y la Verdad brota del infierno.” La Luz cumple siempre su mandato en el Caos.

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(3) En las consideraciones sobre Judas y las 30 monedas, encontramos en Mateo 27, 3-10 que con ellas se compra el “campo de sangre”, llamado Aceldama, para sepultar a los extranjeros y de esta manera cumplir con la profecía. Tales extranjeros se entenderían como todos aquellos átomos simientes que han salido del seno del Absoluto. En Hechos1, 18-19 encontramos que “adquirió un campo del salario de su iniquidad...”, donde iniquidad se entiende como maldad, injusticia; contrario a la equidad o justicia. De esta manera, el inicuo es aquel que no es equitativo, que ha perdido el equilibrio.

Comentarios a Enseñanzas del Maestro Samael sobre Judas (1 y 2)

1. Judas exaltado y Judas traidor...

Dice el VM Samael (VMS) en la Conferencia Nº 70, 4 de diciembre de 1969:
“El Ego no tiene que ver nada con Satán. La palabra Satán tiene varias acepciones, es como Judas, que asumió un papel y que después de Jesús no hay otro más exaltado, él enseña la disolución del Ego; la gente no acepta a Judas, de manera que hay que distinguir entre ese Judas y Judas el demonio, que todo el mundo carga dentro, es el tercer traidor de Hiram Habiff.”

Y agrega: “La palabra Satán tiene dos acepciones, es la Reflexión del Logos, el Guardián del Templo y segundo, también podemos entender a Satán como el Ego, a los elementos subjetivos, es lógico que si se disuelve el Ego... todo candidato tiene que enfrentarse al Guardián del Umbral y asume distintas formas, hay que buscarnos dentro. Ese Angel que se llama Luzbel, Lucifer no es más que la Reflexión del Logos, es el Guardián más exaltado.”

De tal manera que entendemos a Lucifer como la “Reflexión del Logos”, el “Guardián más exaltado”; entendemos a Judas en su doble papel de “traidor” y de discípulo más exaltado del Cristo, quien en el Evangelio de Judas lo llama “el decimotercero” y a quien el VMS relaciona con la carta 13 del tarot.

La exaltación de Judas es lo que le permite ejecutar su “traición”, entendida ésta como el devenir de la Pasión del Cristo. Judas es el ejecutor de los tiempos escatológicos (1). “Pero tu sobrepasarás a todos ellos. Pues tu sacrificarás al hombre que me reviste.” A mayor exaltación, mayor posibilidad de ejecutar ese papel. Esto queda plenamente entendido en el simbolismo del beso, donde el beso ritual es el reflejo de la comunión inalterable entre los eones y el Padre y manifiesta la experiencia de la gnosis.

2. Judas como germen creador...

En las explicaciones del VMS sobre los asesinos de Hiram Habiff encontramos esta interesante relación con su papel como generador del desequilibrio que resultará en la creación.

Dice el VMS en la Conferencia Nº 96, jueves 28 de mayo de 1970:
“Chiram-Osiris es el mismo Cristo Cósmico, el Logos Solar, el Logos mismo que fue asesinado por los tres traidores. Pero éstos, ¿dónde están? ...A Chiram hay que buscarlo en la novena bóveda o zona de la tierra, hay que resucitarlo para que exclamemos: ¡El Rey ha muerto, viva el Rey!
¿Cómo se forman estas tres furias, los tres traidores dentro de nosotros mismos? ¿De qué manera? Por la desarmonía, por el desequilibrio de las Tres Gunas.”


En esta conferencia el VMS explica el significado de cada una de las Tres Gunas, su relación con los tres traidores, y específicamente la relación de la tercera guna, Tamas, con Judas como tercer traidor: “El tercer traidor es Judas Iscariote, es puro deseo pervertido, pertenece a los infiernos atómicos de la Naturaleza, los tres demonios se encadenan y forman las tres furias que habitan la caverna, está dentro de uno mismo.”

Pero más interesante en esta conferencia es la experiencia del mismo maestro Samael: “En lo personal estaban las Tres Gunas en equilibrio porque él obedece al Padre, es decir, las Gunas del Maestro Samael Aun Weor están en equilibrio. Inercia. La tercera guna estaba el germen creador en calma, en profundo reposo.”

Esta tercera guna tiene que ver con Judas. En su manifestación o desequilibrio adviene el movimiento que genera toda la descomposición y desequilibrio de las otras dos. Este desequilibrio es necesario para que exista el universo, y su existencia se justifica por ley de Katancia y necesidad del Absoluto de autoconocerse.
Por ello el VMS deja implícita la relación de Judas con Lucifer, al diferenciarlos primero de Judas como traidor y después de Satán como demonio.

La siguiente cita del VMS en Si hay Infierno, Si hay Diablo, Si Hay Karma, sustenta las reflexiones del párrafo anterior:

“Sólo quienes hemos estudiado el Gnosticismo, sólo quienes hemos ahondado en el Esoterismo Cainita, Sataniano (2), Iscariote, Naacenio, Esenio, Pedaticenio, etc., etc., etc., conocemos ciertamente lo que son los "Misterios de Lucifer" y el papel que Judas realizó, y el que hubieron de hacer cada uno de los Apóstoles del Maestro Jesús en el Drama Cósmico.”

___________________
(1) Porque “donde está el comienzo ahí está el final” (E. de Tomás, 18). Recordemos que la Madre Binah, al dar vida a su hijo, lo está enviando a la muerte. Ahora tocará al Hijo, con su muerte en cruz, matar a la muerte por toda la eternidad.
(2) Sobre los Satanianos, léase Blavatsky, La Doctrina Secreta, tomo III. Pedaticenio, se refiere a los Peratas y deba leerse Peraticenio.

sábado, julio 01, 2006

E. de Judas: Traducción de F. García Bazán


Esta es la traducción del profesor Francisco García Bazán publicada por la editorial Trotta. Se adjunta para beneficio de los estudiosos del texto. No lleva ninguna nota ni comentario pues se prefiere dejar estos para la edición de una exégesis de carácter estrictamente gnóstico-samaeliana sobre el evangelio, que esperamos pueda ser publicada pronto.

[33]
[INTRODUCCIÓN: CARÁCTER ESOTÉRICO DEL ESCRITO]

La conversación secreta de la revelación que Jesús mantuvo con Judas Iscariote durante ocho días, los anteriores tres días a la celebración de Pascua.

[LLAMAMIENTO DE LOS DOCE. PRELIMINARES DE LA ENSEÑANZA ESOTÉRICA]

Cuando Jesús apareció sobre la tierra hizo milagros y grandes portentos para salvar a la humanidad. Y puesto que algunos obraban en el camino de la justicia y otros obraban en el de sus transgresiones fueron llamados los doce discípulos.
Comenzó diciendo palabras a ellos sobre los misterios de lo transmundano y sobre qué sucedería al final. Pero a menudo no se mostraba a sus discípulos tal cual, sino que se encontraba entre ellos y venía a ser como un niño.

[DISTINCIÓN ENTRE LLAMADOS Y ELEGIDOS. PRIMER DIÁLOGO CON LOS DISCÍPULOS]

Cierto día que estaba con sus discípulos en Judea los encontró reunidos, sentados en práctica piadosa. Cuando se aproximó a sus discípulos

[34]
reunidos y sentados, ofreciendo una acción de gracias (eukharistía) sobre el pan, se rió.
Los discípulos, empero, le dijeron: “Maestro, ¿por qué te ríes de nuestra acción de gracias? Hacemos lo que es correcto [...]”.
Les respondió diciéndoles: “De ningún modo me río de vosotros, porque (allá) no hacéis esto por vuestra voluntad, sino que es por medio de esto como vuestro dios [será alabado]”.
Dijeron: “Maestro, tú eres [...] el hijo de nuestro dios”.
Jesús les dijo: “¿Cómo me conocéis? En verdad os digo, nadie de vuestra generación entre los hombres me conocerá”.
Cuando oyeron esto, empero, sus discípulos comenzaron a enojarse y a ponerse furiosos y comenzaron a blasfemar contra él en sus corazones.
Sin embargo Jesús vio su falta de entendimiento, y [les dijo]: “¿Por qué esta turbación? Os ha enojado, el dios que está dentro de vosotros y [...]

[35]
os ha enojado en vuestras almas. Que alguno de vosotros [de fuerza suficiente] entre los hombres manifieste al hombre perfecto (télios) y se mantenga de pie ante mi rostro”.
Y todos ellos dijeron: “Nosotros tenemos la fortaleza”, (y) sus espíritus (pneuma) no osaron ponerse de pie ante él, con excepción de Judas Iscariote. Él fue capaz de ponerse de pie ante él, pero no podía mirarle a los ojos, sino que giró la cara.
Le dijo Judas: “Conozco quien eres y de qué lugar procedes. Provienes del Eón inmortal (athánatos) de Barbeló, y no soy digno respecto de quien te ha enviado de pronunciar su nombre”. Pero Jesús, sabiendo que reflexionaba sobre algo que era eminente, le dijo: “Apártate de los demás y te diré los misterios del reino”.

[PRIMER SUBDIÁLOGO SECRETO CON JUDAS]

Por lo tanto los puedes alcanzar, pero penarás mucho.

[36]
Porque algún otro llegará a ocupar tu lugar para que los doce nuevamente estén completos con su dios.
Y Judas le dijo: “¿Cuándo me dirás estas cosas y cuando amanecerá el gran día de luz para la generación? [...], pero cuando dijo esto Jesús lo abandonó.

[SEGUNDO DIÁLOGO CON LOS DISCÍPULOS]

A la siguiente mañana, no obstante, después que sucedió esto, se manifestó de nuevo a sus discípulos [y] le dijeron:
“Maestro, ¿adónde vas y qué haces cuando nos dejas?”. Les dijo Jesús: “Voy a otra gran generación”.
Le dijeron sus discípulos: “Señor, ¿cuál es la gran generación que es superior a nosotros y más santa que nosotros que no esté en nuestros eones ahora?”.
Y cuando oyó esto Jesús se echó a reír y les dijo: “¿Por qué estáis pensando en vuestros corazones sobre la generación fuerte y santa?

[37]
En verdad os digo, ninguno nacido de este eón verá esta generación y ningún ejército de ángeles de los astros gobernará sobre esta generación y ninguna persona de mortal humanidad puede asociarse con ella [...] porque esta generación no proviene de [...] [...] que ha llegado a ser [...] [la ge]neración de hombres entre vosotros es de la generación de la [hu]manidad [......] [...] potencia [... que] las otras potencias [...] por las que gobernáis”. Cuando oyeron esto sus discípulos se turbaron en su espíritu cada uno de ellos. No podían decir una palabra.

[TERCER DIÁLOGO CON LOS DISCÍPULOS]

Otro día Jesús apareció entre ellos. Le dijeron: “Maestro, te hemos visto en una visión, porque hemos tenido grandes sueños (durante) la noche [...].
[Dijo]: “¿Por qué... cuando os habéis [...] en lo oculto?”.

[38]
Le dijeron: “Hemos visto una gran casa con [un] gran altar en ella y doce hombres, son os sacerdotes, diríamos, y un nombre; pero una muchedumbre espera, hasta los sacerdotes, ante aquel altar que [... reciben...] [las ofrendas]. Nosotros, [empero], seguimos esperando”.
Je[sús] [dijo]: “Sin embargo, [los sacerdotes] ¿cómo son?”.
[Dijeron: “Algu]nos... dos [... se]manas (hebdomás), pero [algunos] sacrifican a sus propios hijos; otros a sus esposas en oración [y] humildad con los demás; [al]gunos están comprometidos en ase[sinatos]; algunos cometen [mu]chos pecados e injusticias [y] los hombres que están [an]te el altar invocan tu nom[bre]

[39]
y en todos los actos de su deficiencia son llevados los sacrificios [... a] completarse”.
Y después que dijeron esto permanecieron quietos, porque estaban turbados. Les dijo Jesús: “¿Por qué estáis turbados?

[INTERPRETACIÓN DEL SUEÑO DEL TEMPLO]

En verdad os digo que todos los sacerdotes que están de pie ante el altar invocan mi nombre. Y de nuevo os digo que ha sido escrito mi nombre sobre esta [...] de las generaciones de los astros a través de las generaciones humanas [...] y han plantado en mi nombre árboles sin fruto y de manera desvergonzada”.
Jesús les dijo: “Aquellos que visteis que recibían las ofrendas en el altar, eso es lo que sois vosotros. Ése es el dios al que servís vosotros y sois aquellos doce hombres que habéis visto. Y el ganado que habéis visto conducido al sacrificio son la multitud que vosotros lleváis extraviada

[40]
ante el altar. Estarán de pie [.....] y de esa forma harán uso de mi nombre y permanecerán leales a él [las] generaciones de piadosos. Después otro hombre permanecerá allí de pie de los for[nicado]res y otro permanecerá allí de pie de los asesinos de n[iñ]os, otro, además, de los que duermen con varon[es] junto con los que son abstinentes y el resto de los que son contaminados e injustos y en error y los que dicen: “Somos como ángeles”. Y son éstos los astros que lo llevan todo a la consumación. Porque ha sido dicho en relación con las generaciones humanas: “Atiende, dios ha recibido sus sacrificios de las manos de un ministro (diákonos) que es del error”. Pero es el Señor, el Señor del Todo el que manda “que en el último día serán expuestos a la vergüenza”. [...]

[41]
Jesús [les] dijo: “Detened los sacri[ficios] [...] que realizáis [...] sobre el altar, ya que son sobre vuestros astros y sobre vuestros ángeles y ya se han consumado allí. Dejadlos que se engañen ante vosotros y dejadlos ir [.....]
[faltan quince líneas]
[.....] generaciones [...] no puede un panade[ro] alimentar a toda creación

[42]
bajo [los cielos] y [.....] a ellos [......] y [......] a nosotros y [......]
Díjoles Jesús: “Dejad de disputar conmigo, cada uno de vosotros tiene [su propio] astro [y] cualquiera [...]
[faltan alrededor de diecisiete líneas]

[43]
en [...] quien ha venido [...] fuente para el árbol [.....] de este eón [...] por un tiempo [...] pero ha venido el agua del Paraíso de dios y la generación que permanecerá porque no contaminará el camino de la [vida] de esta generación, sino [...] para siempre”. Dijo

[SEGUNDO SUBDIÁLOGO CON JUDAS]

Judas: “Rabí, ¿qué tipo de fruto produce esta generación?”.
Dijo Jesús: “De toda generación de hombre morirán las almas. Pero cuando hayan completado el tiempo del reino y el espíritu los deje, sus cuerpos (soma) morirán, pero sus almas permanecerán vivas y serán elevadas”.
Judas dijo: “¿Y qué harán el resto de las generaciones humanas?”.
Dijo Jesús: “Es imposible

[44]
sembrar semillas sobre roca (pétra) y cosechar su fruto. [Éste] también es el modo [...] de la generación [contaminada] junto con la Sofía corruptible. [...] la mano que ha plasmado al hombre mortal para que sus almas suban al eón de lo alto. Ver[daderamen]te os digo [...] ángel [...p]otencia podrá [...] ver a estos a los que [...] las generaciones santas” [...]. Dicho esto por Jesús, él se retiró.
Judas insistió: “Maestro, puesto que has oído a todos éstos, óyeme, ahora, también a mí. He visto, en efecto, una gran visión”.
Jesús, empero, habiendo oído esto, se rió y le dijo: “¿Por qué te ejercitas tan duro, oh, demon trece? Habla, no obstante, y te tendré paciencia”.
Le dijo Judas: “Yo mismo vi en la visión que los doce discípulos me apedreaban

[45]
[enérgicamen]te y asimismo [me] perseguían [...]. También vine al lugar en donde [...] después de ti. Vi también una casa y no podían mis ojos alcanzar su magnitud; pero una gran multitud la rodeaba y el techo de la casa estaba cubierto de hojas y en medio de la casa había una multi[tud] [...] diciendo: “Maestro, admíteme al lado de toda esa gente”.
Jesús respondió y le dijo: “Tu astro te ha engañado, oh, Judas”. Y prosiguió: “Ninguno de la humanidad mortal puede ingresar en la casa que has visto porque el lugar está reservado para los santos. Allí no gobernarán el Sol ni la Luna, ni tampoco el día, sino que la santa voluntad permanece de pie siempre allí, eternamente con los ángeles santos. Atiende, te he explicado los misterios del reino

[46]
, y te he enseñado sobre el error de los astros y [...] doce [.....] lo envié sobre los doce eones”.

[JUDAS INTERROGA SOBRE EL PROPIO DESTINO]

Judas dijo, “Maestro, ¿mi semilla (spérma) estará bajo el sometimien[to] de los arcontes?”
Jesús respondió y le dijo, “Ven, [...] que yo [...] [...] [...] sino que te afligirás mucho cuando veas el reino de su generación total”.
Una vez esto oído Judas le dijo: “¿Qué bien es este que he recibido? Porque me has apartado de esta generación”.
Respondió Jesús y dijo: “Tú serás el “Trece” y serás maldito para las otras generaciones y gobernarás sobre ellos. En el último día maldecirán tu ascenso

[47]
hacia la santa generación”.
Dijo Jesús: “Ven, para que te instruya sobe [...] que no ha visto nunca ningún hombre, porque existe allí un [gr]an eón ilimitado, cuya magnitud generación alguna de ángeles ha visto, en donde hay un gran Espíritu invisible
“que ni ojo de ángel jamás ha visto,
ni pensamiento de corazón jamás ha captado,
ni nunca llamado por su nombre”,
Y se manifestó allí una nube de luz y él dijo: “Que aparezca un ángel como mi auxiliar” y surgió desde la nube un gran ángel, el autoengendrado (autogenés) divino luminoso y a causa de él otros cuatro ángeles procediendo de otra nube y fueron auxiliares para el autoengendrado ángel. Y dijo

[48]
el autoengendrado, sean [...] y fueron [.....] y creó la primera luminaria (phoster) para reinar sobre ella. Y dijo: “Hagamos que nazcan los ángeles para servirle”. Y existieron miríadas sin número. Y dijo: “Que exista un eón de luz” y existió. Y creó la segunda luminaria para reinar sobre ella con miríadas de ángeles innumerables para servirle y así creó el resto de los eones de luz y los hizo reinar sobre ellos y creó para ellos miríadas de ángeles innumerables como auxiliares.

[ADAMAS Y LAS LUMINARIAS]
(En Pistis Sophia Develada del VMS se menciona lumbreras como dadores de Luz)

Y estaba Adamas en la primera nube luminosa que ningún ángel ha visto nunca entre todos los llamados “dios” y él

[49]
[...] y aquel [...] imagen [...] y según la semejanza de es[te án]gel. Hizo aparecer la generación incorruptible de Set [...] Los doce [.....] Los veinticuatro [.....] Hizo aparecer setenta y dos luminarias en la generación incorruptible, de acuerdo con la voluntad del Espíritu. Las setenta y dos luminarias, ellas mismas hicieron aparecer trescientas sesenta luminarias en la generación incorruptible según la voluntad del Espíritu de modo que para cada uno su número fuera de cinco.
Y sus padres fuesen los doce eones de las doce luminarias y de acuerdo con todos los eones con seis cielos para cada uno de modo que hubiera setenta y dos cielos para las setenta y dos luminarias y de acuerdo con cada uno de los

[50]
[cinco fir]mamentos, [que suman] trescientos sesenta [firmamentos...], [les fue dada] autoridad junto con un [gran] ejército de ángeles [innumera]bles para gloria y adoración, pero [después de esto] virginales [espí]ritus [también] para gloria y a[dora]ción de todos los eones y los cielos y sus firmamentos.
Pero la muchedumbre de estos inmortales es llamada cosmos, o sea, corrupción por el Padre y las setenta y dos luminarias que están con el Autoengendrado y sus setenta y dos eones. En él apareció el primer hombre con sus potencias incorruptibles. Pero el eón que apareció con su generación, en el que está la nube del conocimiento (gnosis) y el ángel es llamado

[51]
El [.....] [.....] en [.....] después que [...] dijo: “Que vengan a la existencia los doce ángeles para gobernar sobre el caos y el in[fierno]”. Y mira, desde la nube apareció un án[gel] cuyo rostro irradiaba fuego y cuya apariencia estaba manchada con sangre cuyo nombre era Nebro, que quiere decir “apóstata”. Otro lo llaman Yaldabaot y también otro ángel venido desde la nube, Saclas. Nebro creó seis ángeles y también Saclas, como auxiliares, y éstos produjeron doce ángeles en los cielos recibiendo asimismo una parte cada uno en los cielos. Y hablaron los doce arcontes con los doce ángeles:

[CONVERSACIÓN DE LOS ARCONTES Y LOS ÁNGELES]

“Que cada uno de vosotros

[52]
[.....] Y dejémosles [..... ge]neración [....] [...] ángeles: el primero [es S]et que es llamado el Cristo. El segundo es Hermathoth que es [...] [.....]. El [terce]ro es Galila. El cu[ar]to es Yobel. El quinto es Adoneo. Estos son los cinco que gobernaron sobre el infierno. Y primeramente sobre el caos”. Entonces dijo Saclas a sus ángeles:

[LA FORMACIÓN DEL HOMBRE]

“Formemos un hombre [se]gún nuestra semejanza y según nuestra imagen (eikón)”. Ellos, pues, plasmaron a Adán y a su mujer Eva, que es llamada en la nube Zoé, porque por este nombre todas las generaciones lo buscan y cada una de ellas lo buscan por estos nombres. Pero [Sa]clas no

[53]
gobier[na.....] salvo que [.....] las genera[ciones] estos [.....]. Y dijo a Adán el [arconte]: “Vivirás largamente con tus hijos””.

[PROSIGUE JUDAS PREGUNTANDO SOBRE ADÁN Y LOS HOMBRES]

Judas dijo a Jesús: “[¿Cuánto] es el tiempo que vivirá el hombre?”.
Jesús dijo, “¿Por qué sorprenderte por esto? Adán con su generación ha vivido su duración de vida en el lugar en donde recibió su reino considerablemente con su arconte”.
Judas dijo a Jesús, “¿El espíritu humano muere?”.
Jesús dijo, “Por esto Dios mandó a Miguel darles los espíritus de hombre como un préstamo para que sirvieran, pero el gran Uno mandó a Gabriel otorgar espíritus a la gran generación sin rey sobre ella -el espíritu junto con el alma-. Por lo tanto el resto de las almas

[54]
[-una línea perdida-].

[DIÁLOGO SOBRE LA DESTRUCCIÓN DE LA MALDAD]

[.....] luz [.....] [.....] alrededor [.....] que el espíritu [...] que está dentro de vosotros pueda residir en esta [carn]e entre las generaciones de ánge[les]. Pero Dios hizo que el conocimiento (gnosis) fuese dado a Adán con los suyos, para que los señores no pudieran dominarlos, los que son del caos y del infierno”.
Judas, [empero], dijo a Jesús: “Así pues, ¿qué harán aquellas generaciones?”.
[...] Dijo Jesús: “Verdaderamente os digo: para todos ellos los astros lo llevan todo a consumación. Cuando complete la duración de tiempo que se le ha asignado a Saclas, aparecerá su primer astro con las generaciones y concluirán lo que hubieran dicho que harían. Entonces fornicarán en mi nombre y asesinarán a sus niños

[55]
y ellos [.....] y [.....] [.....]
[faltan cinco líneas]
[.....] mi nombre y él [...] su astro sobre el tri[gési]mo eón”.
Pero después de esto se [rió] Jesús.
[Judas dijo]: “Maestro, [¿por qué te ríes de nosotros]?”
[Jesús] respondió [y dijo]: “No [me río] de vosotros, [si]no del error de los astros, porque estos seis astros van errantes con estos cinco combatientes y todos ellos serán destruidos junto con sus criaturas”.

[SOBRE LOS BAUTIZADOS Y EL “MISTERIO DE LA TRAICIÓN”]

Judas, sin embargo, dijo a Jesús: “Atiende, ¿qué harán los bautizados en tu nombre?”.
Jesús dijo: “Verdaderamente te digo, este bautismo

[56]
[.....] mi nombre [.....]
[faltan unas ocho líneas]
[.....] a mí. Verdaderamente te digo, Judas, los que ofrecen sacrificios a Saclas [.....] dios
[tres líneas ilegibles]
todo esto es malo.
“Pero tú los superarás a ellos todos, porque sacrificarás al hombre que me reviste:
“Ya tu cuerno se ha levantado,
su ira se ha inflamado,
y su astro brillantemente
ha iluminado y su corazón ha [...]”.

[57]
Verdadera[mente] [...] que lleguéis a ser
[cuatro líneas ilegibles]
[.....] sufre [.....] [...] el ar[conte], puesto que será destruido y entonces el modelo (typos) de la gran generación de Adán será exaltado, porque es anterior al cielo, la tierra y los ángeles. Esta generación existe, la que es de los eones eternos. Atiende, te lo he dicho todo, levanta los ojos y mira a la nube y la luz en su interior y los astros que la rodean, y el astro que guía el camino, es tu astro”.
Judas levantó los ojos, vio la nube luminosa y entró en ella. Los que estaban de pie sobre el suelo oyeron una voz proveniente de la nube, diciendo:

[58]
[.....] gran ge[neración..... im]agen
[seis líneas ilegibles]

[CONCLUSIÓN: ESCENA DE LA TRAICIÓN Y ENTREGA]

[...] murmuraban sus sumos sacerdotes porque había entrado en la sala de huéspedes para su oración. Algunos escribas, [no obstante], estaban allí vigilando con atención para arrestarle durante la oración, porque estaban asustados del pueblo, pues era considerado por todos como un profeta y se aproximaron a Judas y le dijeron:
“¿Qué estás haciendo aquí? Tú eres discípulo de Jesús”.
Pero les respondió Judas como deseaban. Recibió, en cambio, algo de dinero y se los entregó.

EL EVANGELIO DE JUDAS

jueves, junio 22, 2006

Luminous Epínoia

Comentarios a un ensayo de Rafael Vargas titulado El Segundo y Tercer Estado de la Conciencia

Cuando abordamos el tema del despertar, vienen de inmediato a nuestra memoria las palabras del maestro en el capítulo X de la Doctrina Secreta de Anahuak: “Nosotros afirmamos que la Conciencia en el hombre es fuera de toda duda y sin temor a engañarnos, una especie muy particular de “aprehensión de conocimiento interior” totalmente independiente de toda actividad mental”.

Leemos lo que es la conciencia desde la perspectiva de quien la ha evidenciado. Y al querer iniciar nuestra propia experiencia desde ese hecho, nos equivocamos lamentablemente. Todo ideal produce sueño y la conciencia no conoce ideales.

Dice Rafael en su comentario inicial: “A la Conciencia se le despierta con la energía de la Conciencia y no con esfuerzos físicos, vitales, astrales, mentales o voluptuosos, sin embargo el ahorro de tales fuerzas incrementan tal posibilidad. En la íntima recordación del Ser está la clave del tercer estado de la Conciencia.”

Y es que, como dice el maestro, “Aun cuando parezca increíble, cuando el estudiante se observa a sí mismo, no se recuerda a Sí Mismo.”

Me parece que la importancia de este pequeño ensayo radica exactamente ahí, en la virtud de apuntalar hacia dónde se deben dirigir los esfuerzos para el despertar: “Si el “Sueño” y la “Vigilia” de la Conciencia constituyen en sí mismo un mismo estado, un mismo sueño, entonces comencemos por comprender como se procesa es este sueño en la dimensión que está más a nuestro alcance: el mundo físico. Como un imán o un magneto, la mente, el sentimiento y nuestra energía sexual, que son los medios más usados en el mundo de las relaciones, se identifican con todo lo externo hasta fascinarse en el sueño más profundamente hipnótico, que es el estado actual de la Conciencia.”

En las leyes del magnetismo, como conjunto de fuerzas de atracción y repulsión producidas por las corrientes eléctricas, residen todos los fenómenos de nuestro plano tridimensional. La psiquis no es una excepción, por el contrario, es en ella, por su cualidad absolutamente mercurial, donde se puede ver con mayor claridad este juego de impulsos.

Así es como podemos entender el sueño hipnótico de la humanidad, el “enamoramiento de las bellezas del mundo”, donde “todo transcurre en un aparentemente modo de ser natural” en el cual, la afirmación gnóstica de trascendencia podría convertirse “en una traición para los que duermen”, donde el despertar podría verse como un “delito”.

Leemos en el ensayo: “El centro de operaciones del sueño es la mente y desde allí se manipula al sentimiento y a la sexualidad. Pero el sueño no es la mente, ni el sentimiento. La raíz del sueño es el mismo residuo que aun resta de aquel órgano Kundartiguador, esto es del fuego medular precipitado hacia nuestros infiernos atómicos.

Y este sueño de los dos primeros estados de la Conciencia tendrá su propia psicología particular, la de la identificación y la fascinación. Esta fascinación sólo se podrá comprender científicamente cuando reflexionamos en lo que es el fenómeno físico del magnetismo, y ¿qué es el magnetismo? “La fuerza atractiva del imán. Conjunto de fenómenos atractivos y repulsivos producidos por los imanes y las corrientes eléctricas”. Este poder de atracción que tiene por ejemplo un magneto, con un polo positivo y otro negativo, lo tenemos también en nuestro organismo en nuestra psiquis, la verdad es que somos un tipo de magneto y si cambiáramos el sentido de dirección de nuestra polaridad, cambiaría con ello el sentido de la identificación y con este el tipo de psicología hacia un despertar nuevo, el del Tercer Estado de la Conciencia, despertar que al principio se presenta difícil y doloroso, pero necesario para la Conciencia.”


Entendemos entonces que la clave reside en la capacidad de revertir la polaridad. La identificación en sí misma, es un fenómeno de magnetismo. Cuando nos polarizamos de manera centrífuga, esto es, hacia fuera, no solamente nos produce enamoramiento con el mundo exterior, sino que a nivel psicológico genera una extraña manera de reaccionar mecánica e impulsivamente.

“Es característico del primer y segundo estado de la conciencia, esta manera de pensar por reacción. Al principio tomar conciencia de este mecanismo de la mente no parece tener importancia, pero si de verdad queremos invertir la polaridad de la mente, que tanto favorece a las ilusiones, preocupaciones, temores de la vida, vanidades, envidias, celos, etc., comencemos por allí. Evaluemos los enormes beneficios que nos aportará no ser un dependiente y esclavo del mundo exterior físico y psicológico.

Invertir el pensamiento significa conocer los mecanismos inconscientes de nuestras reacciones mecánicas. Nada más comencemos este proceso e instantáneamente nuestra psicología ya es la de una persona diferente.”


La práctica gnóstica de la Auto-Observación es particularmente importante para realizar este proceso de reversión. “Sólo en correcta Auto observación Psicológica sabremos en que grado estamos identificados con el mundo exterior, para tomar la más firme decisión de empezar a invertir tal polaridad magnética de la mente, dejando la mente sensorial o externa, para emprender el camino hacia la mente interior.”

Dice el Maestro Samael: “La técnica para despertar Conciencia se fundamenta en la recordación de Sí Mismo. Todo ser humano está fascinado por distintas cosas. Cuando determinada representación o impresión nos fascina, nos olvidamos de nosotros mismos y entonces soñamos.”

Y explica Rafael que es con este Recuerdo del Ser con el que es posible invertir el movimiento de la energía, no solamente en la proyección de la psiquis sino, de hecho, en su origen en este plano, que es la sexualidad: “Si nosotros organizamos las fuerzas sexuales en forma centrípeta, es decir, que vibren siempre de afuera hacia dentro y no de dentro hacia afuera, esto contribuirá enormemente a que el propio pensamiento y sentimiento encuentre su encause en la Conciencia y en el Ser.”

Para ello debemos apelar al yoga de la respiración, a través, dirá el Maestro Samael, de una bomba, el sistema respiratorio; de una dínamo, la mente que puede transforma la energía eléctrica; y finalmente un generador de electricidad que se haya establecido en los órganos sexuales. El maestro explica esta maravillosa práctica del Ham Sah diciendo: “mientras más profunda sea la inhalación, más profunda es también, más a fondo es el avance de las energías sexuales hacia adentro y hacia arriba. La exhalación, por tal motivo se va haciendo cada vez más corta. En altos vuelos del espíritu, para los grandes atletas de la meditación, sólo queda la inhalación.”

Si la raíz del sueño reside en el flujo equivocado de la energía y del magnetismo, es en la inversión de ese movimiento donde radica la clave de la emancipación del hipnotismo. Cuando esto sucede, la Conciencia se reconoce como tal: “un material psíquico divinal con el cual se puede fabricar Alma.”

Nuestra salvación está en Ella, y nuestra forma de descubrirla está en la enfermedad de su ausencia.

“Esto era la Conciencia antes de la manifestación: siempre un principio divino que independiente de las formas mecánicas, de los procesos vitales, de las emociones, de los pensamientos y de las voluntades, feliz y libremente se desenvolvía sin influencias del llamado mundo de las leyes, dimensiones y formas, pero precisamente todo esto que la condiciona es su propia oportunidad de auto conocimiento.”

La Intelección Luminosa del Libro Apócrifo de Juan.

martes, junio 20, 2006

Mente y Conciencia

Artículo de Rafael Vargas, Roma.

La observación y la práctica me han llevado a la conclusión que en los estudios gnósticos hay dos aspectos que deben quedar completamente comprendidos en lo práctico, estos son la Mente y la Conciencia.

La Mente y la Conciencia son ciento por ciento antagónicas, opuestas, contrarias, distintas, etc., y a la vez fáciles de confundir en lo práctico.

Ya nos había dicho el Maestro Samael que “Mente existe en todo”, pero tal vez no le hemos comprendido completamente. Estudiando aquella otra conferencia del Maestro llamada “Las Siete mentes y los Siete Señores Sublimes” todo queda más claro:

"Mucho se ha hablado sobre la mente, como si en verdad existiera una sola mente. Existen ciertamente, siete mentes. La primera podríamos denominarla la mente meramente intelectual, o empezando desde abajo para que se entienda mejor, diremos que la primera es la mente instintiva, la segunda la mente emocional, la tercera la mente mental, la cuarta, propiamente viene siendo ya la mente equilibrada, etc. Todas estas siete mentes son importantísimas. ¿Que el instinto tiene mente? Es verdad. ¿Que el centro emocional tiene mente? Es cierto. ¿Que el centro intelectual tiene mente? La tiene, ¿quién podría negarlo? ¿Que el centro motor tiene mente? Nadie puede negarlo; son siete mentes."

Y mientras la Mente está siempre activa, sin embargo la Conciencia subyace insertada en el centro de todos esos Siete niveles de la Mente profundamente dormida.

Si uno pone atención al cuerpo de doctrina gnóstico descubre que todo él gira en torno de la idea práctica del despertar de la Conciencia.

Pero uno desde la Mente se siente despierto, no sospecha que la actividad continua de los Siete niveles mentales mantiene hipnotizada la Conciencia.

Y no importa cuanta buena voluntad tengamos en relación a los estudios del espíritu, ella continuará durmiendo.

La práctica de la meditación sirve para constatar que esto es una terrible realidad. Inclusive puede que lo aceptemos intelectualmente, esto no cambia absolutamente nada.

Mejor sería si de modo práctico reconociéramos que íntimamente dormimos, entonces procuraríamos con gran empeño la vía del despertar de la conciencia.

La Conciencia contiene una alta frecuencia vibratoria, pero la baja frecuencia vibratoria de la Mente le impide entrar en acción.

La meditación es un viaje hacia el centro de la Mente, allí donde se encuentra aquella parte libre de la Conciencia. Este viaje comienza en el momento en que cerramos los ojos y nos separamos de las impresiones físicas, para dirigir la Mente hacia el interior, a sabiendas de que todavía no llega la verdadera práctica de la auto-observación, pues aún duerme la conciencia.

Sin embargo, por esa vía de la atención hacia adentro, el cuerpo físico y la personalidad comienzan a tornarse pasivos en nuestras prácticas de meditación. Lo mismo sucede con el intelecto (la parte más superficial de la mente), con la emoción mental (la propia mente con sus deseos), con la mala voluntad, etc.

El gran amigo en este viaje es la respiración rítmica silenciosa que transporta en forma de Prana la propia energía sexual, y que es capaz de atravesar las Siete mentes hasta tocar la dormida Conciencia.

A su vez el Prana transporta la energía misteriosa del Espíritu Santo, el Iluminador, y pronto la Esencia comienza a recibir las beneficiosas descargas eléctricas de la Divina Madre y su Esposo, el Tercer Logos.

Es notable cuando la Conciencia se activa, su vibración es inconfundible, produce un nuevo estado interior, de natural auto-observación, comprensión y de sincero anhelo de morir, de emancipación y de humildad ante su Ser.

Como es también notable como la Mente con todos sus niveles y a través del “Yo” se defiende de todas las maneras posibles ante el nuevo estado. En ese momento le corresponde a la Conciencia decidir con el auxilio superior del Ser su total morir en los distintos Yoes, confiriéndole su total despertar.

El despertar es un proceso gradual, sencillo, nada tiene de espectacular, así nos lo explica el Maestro Samael en sus libros.

Concluyo diciendo que por esta vía la Mente, impresionada desde adentro y no como sucede habitualmente desde afuera, vendrá iluminada y por ende se convertirá en lo que debe ser, un instrumento muy útil al Ser.

Anhelando desde la Conciencia que todos procuremos este camino, dirijo estas reflexiones a los hermanos que conformamos la SGSAW, y más allá de ella a toda la humanidad.

Rafael Vargas,
Roma, 17 de junio de 2006

“Quienes confunden a la Conciencia con las Funciones Psicológicas, pensamientos, sentimientos, impulsos motrices y sensaciones, realmente están muy Inconscientes, Duermen profundamente.”

La Conciencia,
Educación Fundamental

“Todo esfuerzo intelectual para disolver al yo es inútil porque cualquier movimiento de la mente pertenece al yo. Cualquier parte del mí mismo puede tener buenas intenciones. ¿Y qué? El camino que conduce al abismo está empedrado con buenas intenciones. Es curioso ese juego o falacia de una parte del mí mismo que quiere controlar a otra parte del mí mismo que no tiene ganas de ser controlada.

Son conmovedoras las penitencias de esos santos que hacen sufrir a la mujer y a los hijos. Son chistosas todas esas mansedum¬bres de los "santos de chocolate". Es admirable la erudición de los sabihondos. ¿Y qué? El yo no puede destruir al yo y continúa per¬petuándose a través de millones de años en nuestros descendientes.

Debemos desencantarnos de todos los esfuerzos y falacias inútiles. Cuando el yo quiere destruir al yo el esfuerzo es inútil.

Sólo comprendiendo a fondo y de verdad lo que son las bata¬llas inútiles del pensamiento, sólo comprendiendo las acciones y reacciones internas y externas, las respuestas secretas, los móviles ocultos, los impulsos escondidos, etc., podemos entonces alcanzar la quietud y el silencio imponente de la mente.

Sobre las aguas puras del océano de la Mente Universal, pode¬mos contemplar en estado de éxtasis todas las diabluras del yo plu¬ralizado.

Cuando el yo ya no puede esconderse está condenado a pena de muerte. Al yo le gusta esconderse, pero cuando ya no puede es¬conderse, está perdido el infeliz.

Sólo en la serenidad del pensamiento vemos al yo tal cual es y no como aparentemente es. Ver al yo y comprenderlo viene a ser un todo íntegro. El yo está fracasado después de que lo hemos comprendido, porque se vuelve polvo inevitablemente.

La quietud del océano de la mente no es un resultado, es un estado natural. Las olas embravecidas del pensamiento son sólo un accidente producido por el monstruo del yo. La mente fatua, la mente necia, la mente que dice: "Con el tiempo lograré la serenidad, algún día llegaré", está condenada al fracaso, porque la serenidad de la mente no es del tiempo. Todo lo que pertenece al tiempo es del yo. El mismo yo es del tiempo.

Aquellos que quieren armar la serenidad del pensamiento, ar¬marla como quien arma una máquina, juntando inteligentemente cada una de sus partes, están de hecho fracasados porque la sere¬nidad de la mente no se compone de varias partes que se pueden armar o desarmar, organizar o desorganizar, juntarse o separarse.”


La Falacia del Ego,
La Revolución de la Dialéctica

viernes, junio 09, 2006

E. de Judas: Más Allá del Sensacionalismo

Artículo de Carlos Guevara, New York.

Dice el viejo adagio que “la verdad no dura mucho tiempo oculta”. En este caso se tardó casi 17 siglos en reaparecer. Y no solo me refiero al Evangelio Gnóstico de Judas Iscariote, el cual sin duda cambia en algo la perspectiva del drama, la Pasión, la Muerte y la Resurrección del Cristo, por lo menos desde la perspectiva del hasta hace una semana, famoso “traidor”. Me refiero también a la “verdad oculta” de los Evangelios Gnósticos de Nag Hammadi, encontrados en Egipto en 1945, y a los Rollos del Mar Muerto, cuyo hallazgo se produjo en 1947. Juntos, en opinión de los expertos, constituyen los más grandes tesoros arqueológicos del último medio siglo.

El manuscrito en cuestión, datado del siglo III o IV, y que contiene la única copia conocida del Evangelio según Judas, ha sido completamente autentificado por los pocos expertos que quedan en materia de lenguajes antiguos. Y fue exhaustivamente analizado por los equipos científicos de la National Geographic.

El libro comienza así: El relato secreto de la revelación que Jesús hizo en conversaciones con Judas Iscariote durante una semana antes de que celebrara la Pascua”. Posteriormente, el desarrollo del texto retrata a Judas como “el único discípulo que conoce la identidad verdadera de Jesús”.

Y respecto a la total vindicación de Judas Iscariote y sus acciones, leemos que dice Jesús: “Pero tú, Judas, los sobrepasarás a todos ellos, pues tú sacrificarás al hombre que me reviste...”

La opinión pública debe saber que este texto era conocido desde los orígenes del cristianismo y que parte de él aparece citado en una famosa obra de Irineo de Lyon, hoy bastante desautorizada de cara al espejo de la verdad expresada en los Apócrifos Gnósticos de Nag Hammadi, y escrita alrededor del año 180 d.C.

Hasta el día de hoy, la mayoría de la prensa se ha hecho eco solo de los aspectos meramente históricos del texto, y del factor contundente de que Judas no traicionó a Jesús, sino que en un acto de suprema humildad, decide auto-aniquilarze a través del escarnio histórico al que será sometido, y que él mismo le relata a Jesús, ha visto ya en una visión espiritual.

No obstante, el Evangelio de Judas es profundo en aspectos teológicos que deben ir saliendo a la luz poco a poco. Por ejemplo, en un aparte, Jesús enseña a Judas sobre cosmología, es decir, el orden cósmico generado por Yaldabaoth (el Elohim bíblico, el dios creador), que para nosotros es un “cosmos” pero desde la perspectiva del Padre, el Incognoscible y Eterno, es más bien “perdición” porque en su orden creado está implícita la caída de Adam y de la propia sabiduría divina (la Sophía de los gnósticos).

Son muchos los teólogos que van ya reconociendo que probablemente no solo una cosa, sino todas las cosas que la tradición ortodoxa atribuyó a Judas Iscariote fueron falsas. Algunos asumen ahora la tesis simplista de que el motivo de la acción solicitada fue forzar a Jesús a declarar su divinidad. Pero al respecto, observamos nosotros que para identificar a un maestro que diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante el concurso de miles, no se requería de la traición de un apóstol.

Hasta por lógica se puede deducir que la acción de Judas no fue entonces casual, fue un hecho prefijado y que además, ocupaba un lugar en la simbólica de la redención.

No se olvide además, que el “traicionado” es el Verbo hecho carne, el Hijo de Dios, que encontrándose en el Pleroma, la ubicuidad del espacio y la eternidad, se deja atrapar en la historia (el tiempo), que de la dicha sin límites (Barbeló) adviene a la carne y al escarnio, que es Uno y de la misma naturaleza que el Padre, que es el Camino, la Verdad y la propia Vida.

Igualmente no podemos olvidar que Judas es apóstol escogido por El, y por tanto un Elegido para anunciar el Reino de los Cielos, para sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos y expulsar demonios (Mt. 10:78 y Lucas 9:1). Un varón así merece que sus actos se interpreten correctamente.

Del texto apócrifo concluimos por ahora que Judas Iscariote sería al menos un enorme asceta, para gloria de Dios, que como los Padres del Desierto y más que ellos, envilece y mortifica la carne. Judas renuncia al reconocimiento, a la historia, a la alabanza, a la santidad, al honor, a la Paz, y al Reino de los Cielos....En su propia visión espiritual narrada por el documento, Jesús le dice que su acción será la puerta al Reino del Padre.

Judas aceptó el infierno voluntariamente, conoce la divinidad del Señor y la de quien le envió, por eso es llamado por Jesús “decimotercer Espíritu” (treceavo Aeón) que los entendidos en gnosticismo sabrán comprender, y la dicha del Señor y el triunfo de su misión le bastaba.

Pero ante todo, Judas es también un redentor de los hombres, todos sin duda tan lejos de la verdad y por lo tanto traidores de ella, y su Evangelio no debe escandalizar porque en última instancia este integra a Iscariote en el ámbito de la totalidad del Amor Divino que todo lo prevé y todo lo sabe.

Y el beso ya no es más el beso de la traición sino el beso de la suprema obediencia, sobre la que dijera San Francisco... “¡en ella encuentro mi libertad!”.

El Evangelio de Judas








Recientemente traducido al inglés y publicado gracias a la National Geographic, este evangelio ofrece una visión diferente de la relación entre Jesús y el discípulo que le traiciona, Judas. A diferencia de los evangelios canónicos, en este presenta a un Judas que ejecuta su traición según las indicaciones de su maestro.

Aunque aún no ha sido traducido al español, me he tomado la licencia de hacerlo sin ser experto en ello, utilizando el lenguage que caracteriza a los evangelios gnósticos de la biblioteca de Nag Hammadi.

Introducción: Principio

El relato secreto de la revelación que Jesús habló en la conversación con Judas Iscariote durante una semana tres días antes de que celebrara la Pascua.

El Ministerio Terrenal de Jesús

Cuando Jesús apareció en la tierra, realizó milagros y grandes maravillas para la salvación de la humanidad. Y siendo que algunos [caminaron] el camino de la justicia mientras otros caminaron en sus transgresiones, los doce discípulos fueron llamados.

Él empezó a hablar con ellos sobre los misterios más allá del mundo y de lo sucedería al final. Frecuentemente no aparecía a sus discípulos como él mismo, sino que se le encontraba entre ellos como un niño.

Escena 1: Diálogos de Jesús con sus discípulos: La oración de acción de gracias o la eucaristía

Un día se encontraba con sus discípulos en Judea, y les encontró reunidos y sentados en piadosa ceremonia. Cuando él [se acercó] a sus discípulos, [34] reunidos y sentados y ofreciendo una oración de acción de gracias sobre el pan, [se] rió.

Los discípulos [le] dijeron, “Maestro, ¿por qué re ríes de [nuestra] oración de acción de gracias? Hemos hecho lo correcto.

Él respondió y les dijo, “No me estoy riendo de ustedes. [Ustedes] no hacen esto por su propia voluntad, sino porque es a través de esto que su dios [será] alabado.”

Ellos dijeron, “Maestro, tú eres [...] el hijo de nuestro dios.”

Jesús les dijo, “¿Cómo es que me conocen? En verdad [les] digo, ninguna generación de aquellos que están entre ustedes me conocerá.”

Los Discípulos se Molestaron

Cuando sus discípulos escucharon esto, se empezaron a molestar y a enfurecerse y empezaron a blasfemar contra él en sus corazones.

Cuando Jesús observó su falta de [comprensión] les [dijo], “¿por qué esta agitación les lleva al enojo? Su dios que está dentro de ustedes y [...] [35] los ha provocado para encolerizarse [dentro] de sus almas. [Dejad] a cualquiera de ustedes que sea [suficientemente fuerte] entre los seres humanos sacar al humano perfecto y pararse ante a mi rostro”.

Todos dijeron, “Tenemos la fuerza.”

Pero sus espíritus no se atrevieron a ponerse frente a [él], excepto Judas Iscariote. El fue capaz de parase frente a él, pero no le pudo mirar a los ojos, y volvió su cara a otro lado.

Judas le [dijo], “Sé quien eres y de dónde vienes. Tú eres del reino inmortal de Barbeló. Y no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado.”

Jesús Habla con Judas en Privado

Sabiendo que las reflexiones de Judas eran sobre algo muy exaltado, Jesús le dijo, “Apártate de los demás y te diré los misterios del reino. Para ti es posible alcanzarlo, pero padecerás gran aflicción. [36] Pues alguien más te reemplazará, de manera que los doce [discípulos] puedan de nuevo completarse con su dios.”

Judas le dijo, “¿Cuándo me dirás estas cosas, y [cuándo] llegará el día de la gran luz para la generación?

Pero cuando dijo esto, Jesús le dejó.

Escena 2: Jesús aparece de nuevo a los discípulos

La mañana siguiente, después de que esto sucediera, Jesús [aparece] de nuevo a sus discípulos.

Ellos le dijeron, “¿Maestro, dónde fuiste y qué hiciste cuando nos dejaste?”

Jesús les dijo, “Fui a otra grande y santa generación.”

Sus discípulos le dijeron, “Señor, ¿cuál es la gran generación que es superior a nosotros y más santa que nosotros, que no está ahora en estos reinos?”

Cuando Jesús escuchó esto, se rió y les dijo, “¿Por qué están pensando en sus corazones sobre la fuerte y santa generación? [37] En verdad [les] digo, nadie nacido [de] este aeón verá esa [generación], y ningún coro de ángeles de las estrellas regirá sobre esta generación, y ninguna persona de nacimiento mortal puede asociarse con ella, porque esa generación no viene de [...] que se ha vuelto [...]. La generación de personas entre [ustedes] es de la generación de la humanidad [...] poder, el cual [... los] otros poderes [...] por [los cuales] ustedes gobiernan.”

Cuando [sus] discípulos escucharon esto, fueron perturbados en espíritu. No pudieron decir una palabra.

Otro día Jesús vino a [ellos]. Ellos [le] dijeron, “Maestro, te hemos visto en una [visión], pues hemos tenido grandes [sueños ...] noche [...].”

[Él dijo], ¿Por qué se [ustedes ... cuando] se han ido a esconder?” [38]

Los Discípulos ven el Templo y lo Comentan

Ellos [dijeron, “Hemos visto] una gran [casa con un gran] altar [en ella, y] doce hombres -diríamos que son los sacerdotes- y un nombre; y una multitud esperando en aquel altar, [hasta] que los sacerdotes [... y reciban] las ofrendas. [Pero] permanecimos esperando.

[Jesús dijo], “¿Cómo eran [los sacerdotes]?

Ellos [dijeron, “Algunos ...] dos semanas; [algunos] sacrifican a sus propios hijos, otros a sus esposas, en alabanza [y] humildad mutua; algunos duermen con hombres; algunos están envueltos en [matanzas]; algunos cometen multitud de pecados y actos ilícitos. Y los hombres que están [ante] el altar invocan tu [nombre], [39] y en todos los actos de su carencia, se hacen sacrificios para completarla [...].”

Después de decir esto, callaron, pues estaban perturbados.

Jesús Ofrece una Interpretación Alegórica de la Visión del Templo

Jesús les dijo, “¿Por qué estáis perturbados? En verdad os digo, todos los sacerdotes que están ante el altar invocan mi nombre. De nuevo les digo, mi nombre ha sido escrito en esta [...] de las generaciones de las estrellas a través de las generaciones humanas. [Y ellos] han plantado árboles sin fruto, en mi nombre, de manera vergonzosa.”

Jesús les dijo, “Aquellos a quienes han visto recibiendo las ofrendas en el altar -eso es lo que ustedes son. Ese es el dios al que sirven, y ustedes son esos doce hombres que han visto. Los animales que han visto para el sacrificio son las personas que ustedes han extraviado [40] ante el altar. [...] se levantarán y utilizarán mi nombre de esta manera, y generaciones de devotos permanecerán leales a él. Después de él otro hombre se colocará desde [los fornicarios], y otro [se] colocará desde los asesinos de niños, y otro desde aquellos que duermen con hombres, y aquellos que se abstienen, y el resto de las personas de contaminación y desobediencia y error, y aquellos que dicen, “Somos como ángeles”, ellos son las estrellas que traerán todo a su terminación. Pues para las generaciones humanas, se ha dicho, “Mira, Dios ha recibido tu sacrificio de las manos de un sacerdote” -esto es, un ministro del error. Pero es el Señor, el Señor del universo, quien manda, “En el día último ellos serán avergonzados.” [41]

Jesús [les] dijo, “Dejad de [sacrificar...] lo que tenéis [...] sobre el altar, pues ellos están sobre tus estrellas y tus ángeles y ya han llegado a su terminación allí.

Así que dejadles que sean [seducidos] ante ustedes, y dejadlos ir [-cerca de 15 líneas perdidas] generaciones [...]. Un panadero no puede alimentar a toda la creación [42] bajo el [cielo]. Y [...] para ellos [...] y [...] para nosotros y [...].

Jesús les dijo, “Dejad de luchar conmigo. Cada uno de ustedes tiene su propia estrella, y cada [uno -cerca de 17 líneas perdidas-] [43] en [...] quien ha venido [... proceder] por el árbol [...] de este aeón [...] por un tiempo [...] pero él ha venido a regar el paraíso de Dios, y la [generación] que perdurará, porque [él] no mancillará el [camino de la vida de] esa generación, sino [...] por toda la eternidad.”

Judas Pregunta a Jesús Sobre esa Generación y las Generaciones Humanas

Judas [le] dijo, [Rabb]i, ¿qué tipo de fruto produce esta generación?

Jesús dijo, “Las almas de cada generación humana morirán. Cuando estas personas, sin embargo, hayan completado el tiempo del reino y el espíritu les deje, sus cuerpos morirán pero sus almas estarán vivas, y serán exaltadas.”

Judas dijo, “¿Y qué harán el resto de las generaciones humanas?”

Jesús dijo, “Es imposible [44] sembrar semilla en la [roca] y cosechar su fruto. [Esta] es también la forma [...] la generación [mancillada] [...] y la corruptible Sophia [...] la mano que ha creado a los mortales, para que sus almas asciendan a los reinos eternos arriba. [En verdad] te digo, [...] ángel [...] poder podrá ver que [...] éstos a quien [...] santas generaciones [...].”

Después de que Jesús dijera esto, partió.

Escena 3: Judas relata una visión y Jesús responde

Judas dijo, “Maestro, así como les has escuchado a todos, ahora escúchame a mí. Pues he tenido una gran visión.”

Cuando Jesús escuchó esto, se rió y le dijo, “Tú, decimotercer espíritu, ¿por qué lo intentas tanto? Pero habla, y yo lo llevaré contigo.”

Judas le dijo, “En la visión vi como los doce discípulos me apedreaban [45] y me perseguían [severamente]. Y también vine al lugar donde [...] después de ti. Vi [una casa ...], y mis ojos no pudieron [comprender] su tamaño. Grandes personas la rodeaban, y aquella casa -tenía- un techo de verdor, y en medio de la casa estaba [una multitud -dos líneas perdidas-], diciendo, “Maestro, albérgame junto con estas personas.”

[Jesús] respondió y dijo, “Judas, tu estrella te ha extraviado.” Y continuó, “Ningún mortal es digno de entrar en la casa que has visto, pues ese lugar está reservado para los santos. Ni el sol ni la luna regirá ahí, ni el día, pero el santo morará ahí siempre, en el reino eterno con los ángeles santos. Mira, te he explicado los misterios del reino [46], y te he enseñado sobre el error de las estrellas; y [...] lo envié [...] en los doce aeones.”

Judas Pregunta Sobre su Propio Destino

Judas dijo, “Maestro, ¿podría ser que mi semilla esté bajo el control de los regidores?”

Jesús respondió y le dijo, “Ven, que yo [-dos líneas perdidas-], pero te afligirás mucho cuando veas el reino y toda su generación.”

Cuando escuchó esto, Judas le dijo, “¿qué bien es ese que yo he recibido? Para que me hayas puesto aparte de esa generación.”

Jesús respondió y le dijo, “Tú te convertirás en el decimotercero, y serás maldecido por las otras generaciones -y vendrás a regir sobre ellos. En los últimos días ellos maldecirán tu ascensión [47] a la santa [generación].”

Jesús Enseña a Judas Sobre Cosmología: El Espíritu y el Auto-Generado

Jesús dijo, “[Ven], para que pueda enseñarte sobre [secretos] que ninguna persona [ha] visto jamás. Pues existe un grande e ilimitado reino, cuya magnitud ninguna generación de ángeles ha visto, [en la cual] hay [un] grande e invisible [Espíritu],

que ojo de ángel nunca ha visto jamás,

ningún pensamiento del corazón jamás ha comprendido,

y nunca ha sido llamado por ningún nombre.

“Y una nube luminosa apareció. Él dijo, “Dejad a un ángel aparecer como mi servidor.”

“Un gran ángel, el divino iluminado Auto-Generado, emergió de la nube. Por él, otros cuatro ángeles aparecieron desde otra nube, y se convirtieron en servidores del angélico Auto-Generado. El Auto-Generado dijo, [48] “Dejad [...] que aparezca [...],” y apareció [...]. Y [creó] la primera lumbrera para reinar sobre él. Dijo, “Dejad que aparezcan los ángeles para [su] servicio,” e incontables miríadas aparecieron. Dijo, “[Dejad] que aparezca un aeón iluminado,” y entonces apareció. Creó a la segunda lumbrera [para] que reinara sobre él, junto con las incontables miríadas de ángeles, para servir. De esta forma creó el resto de los aeones iluminados. Les hizo reinar sobre ellos, y por ellos creó incontables miríadas de ángeles, para que les asistieran.

Adamas y las Lumbreras

(En Pistis Sophia Develada del VMS se menciona lumbreras como dadores de Luz)

Adamas estaba en la primera nube luminosa que ningún ángel había visto jamás entre aquellos llamados “Dios.” El [49] [...] que [...] la imagen [...] y a semejanza de [este] ángel. Hizo aparecer a la incorruptible [generación] de Seth [...] los doce [...] los veinticuatro [...]. Hizo aparecer setenta y dos luminarias en la generación incorruptible, de acuerdo con la voluntad del Espíritu. Estas setenta y dos luminarias hicieron aparecer trescientos sesenta luminarias en la generación incorruptible, de acuerdo con la voluntad del Espíritu, de que su número debía ser cinco por cada uno.

“Los doce aeones de las doce luminarias constituyen su padre, con seis cielos por cada aeón, de tal manera que hay setenta y dos cielos para las setenta y dos luminarias, y para cada una [50] [de ellas cinco] firmamentos, [para un total de] trescientos sesenta [firmamentos]. A ellos se les dio autoridad y un [gran] coro de ángeles [incontables], para gloria y adoración, [y después de ello también] espíritus vírgenes, para gloria y [adoración] de todos los aeones y los cielos y sus firmamentos.

El Cosmos, El Caos y el Mundo Inferior

“La multitud de aquellos inmortales es llamada el cosmos -esto es, perdición- por el Padre y las setenta y dos luminarias que están con el Auto-Generado y sus setenta y dos aeones. En él el primer humano apareció con sus poderes incorruptibles. Y el aeón que apareció con su generación, el aeón en el cual están la nube de conocimiento y el ángel, es llamada [51] El. [...] aeón [...] después de esto [...] dijo, “Dejad que aparezcan doce ángeles [para] regir sobre el caos y sobre el [mundo inferior].” Y mirad, de aquella nube aparece un [ángel] cuyo rostro brilla con el fuego y cuya apariencia fue mancillada con sangre. Su nombre fue Nebro, que quiere decir “rebelde”; otros lo llaman Yaldabaoth. Otro ángel, Saklas, también vino de la nube. Así Nebro creó seis ángeles -al igual que Saklas- para ser asistentes, y esto produjo doce ángeles en los cielos, con cada uno recibiendo una porción de los cielos.

Los Regidores y Ángeles

“Los doce regidores hablaron con los doce ángeles: “Dejad a cada uno [52] [...] y dejadlos [...] generación [-una línea perdida-] ángeles”:

El primero es [S]eth, quien es llamado Cristo.

El [segundo] es Harmathoth, quien es [...].

El [tercero] es Galila.

El cuarto es Yobel.

El quinto [es] Adonaios.

Estos son los cinco que gobiernan sobre el mundo inferior, y antes que nada sobre el caos.

La Creación de la Humanidad

“Entonces Saklas dijo a sus ángeles, “Hagamos a un ser humano a semejanza e imagen.” Ellos formaron a Adán y a su esposa Eva, quien, en la nube, es llamada Zoe. Pues por su nombre todas las generaciones buscan al hombre, y cada uno de ellos llama a la mujer por estos nombres. Ahora, Sakla no [53] or[denó...] excepto [...] las gene[raciones...] esto [...]. Y el [regidor] dijo a Adán, “Vivirás por mucho tiempo, con tus hijos.””

Judas Pregunta Sobre el Destino de Adam y de la Humanidad

Judas dijo a Jesús, “[¿Cuál] es la duración del tiempo que los seres humanos vivirán?”

Jesús dijo, “¿Por qué te cuestionas esto, que Adán, con su generación, haya vivido su lapso de vida en el lugar donde ha recibido su reino, con longevidad con su gobernante?

Judas dijo a Jesús, “¿Muere el espíritu humano?”

Jesús dijo, “Por esto es que Dios ordenó a Miguel darles los espíritus de la gente a ellos a préstamo, para que ellos puedan ofrecer servicio, pero el Grande le ordenó a Gabriel conceder espíritus a la gran generación sin ningún regidor sobre ellos -esto es, el espíritu y el alma. Por consiguiente, el [resto] de las almas [54] [-una línea perdida-].

Jesús Comenta la Destrucción de lo Perverso con Judas y Otros

“[...] luz [-cerca de dos líneas perdidas-] alrededor [...] permitid [...] espíritu [que está] dentro de ustedes more en esta [carne] entre las generaciones de ángeles. Pero Dios provocó que el conocimiento fuera [dado] a Adán y a aquellos con él, para que los reyes del caos y del mundo inferior no se señorearan sobre ellos.”

Judas dijo a Jesús, “Entonces, ¿qué harán esas generaciones?”

Jesús dijo, “En verdad te digo, para todos ellos las estrellas traerán asuntos para su terminación. Cuando Saklas complete el lapso de tiempo asignado a él, su primera estrella aparecerá con las generaciones, y ellos terminarán lo que dijeron que harían. Entonces fornicarán en mi nombre y matarán a sus hijos [55] y ellos [...] y [cerca de seis líneas y media perdidas-] mi nombre, y él [...] tu estrella sobre el [trece]avo aeón.”

Después de esto Jesús [rió].

[Judas dijo], “Maestro, [¿por qué te ríes de nosotros]?”

[Jesús] respondió [y dijo], “No me río de ustedes, sino del error de las estrellas, porque estas seis estrellas vagan con estos cinco combatientes, y todos ellos serán destruidos junto con sus criaturas.”

Jesús Habla de Aquellos que Están Bautizados, y de la Traición de Judas

Judas dijo a Jesús, “Mira, ¿qué hacen aquellos que han sido bautizados en tu nombre?

Jesús dijo, “En verdad [te] digo, este bautismo [56] [...] mi nombre [-cerca de nueve líneas perdidas-] para mi. En verdad [yo] te digo, Judas, [aquellos que] ofrecen sacrificio a Saklas [...] Dios [-tres líneas perdidas-] todo lo que es malo.

“Pero tu sobrepasarás a todos ellos. Pues tú sacrificarás al hombre que me reviste.

Ya tu cuerno se ha levantado,

tu ira se ha enardecido,

tu estrella ha brillado,

y tu corazón ha [...]. [57]

En verdad [...] tu ultima [...] se hizo [-cerca de dos líneas y media perdidas-], aflicción [-cerca de dos líneas perdidas-] el regidor, pues será destruido. Y entonces la imagen de la gran generación de Adán será exaltada, pues antes que los cielos, la tierra y los ángeles, esa generación, que es de los reinos eternos, existía. Mira, se te ha dicho todo. Levanta tus ojos y mira a la nube y a la luz dentro de ella y a las estrellas que la rodean. La estrella que guía el camino es tu estrella.”

Judas levantó sus ojos y miró la nube luminosa, y entró en ella. Aquellos que estaban en el suelo escucharon una voz que provenía de la nube, diciendo, [58] [...] la gran generación [...] ... imagen [...] [-cerca de cinco líneas perdidas-].

Conclusión: Judas Traiciona a Jesús

[...] Sus supremos sacerdotes murmuraron porque [él] había entrado en el cuarto de huéspedes para orar. Pero algunos escribas estaban ahí vigilando cuidadosamente para arrestarlo durante la oración, pues tenían miedo de las gentes, pues todos le consideraban como un profeta.

Se acercaron a Judas y le dijeron, “¿Qué haces aquí? Tu eres discípulo de Jesús.”

Judas les respondió como deseaban. Y recibió un dinero y lo entregó a ellos.

El Evangelio de Judas

El Derviche Bokhario Hadji Asvatz-Troov


[ El Derviche Bokhario Hadji Asvats-Troov, del album Journey to Inaccesible Places,
Thomas de Hartmann y G.I. Gurdjieff ]


Con las notas al piano compuestas por Thomas de Hartmann en colaboración con su maestro, G.I. Gurdjieff, inspiradas en la historia de este sabio derviche persa, compartimos el relato que sobre el personaje hace el Maestro Samael en el capítulo dos de su libro Mensaje de Navidad 1965-1966.

Es la historia de "un gran sabio venido de ignotos lugares", quien se encuentra en la región de Bojara (Bokhara, uno de los principales centros de la civilización irania en la antigua Persia) con "un anciano de edad indescifrable", de nombre Hadji Asvats-Troov, quien recibiéndole en su cueva, le cuenta sobre la antigua ciencia china llamada Shat-Chai-Mernis, la ciencia de las vibraciones.

Aquel ermitaño, después de varias demostraciones con diferentes instrumentos musicales, explica al visitante la diferencia entre vibraciones creadoras y vibraciones impulsoras. Las primeras producidas principalmente por instrumentos de cuerdas y las segundas por instrumentos de viento.

Y dirá el Maestro al respecto:
"En otros tiempos existieron maravillosos instrumentos de música con los cuales se hicieron formidables experimentos. Sabiendo manejar las ondas vibratorias del sonido se puede actuar sobre toda substancia, sobre toda vida...
Realmente sin el sonido, sin el verbo, sin la palabra; el sistema solar en el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, no existiría. En el amanecer de la vida los Cosmocratores trabajaron en sus templos con la Magia Sexual del Verbo."

Y continúa el Maestro con esta explicación tan profunda como misteriosa: "Dentro de cada templo aparecen sentados en sus tronos del oriente interno, un sacerdote y una sacerdotisa. En cada templo hay una planta baja sobre la cual están todos los sitiales y columnas del templo. Los Elohim mencionados por las sagradas escrituras ocupan esa planta baja.
Esta es la Masonería Primieval, estos son los talleres de los Cosmocratores. Canta el sacerdote y canta la sacerdotisa y cantan todos los Elohim del templo, y sus voces resuenan en el Caos.
Así se realizan los rituales del fuego en el amanecer de la vida, y las tres fuerzas llamadas masculina, femenina y neutra; vibran científicamente produciéndo múltiples fenómenos en la Materia Primordial. Se hace fecunda la Gran Madre, la materia prima de la Gran Obra y brotan los gérmenes de toda creación. Así es como nace el universo del Pleroma, así nace todo el sistema solar."

Interesante es saber que en el relato no se menciona el nombre del misterioso visitante. Solamente dice el Maestro que "el sabio de nuestra historia, era un Maestro venido de otro planeta, más guardaba el secreto". A este personaje y su "revolución" dedicaría después el Maestro Samael un libro completo...

El Camino del Guerrero

Reflexiones sobre las enseñanzas de Don Juan a Carlos Castaneda

"La vida se desenvuelve de instante en instante y cuando la capturamos para analizarla, la matamos. Cuando intentamos inferir conceptos al observar tal o cual fenómeno natural, de hecho dejamos de percibir la realidad del fenómeno y sólo vemos en el mismo, el reflejo de las teorías y conceptos rancios que en modo alguno tienen nada que ver con el hecho observado.” Samael Aun Weor

“Transformar esta maravilla en razonamiento no sirve absolutamente para nada. Aquí, a nuestro alrededor, se encuentra la eternidad misma. Intentar reducirla a una absurdidad manipulable no sólo es mezquino, sino francamente desastroso.” Don Juan

1. El hombre común cree que la descripción del mundo que le han enseñado es definitiva.

Por consiguiente vegeta dentro de la horizontalidad, de la mecánica del mundo. Sus ideas, convicciones, anhelos, metas, objetivos, etc., sean estos materiales o espirituales, están a merced de esta descripción. “Muere con la íntima convicción de haberlo agotado todo”.

Esta descripción se inicia en el momento en que nacemos, y no podremos percatarnos de ella hasta no contar con un punto de referencia. La personalidad y toda su resaca: miedo, apego, imitación, fantasía, seguridad, mitomanía, vanidad, etc., es decir, el placer y el dolor, es todo lo que esta descripción produce.

La educación solamente motiva a la mente sensual, aquella que se alimenta de las percepciones de los sentidos físicos, de la cual Castaneda es un excelente representante. Esta es, como bien señala Don Juan, “el policía abusivo y vigilante que, inconscientemente, impide toda evasión, toda elección hacia el poder y la libertad”.

2. ¿Por qué se habla del mundo en términos de una mera descripción?

¿Conocemos el mundo? De hecho, guardamos de el una gran cantidad de representaciones, esto es, una gran descripción, a las que en su conjunto llamamos conocimiento. Comúnmente se entiende por saber la acumulación de representaciones, y se dice que una persona sabe más cuanto mayor sea el número de sus representaciones internas.

Para nosotros, de tal manera, el mundo se constituye en una serie de descripciones de fenómenos, sean éstos químicos, físicos o biológicos; reacciones psicológicas y formas aprendidas y estereotipadas; conductas de acuerdo a la moral y a la ética de turno, a la religión y la cultura, etc. A esto se reduce nuestro mundo, y lo que de ello escape lo catalogamos como metafísico, desconocido, dogmático, brujesco, hechicero, loco, absurdo, sectario, o científicamente no demostrable.

Emmanuel Kant, el filósofo alemán, en su Crítica de la Razón Pura, afirma que los conocimientos humanos no alcanzan la cosa en sí, la cual queda desconocida y por eso la llamó el noúmeno, la incógnita. Lo que conocemos es sólo una apariencia de las cosas, conocida como el fenómeno.

Desde este punto de vista se habla de una descripción del mundo, por cuanto lo único que conocemos es la descripción de las características del fenómeno (color, forma, composición química, etc.), y nada sabemos de ese otro mundo que no puede ser percibido por los sentidos de percepción externa, y sin embargo más real que la mesa del comedor o los sillones de la sala.

3. ¿Cómo comprender lo que significa parar el mundo?

En primer lugar, para poder comprender las enseñanzas de Don Juan es necesario considerarlas con una mentalidad abierta, procurando comprender la necesidad de desligar los factores tiempo-espacio, circunstancia, cultura, lenguaje, etc. para poder entender un mensaje de orden psicológico-espiritual que no participa ni tiene nada que ver con esas diferencias.

Parar el mundo significa producir la oportunidad de sentir una verdadera necesidad, algo que constituye el elemento motor de un cambio sistemático y radical. Parar el mundo es acabar con la descripción de ese mundo y aprender a ver esa realidad que nos hace actuar.

En Viaje a Ixtlán se desarrolla magistralmente toda una trama para producir circunstancias ajenas a nuestro hacer y de esta manera intentar parar el mundo. “No hay manera de cambiar el hacer de nuestro mundo” dice Don Juan en Viaje a Ixtlán. ¿Quién podría cambiar todas esas circunstancias? ¿Podríamos acaso cambiar el mundo?

“Como quiera que la vida interior es el imán que atrae los eventos exteriores, necesitamos con urgencia máxima, inaplazable, eliminar de nuestra psiquis los estados psicológicos erróneos”.

“Alterar nuestra relación con determinados eventos es posible si eliminamos de nuestro interior ciertos estados psicológicos absurdos”.

“Situaciones exteriores destructivas podrían convertirse en inofensivas y hasta constructivas mediante la inteligente corrección de los estados interiores erróneos”.

Los párrafos anteriores, tomados del libro Psicología Revolucionaria de Samael Aun Weor nos ayudan a comprender por qué dice Don Juan que no se puede cambiar el mundo. Los problemas son una propiedad inherente a la vida, y lo único que nosotros podemos hacer es cambiar nuestra actitud ante los mismos, lo que convertiría nuestro mundo en el campo de caza del que nos habla el chamán yaqui, es decir, aprovechar las grandes oportunidades que nos dan esas circunstancias.

Así, las impresiones que llegan a nuestros sentidos y las circunstancias de la vida pueden seguir siendo las mismas: hogar, trabajo, calle; con sus consabidas situaciones agradables o desagradables, pero nuestra actitud será otra: la de un cazador y un verdadero guerrero.

Todas esas circunstancias que nos enganchan, que nos hacen llevar una vida común, llena de problemas y situaciones difíciles y dolorosas muchas veces, es lo que Don Juan llama el Anillo del Hacer, y estos anillos de todos nosotros, dependientes de la mecanicidad, constituyen nuestro mundo. Un hombre de conocimiento utiliza su Anillo del No-Hacer y rompe la mecánica, escapa de la descripción, urde otro mundo.

A propósito de cazar, dice Don Juan: “Cazar es un asunto muy extraño. No hay manera de planearlo por anticipado. Eso es lo emocionante. Pero de todos modos un guerrero procede como si tuviera un plan, porque confía en su poder personal. Sabe de cierto que lo hará actuar en la forma más apropiada”. Aquí no hay planes de robot. Se vive la filosofía de la momentaneidad. Se actúa en base a un plan que está implícito en la propia conciencia, la que al estar activa, sabe estar al acecho y cazar. Es la Acción Lacónica del Ser.

4. El Sentir y su relación con el parar el mundo.

Tal como explica Don Juan, parar el mundo está íntimamente ligado al Sentir. Si analizamos profundamente, nos damos cuenta de que definitivamente sólo el Sentir podría desdoblar la verdadera necesidad de un cambio interior y traducirla en hechos y acciones concretas.

Como bien dice la gnosis, solamente cuando se produce la separación interior es posible desdoblar la energía y circunstancias necesarias para realizar un trabajo fructífero sobre sí mismos. Es en este punto donde nos damos cuenta de que la mera información no sirve para producir esa necesidad y urgencia interior de un cambio radical. Muchas personas están informadas de la necesidad urgente de un cambio y de un trabajo sobre sí, pero esa información no posee la fuerza necesaria para motivarnos a la acción. He aquí el por qué de los círculos mecánicos dentro de las instituciones esotéricas y de los grupos de la nueva era, círculos de repetición de la información, pero completamente estériles en cuanto a resultados del trabajo. “Todo esto sucede por incapacidad de parar el mundo”.

Nuestro mundo sigue siendo el de la descripción, el de la mecánica. ¡Cualquier actividad dentro de él seguirá siendo la prolongación de su propia mecánica!

Continuamos manejándonos en el anillo del hacer y nunca hemos querido aceptar la realidad de ese otro mundo interior, ni hemos querido aceptar la responsabilidad de vivir en un universo misterioso. No aceptar esa responsabilidad significa, de hecho, continuar apegados a nuestro mundillo de lo conocido, el camino frecuentado, el del rebaño, la mecánica, esto es, en la vida horizontal con sus dos extremos que se tocan: cuna y sepulcro; pero lejos, muy lejos de la línea vertical de nuestro propio Ser, nuestra legítima realidad.

Psicología del Éxtasis Chamánico

"Lo que el común de las gentes conoce actualmente acerca del chamanismo es muy poco, y aún ese poco ha sido adulterado, lo mismo que el resto de las religiones no cristianas".

V.M. Samael Aun Weor

La Naturaleza del Éxtasis.

Lo conocido como chamanismo expresa la maestría del éxtasis. Para entenderlo será necesario abordar no solamente las características que le envuelven, sino también las muy diferentes maneras en que se ha manifestado esta técnica en las diferentes culturas, momentos y circunstancias de la historia, incluyendo el moderno “chamanismo urbano”. Para nosotros quienes estudiamos la gnosis es más importante entender el fenómeno desde el punto de vista de lo que psicológicamente representa y lo que puede llegar a producir en la vida del candidato del camino espiritual. Es desde esta perspectiva que el chamanismo cobra sentido y deja de ser solamente un fenómeno mágico y fascinador de los sentidos. La experiencia chamánica es posible replanteársela ahora de una manera completamente práctica, gracias a la obra del V.M. Samael, como un trabajo serio dirigido a producir en el hombre el florecimiento de sus atributos interiores, el desarrollo de su conciencia y la encarnación de su Real Ser.

El Venerable Maestro Samael define la filosofía del Ser como una tabla pitagórica; sintética, matemática y exacta. Es una manifestación concisa, una actuación breve, como el rayo que cae en medio de la tormenta y arrasa para posteriormente desaparecer. Esta acción no tiene nada que ver con la actividad, siendo la primera factual [aquí y ahora], mientras la segunda representa la necesidad de la continuidad del yo, para quien los actos deben proyectarse en el tiempo y en el espacio. La acción es, pues, el resultado de una “ecuación y una fórmula exacta”.

Entre la tradición chamánica en Norteamérica este mensaje se expresa a través del enunciado que los maestros del éxtasis mantienen siempre presente, -¡wachin ksapa yo!-, ¡permanece atento! Este expresa el espíritu central de la tradición e implica que en cada acto, en cada momento, en cada instante el Gran Espíritu está presente y se ha de estar continua e intensamente conciente y atento a esta presencia divina. Esta presencia, conocida particularmente en Norteamérica como Wakan Tanka es definitivamente lo que el cristianismo primitivo y la gnosis reconocen como vivir el momento, el eterno ahora, la filosofía de la momentaneidad. Esta capacidad de atención es fundamental en la vida del chamán pues es gracias a la cualidad de observación que éste aprende a vivir en alerta a las diferentes circunstancias que le rodean, sean estas de carácter externo (eventos) o interno (estados).

Desde el punto de vista psicológico, la práctica del éxtasis, sea de carácter indígena como el hamblecheyapi (ceremonia de visión) o cristiano como el retiro, el ayuno y la abstinencia, tiene por objeto detener la representación del mundo. Cada uno de nosotros mantiene su mundo particular de acuerdo con factores que han sido aprendidos durante el desarrollo y que se convierten en formas de pensar, sentir y actuar estereotipadas. La representación del mundo consta de todo aquello que “sabemos’ y en base a lo cual “actuamos”. Esta representación por regla general es falsa y produce el desarrollo de una falsa personalidad. El individuo “vive” dentro de un mundo que no es real y como los habitantes de la caverna en el mito platónico, ve las sombras confundiéndolas con la realidad.

Derrumbar la Descripción.

Es tarea muy difícil acabar con esa falsa representación, puesto que absolutamente toda nuestra vida y relaciones están estructuradas sobre esos basamentos. Será necesario un choque suficientemente fuerte para derrumbar esa estructura, un choque poderoso que nos abra a la realidad. Este momento, o más bien debiéramos decir, este estado, es conocido en el gnosticismo como la separación interior. Esta separación de la mecánica condicionante nunca podría provenir de una actividad pensante, sintiente o actuante del yo, puesto que de ser así se convertiría simplemente en la proyección de la misma mecánica. Producir la oportunidad de sentir una verdadera necesidad y urgencia interior es la finalidad del éxtasis chamánico y es esta necesidad el verdadero motor de un cambio sistemático y radical. Solamente quien detiene la actividad de la descripción mecánica está en posibilidad de ver esa realidad que inevitablemente nos hace actuar.

La mayoría de las personas que buscan un camino espiritual están informadas de la necesidad de un cambio y de la manera de realizar un “trabajo”, pero se adolece de la acción que conduce a los efectos prácticos de ese trabajo. Esta es la razón de ser de los “círculos mecánicos” que menciona el Venerable Maestro Samael y que se producen dentro de las organizaciones esotéricas. Son círculos de repetición de la información, que aún cuando tengan la información correcta se vuelven completamente estériles en cuanto a resultados. Hay incapacidad de detener la representación mecánica y la actividad “espiritual” simplemente se incorpora a esa mecánica. El mundo continúa siendo el de la descripción, el del círculo mecánico, y cualquier actividad dentro de él, sea de carácter material o espiritual, continuará siendo la prolongación de su propia mecánica.

Para el hombre de mentalidad moderna los actos deben tener una continuidad, que es la que produce la sensación de estar vivos. Para él, los actos nunca son plenos ni interesan como tales, porque siempre estará más interesado en el futuro o estará pensando en el pasado. Sin embargo, vivir en el presente significa asumir la responsabilidad de los actos. Esta es la razón de ser de la búsqueda del éxtasis, la visión y la naturaleza del abandono, el ayuno y la abstinencia, de la enfermedad, la crisis, el acercamiento a la muerte y todo aquello que caracteriza la experiencia chamánica. Reunir en una determinada circunstancia factores como la impotencia (esto es, la imposibilidad de actuar como siempre lo hemos hecho, desde la descripción), el temor (comprender que estamos a merced de una voluntad superior), la presencia de la muerte (reconociendo la impermanencia de las cosas y de nosotros mismos) y la voluntad (la energía que se desprende de la no-actividad) es la mejor manera de derrumbar las murallas de la descripción. Esto es exactamente el propósito de este ceremonial.

Los antiguos misterios de la búsqueda de la iniciación siempre contaron con la necesidad de producir estos elementos. Aquellos que buscaron y llamaron eran primeramente sometidos a las pruebas más terribles a fin de descubrir dentro de ellos mismos el verdadero motor de su búsqueda y su verdadera realidad. El camino Lakota es muy duro, dicen los ancianos. Para el guerrero Lakota la vida es un acto pleno, que merece ser vivido como tal. El chamán don Juan dice que este es el camino que tiene corazón y el guerrero lo recorre mirando, mirando…, con el aliento cortado. Para el Venerable Maestro Samael el camino es uno solo: la senda del filo de la navaja.

Más Allá de los Dominios de lo Profano

“La enseñanza es siempre una epifanía:
algunas veces como el sonido de un trueno…

pero generalmente solo un susurro,

que fácilmente se pierde.”

Para un creyente la iglesia comprende un espacio diferente al de la calle en la que se encuentra. La puerta que se abre en el interior de la iglesia le significa una continuidad. El umbral que separa los dos espacios también indica la distancia entre dos modos de ser, el profano y el religioso. El umbral es el límite, el contorno, la frontera que diferencia y separa dos mundos –y al mismo tiempo paradójicamente el lugar donde esos dos mundos se comunican, donde se hace posible el tránsito de lo profano al mundo sagrado.

La misma función ritual recae sobre el umbral de la habitación humana, y es por esta razón que el umbral es un elemento de gran importancia. Numerosos rituales acompañan el paso por el umbral doméstico –inclinarse, postrarse, un roce piadoso de la mano, etc.

El umbral tiene sus guardianes –dioses y espíritus que prohíben la entrada tanto a los enemigos humanos como a los demonios y poderes del mal. Es en el umbral donde se ofrecen los sacrificios a las divinidades guardianas. Aquí también situaron el lugar del juicio algunas culturas paleo-orientales (Babilonia, Egipto, Israel). El umbral, la puerta, muestra la continuidad en el espacio de manera inmediata y concreta; por consiguiente su gran importancia religiosa, pues son símbolos y a la vez vehículos del tránsito de un espacio al otro.

Lo que hemos dicho quedará claro porque la iglesia comprende un espacio completamente diferente al de los edificios que la rodean. Dentro de los sagrados dominios de lo profano se trasciende el mundo. La posibilidad de la trascendencia se expresa mediante imágenes de una apertura; aquí, en el espacio sagrado, la comunicación con los dioses es posible. Debe haber entonces una puerta hacia el mundo superior, por medio de la cual los dioses pueden descender a la tierra y el hombre puede simbólicamente ascender al cielo. Veremos que en el caso de muchas religiones el templo constituye una apertura hacia arriba y asegura la comunicación con el mundo de los dioses.

Cada lugar sagrado implica una hierofanía, una irrupción de lo sagrado que resulta en liberar el territorio del escenario cósmico que le rodea y convertirlo en algo cualitativamente diferente. Cuando Jacobo en su sueño en Haran vio la escalera que alcanzaba hasta el cielo, con ángeles ascendiendo y descendiendo y escuchó al Señor hablar desde lo alto diciendo “Yo Soy el Señor Dios de Abraham”, despertó y con temor clamó: “Cuán terrible es este lugar: este no es otro que la casa de Dios, y esta es la puerta del cielo.” Y tomó la piedra que había sido su almohada, y la colocó como monumento, y derramó aceite sobre ella. Llamó entonces al lugar Beth-el, o sea, Casa de Dios (Gen. 28:12-19).

El simbolismo implícito en la expresión “puerta del cielo” es rico y complejo; la teofanía que sucede en un lugar lo consagra por el hecho mismo de la apertura que produce –esto es, una comunicación con el cielo, convirtiéndolo en el paradójico punto de transición de un modo de ser a otro.

Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo Profano.

Gnosis, Metáfora y Mito

La tradición hunde sus raíces en la experiencia. Detrás de la estructura de toda teología, filosofía y ética descansa la piedra fundamental de la experiencia trascendental.

Moisés sube al Sinaí y al experimentar la realidad de Jehová recibe las tablas de la Ley. Buda logra la iluminación bajo el sagrado árbol Bodhi para entonces proclamar el Dharma. Mahoma atraviesa por la experiencia del ángel Gabriel en la cueva antes de iniciar su profética misión.

La tradición Gnóstica que desciende de los Esenios y encuentra su continuidad en el Cristianismo siempre se resistió a transformar la experiencia en una estructura ética teológica optando por alternativas diferentes.

Dice el Dr. Quispel: “He sugerido que el gnosticismo expresa una experiencia religiosa específica, la cual frecuentemente se convirtió en mito”. Quispel llamó a este fenómeno “la mitologización de la experiencia Intima”.

Esta experiencia personal de los gnósticos, experiencia del Ser que, siendo de la misma substancia divina reúne a lo humano con lo divino, es a la que alude la Dra. Pagels en el capítulo seis de Los Evangelios Gnósticos: Gnosis: El Conocimiento de Sí Mismo como Conocimiento de Dios. Esta experiencia del autoconocimiento es transformada por los gnósticos en la más creativa de las expresiones simbólicas que es el mito.

La expresión verdadera del mito, llamada mitologema, es algo que no puede expresarse de ninguna otra forma sin que pierda inevitablemente su autenticidad.
Desde este punto de vista el mito adquiere un nuevo significado. El expresa en el mundo de la relatividad los principios espirituales así como expresa también la experiencia de lo Absoluto. Esta expresión de lo Absoluto, desde un punto de vista estrictamente gnóstico, se presenta en el reino de la mente como el mito que actúa como velo de la Verdad, pero también como la manera en que la Verdad puede ser develada.

Lo aparente conduce a lo Real, dice el sufismo indicando que detrás del simbolismo hay una realidad conectada con el símbolo mismo y que detrás de la mitología hay una experiencia directa con la experiencia original, la que Jung llamó experiencia arcaica, la que le da origen al mito.

Los gnósticos son considerados los primeros mitólogos que concientemente utilizaron el mito para expresar sus experiencias místicas y para sutilmente llevar a otros a tales experiencias.

Cuando los diccionarios contemporáneos definen al mito como algo completamente “ficticio” debemos recordar que esta palabra, del latín fingere, formar o dar forma, nos sugiere que el mito es un relato de una verdad no histórica, y que representa la formación de verdades de un carácter temporal.
Los eventos míticos ocurren como lo anuncia el evangelio en la Misa Latina, in illo tempore, o como dirían los aborígenes australianos, en un tiempo del sueño, bajo un sub specie eternitatis o aspecto de la eternidad.

Para muchos investigadores los gnósticos estaban informados de las realidades psicológicas y las manifestaban en sus mitos. F.C. Burkitt menciona ya en 1932 que la idea valentiniana del origen de las cosas era de orden psicológico. Este fenómeno es reconocido por investigadores como Hans Jonas como una “objetivación existencial”, esto es, el entendimiento de la existencia de manera objetiva manifestado a través del mito.

La Gnosis se manifiesta en el plano de la realidad psíquica: la experiencia se convierte en mito y el mito se interioriza como autoconocimiento de tipo psicológico. Pero existe un tercer componente que permite al mito descender del plano psicológico hasta la manifestación material en donde impregna no solamente las funciones intuitivas, pensantes y emocionales, sino también las sensoriales. Este es el ritual que posee el verdadero significado, que se convierte en la dramatización del mito en el plano de los sentidos.

La gran importancia que los gnósticos daban al ritual sacramental confirma el importantísimo papel de la ritualización del mito. Y es en este punto en donde también encontramos la gran diferencia entre la tradición gnóstica y el cristianismo ortodoxo.

La tendencia de las tradiciones ortodoxas es la de convertir la experiencia inicial en dogma y en mandamiento por medio de las escrituras, interpretadas de manera lineal, histórica, donde generalmente aparecen como historias moralistas.
La tradición gnóstica va de la experiencia inicial a su expresión a través del mito, y de ella a su dramatización en el ritual donde se hace completamente perceptible a la manifestación física y desde donde, a través de las imágenes, se interioriza nuevamente para abrir el camino una vez más a la experiencia original.

Una reflexión al respecto la encontramos a través de Karl Kerényi en su obra, co-escrita con Jung, Ensayos Sobre la Ciencia de la Mitología, donde dice que los gnósticos fueron místicos que se especializaron en la mitologización de la experiencia mística. Kerényi asume la existencia de ciertas coordenadas míticas a las que llama “mónadas” o formas en que la experiencia mítica se divide: egipcias, greco-romanas, védicas, maya-azteca-inca, etc.

Todas estas mónadas míticas se basan en mitologemas primarios o premonádicos, aquellos que se acercan a la experiencia más directa del la Divinidad, como los arquetipos de los mandalas por ejemplo.

Dice Kerényi que lo que históricamente existe tiene el carácter no sólo de una mónada, esto es, que pertenece localmente a una cultura definida, sino también de un trabajo, o sea, que se habla de un cierto grupo. Por otra parte cada uno muestra su verdadera forma de una manera más pura cuando está frente a frente con lo Absoluto. Por ello Plotino nos puede hablar de la experiencia mística pura y por ello sus contemporarios, los gnósticos, nos hablan de lo que está más cerca a la mitología en el misticismo.

Esta experiencia mística de los gnósticos es un fenómeno más bien único. Enraizado en la más profunda experiencia íntima de los profundos estados de conciencia, posee cualidades que no se encuentran en el folclor tradicional ni en los mitologemas condicionados culturalmente. A diferencias de éstos, ella es capaz de transmitir una considerable cantidad de su cualidad original, a lo cual Jung y otros le han llamado con el término “numinoso”, esto es, que carga con el poder de un “numen”, o deidad. Los mitos gnósticos pertenecen a una especial categoría, y como tales ellos poseen una fuerza capaz de producir un impacto inusual en la psiquis de los individuos.

Dice Joseph Campbell (de acuerdo a un análisis de Emanuel Kant) que el reino a priori de lo trascendente solo puede relacionarse con el campo temporal de las apariencias fenomenológicas por medio de la analogía, y que el instrumento por el cual se expresa este tipo de analogía es la metáfora. Esta acción, que Campbell define como “una imagen psicológicamente afectiva transparente a la trascendencia” debe considerarse como la base del mito gnóstico.

Gnosis, mito y metáfora constituyen entonces la trinidad de la instrumentación conciente en donde las realidades que vislumbraron los visionarios gnósticos fueron puestas a disposición de los mortales que aún aspiran a tales visiones.

La Trascendencia de los Eventos Cíclicos

Cuando Fulcanelli describe el cuadro del pintor español Juan Valdés Leal titulado Finis Gloriae Mundi, llama la atención la reflexión que hace sobre como la estructura de las sociedades refleja el carácter del mercurio. “Valdés Leal sugiere con su elección que el proceso alquímico, a mayor escala, se aplica a las sociedades humanas…”, nos dice al explicar el motivo de los personajes en la obra: las órdenes medievales de los oratores (clérigos), bellatores (caballeros) y laboratores (artesanos), a las que relaciona directamente con las tres operaciones y los tres estados de la materia: el trabajo con la oscuridad (nigredo), el combate de las dos naturalezas (albedo) y el advenimiento del espíritu celeste (rubedo).

Aunque aparentemente oscuro en el lenguaje, este renovado Fulcanelli es más claro si lo vemos a la luz del trabajo psicológico de la integración de la sombra. Como dice más adelante, este secreto hermético no debería ser revelado a no ser que “el artista lo descubriera con la minuciosa observación de su crisol y de la naturaleza”, aunque él mismo reconoce que algunos “han creído juicioso arrancar los velos de Ishtar, en vez de incitarla a su despojamiento progresivo mientras desciende a los infiernos de Ereshkigal”.

Y las siguientes palabras de Fulcanelli son las que hoy adquieren un mayor grado de dramatismo: “La alquimia de las sociedades humanas que sugiere Valdés Leal, sigue las mismas vías de perfeccionamiento que la de la materia mineral, y ya sabemos las dificultades que acarrea la explosión accidental del crisol. Para emplear un lenguaje contemporáneo, conocemos los traumatismos a los que se expone el “laborator”, y lo difícil y trabajosa que será la curación que le permita reemprender el trabajo de laboratorio. El lanzamiento de la bomba A sobre Hiroshima fue criminal, no solo por los sufrimientos infringidos a las víctimas directas, sino también por el quebranto que resultó para el alma y el espíritu de la humanidad. Se duplicó el crimen por la fecha elegida, un 6 de agosto, fiesta litúrgica de la Transfiguración, para la que el fulgor atómico representaba una falsificación literalmente diabólica.”

Entendemos en estas reflexiones la necesidad de partir de lo personal para poder comprender lo colectivo. Parece ser que los eventos de la historicidad, triste anecdotario la mayoría de las veces, vienen a ser el reflejo de procesos mucho más profundos relacionados, como diría el doctor Jung, con el inconsciente colectivo de la humanidad. De ahí que es importante en un día como hoy, poder ir más allá de la lectura lineal horizontal del simple repaso histórico.

Años antes de la Segunda Guerra Mundial advertía Jung de las manifestaciones del inconsciente colectivo y de la manera en que los procesos psíquicos de los individuos se manifiestan a gran escala en los de las sociedades. Le maravilló encontrar el paralelismo tan intrínseco entre el gnosticismo primitivo y la moderna psicología de las profundidades que él propugnaba. Y más aún le sorprendió descubrir que era la alquimia, la ciencia de las transformaciones, el eslabón histórico entre aquella ciencia gnóstica y la psicología moderna. Por mucho tiempo navegó el doctor Jung en el mar de los procesos cíclicos, el Mare Tenebrositas, como él le llamaba, de las profundidades de la psiquis.

Fue en ese mar donde pudo prever, a través de sus “sueños”, ambas guerras. Le llamó particularmente la atención la segunda, y trató de entenderla desde la perspectiva de sus investigaciones. En el libro Encuentros con Jung, publicado por Trotta, hay un pasaje en donde el doctor dice, por ejemplo, que Mussolini era un hombre normal, "un ser humano", por así decir, hasta simpático, mientras que Hitler no lo era, "carente de individualidad, confundido con el alma colectiva de su nación, poseído por su inconsciente colectivo".

Aquel momento histórico en particular, con sus personajes y su trama, reflejaba en el ámbito histórico la crisis de la edad madura, cuando el mercurio de la humanidad tenía que encontrar, parafraseando al maestro Samael, “su puesto a la luz del sol”, su equinoccio, o por decirlo de otra manera, el equilibrio. Era un momento decisivo para todos, “aquel que Ammit siempre espera al pie de la balanza mientras observa a Toth escribir la sentencia”. Pero la confrontación con la sombra nunca es un juego de niños, sobre todo cuando no se está preparado para ello y como humanidad, nunca lo estuvimos. Por el contrario, tomamos el camino más equivocado posible y, como ya lo había hecho la ortodoxia siglos atrás, condenamos a la gran sombra colectiva, le dimos nombres y apellidos, la juzgamos y la encontramos gran culpable, dejándola fuera del proceso…, lavando nuestras manos en el océano del devenir cíclico al que llamamos historia. Y esa fue la anatema de muchos Nuremberg.

Nunca estuvo la humanidad tan cerca de producir un cambio significativo como en aquel momento trascendental, pero todo fue en vano. Ante el espejo maravilloso de aquel crisol colectivo tuvimos la oportunidad de reconocer nuestra verdadera realidad, de provocar un verdadero mea culpa, porque nunca antes nuestra humanidad había llegado tan lejos, porque entonces supimos de lo que éramos capaces. Pero todo fue en vano. Como diría el maestro Samael años más tarde… la humanidad ya estaba madura, fue juzgada y hallada culpable. La ciencia de los pesos y las medidas es severa y en esta ocasión no hubo equilibrio y La Devoradora cumplió con su misión.

El encuentro de la humanidad con su sombra colectiva resultó ser una explosión del crisol, similar a aquella de quien no reconoce en las peores situaciones de su existencia las más grandiosas oportunidades. Pero lo más lamentable es que, como dice Fulcanelli en su oscuro lenguaje, no hayamos podido descubrir aún en todos estos procesos, “la maravillosa acción de Sekmet como controladora de la potencia de Ptah”. Como resultado seguimos leyendo la historia como quien lee el diario matutino, creyendo en la demagogia de los políticos.

Aquel gran momento del mercurio que hoy recordamos, no llegó solo. La lectura vertical del hecho histórico nos dice que vino acompañado de la obra alquímica, de la mano operativa del gran Fulcanelli, y de la reflexión profunda del eminente doctor Jung. Pero eso no era suficiente, porque la severidad de la Gran Ley es también amor conciente. Tres meses después del fin de la guerra, en diciembre de 1945, aparecen bajo las arenas del desierto de Egipto en Nag Hammadi los textos gnósticos de los primeros siglos. Y casi cinco años más tarde, en 1950, se devela finalmente el misterio de los procesos del mercurio con la primera obra del V.M. Samael, El Matrimonio Perfecto.

La conciencia produce en su desarrollo la necesidad de un orden, busca siempre un punto de equilibrio. Por sí misma, como la diosa leona del viejo Egipto, conforme se expande produce su propia sombra, la que un día será necesario integrar para alcanzar nuevamente la unidad y el equilibrio perdido, hasta que los procesos hayan concluido y se restablezca el orden. Para Fulcanelli la dificultad de esta alquimia, de los crisoles personales y de los colectivos, reside en la graduación necesaria para lograr esa integración, por eso termina el alquimista diciendo sobre la pintura aquella del artista sevillano: “¡Qué razón tiene Valdés Leal que en su cuadro da un lugar central a la ponderación, ni más ni menos! “. Ley es Ley, y la Ley se cumple.

La Meditación en el Vacío

Mientras el existencialismo de nuestra sociedad actual trata desesperadamente de llenar el vacío que se produce cuando colapsan nuestras expectativas, el budismo más bien se convierte en una vía para penetrar más profundamente en él. La angustia de este trastorno se convierte entonces en un escalón de un largo viaje de transformación.

El ejemplo más claro es el del mismo Buda. Sidharta Gautama nace en un mundo cuya vida es programada por su padre y su casta social, pero su mundo se viene al suelo cuando atraviesa por cuatro momentos fundamentales: cuando conoce a un hombre anciano, a un hombre enfermo, a un moribundo y a un sabio vagando. Es el impacto de esta realidad el que lo inicia en su propia búsqueda personal para encontrar la verdad.Durante su búsqueda arriba a uno de los hechos fundamentales: la naturaleza ilusoria del yo convencional. Se dio cuenta de que todas sus ideas sobre sí mismo y el mundo no tenían base alguna, sustancia, solidez ni continuidad. Más bien eran estas ideas las que le impedían tener una experiencia directa e inmediata de sí mismo y de la vida.

Como lo demuestra la psicología occidental, el yo convencional no algo propio de la naturaleza de las cosas, sino que más bien es fabricado. Nosotros fabricamos nuestra noción de lo que somos a partir de “auto-representaciones”, imágenes de nosotros mismos interiorizadas desde nuestras primeras interacciones con nuestros padres y el ambiente social. Es lo que llamamos nuestra “conciencia” –ideas acerca de nosotros y del mundo, el trabajo que hacemos, las cosas que poseemos, nuestra historia personal, dramas y logros, la íntima relación que mantenemos. Nos apegamos a todas estas cosas porque ellas son el basamento de nuestra identidad, porque ellas nos hacen sentir que existimos, que somos reales.

La palabra identidad proviene de una palabra latina que significa “lo mismo”. Mantener una identidad nunca puede ser real porque está basada en la identificación con cosas que son extrínsecas a nosotros. Por consiguiente, no puede nunca proporcionar una verdadera satisfacción o seguridad. ¿Por qué nos identificarnos tan fuertemente con las cosas que no son lo que somos -creencias, imágenes, posesiones, comportamientos, condición social? Aquí es donde el Buda penetró más profundamente que los existencialistas. A través de su experiencia en meditación descubrió que la naturaleza de la conciencia era una apertura radical, un vacío, una “nadidad”, completamente abierta al todo, a la realidad.

Para el hombre moderno, sin embargo, esta nadidad es considerada una deficiencia, ante el aparente significado concreto de las cosas. El árbol claramente es lo que es, pero ¿qué es el ser humano? Un árbol, una roca, parecen no tener problema en ser lo que son, pero ¿por qué es tan difícil para mi ser lo que soy? Consideramos nuestra vacuidad y falta de solidez como una anomalía sin percatarnos que esa vacuidad nos hace ser como espejos, abiertos como el espacio infinito y que es ese espacio vacío el que le da sentido a nuestro ser.

Es aquí donde la práctica de la meditación puede ser extremadamente útil –en ayudarnos a apreciar nuestra no-solidez como un valioso estado de claridad y presencia, más que como una temible deficiencia. La meditación permite observar la mente en su intento por asirse con el torrente de pensamientos pasajeros, sentimientos y percepciones, o de identificarse con ellos, sin llegar, no obstante, a ningún lugar con esta actitud. Usted trata de llegar a alguna conclusión sobre las cosas, pero cada posición que la mente toma es sucedida por otra diferente unos momentos después. Usted encuentra que no es posible asirse a nada. Esto proporciona la experiencia directa de la falta de solidez del yo.

Sin embargo esto no lleva al pánico existencial. Cuando usted empieza a practicar la meditación, se encuentra a sí mismo tratando de hacer algo con sus pensamientos –identificándose con ellos o tratando de no hacerlo, luchando contra ellos o adorándolos, poseyéndolos o tratando de liberarse. Pero mientras continúa con la meditación, encontrará que es imposible mantener este asir y rechazar todo el tiempo. Usted descubre momentos de espacio entre cada fijación mental, donde algo diferente, algo desconocido está sucediendo, que no tiene que ver con el acto de aferrarse desesperadamente a algo. Gradualmente usted encuentra que se puede relajar un poco en estos espacios. Mientras continúa practicando, relajándose en estos espacios abiertos, descubrirá amplios momentos de conciencia y paz –lo que pudiéramos llamar el espacio abierto de nuestro Ser. Este descubrimiento apunta hacia una liberación que descansa mucho más allá de la libertad existencial. Es el principio de un camino más allá de la angustia existencial.

Muchos de nosotros reconocemos que la vida es un proceso de continuo avance, y que es imposible moverse positivamente a través de la vida a menos que podamos abandonar el estado en el que ya nos encontramos. Aunque sepamos esto de manera racional, es difícil lograrlo, y doloroso también cuando las viejas estructuras colapsan por sí mismas, muchas veces sin consultarnos. El rompimiento de nuestra propia identidad frente a nuestros propios ojos es especialmente doloroso. Pero, siendo la vida un flujo constante, esto significa que debemos estar preparados para atravesar una serie de crisis de identidad. Especialmente en esta era de tensión, donde aquellos valores que mantiene a las gentes unidas se deterioran cada vez con mayor rapidez, las crisis de identidad aparecen cada vez a mayor velocidad.

La meditación es una manera de aprender a recibir y a aceptar esto, dejándose ir y colapsando positivamente.

lunes, enero 01, 2001

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